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Salud sexual y respeto

Diversidad sexual: Humanidad es diversidad

En el día de hoy vamos a dedicar el espacio al tema de la Diversidad sexual con el título: “Humanidad es diversidad”, en el contexto de la celebración de la Jornada Cubana contra la Homofobia.
Un mundo sin homofobia es un mundo humano. Foto publicada en: Cubahora.cu

Invitados:
MSc. Mariela Castro Espín. Directora del Centro Nacional de Educación Sexual.
Dr. C Víctor Fowler. Investigador.

Alina Pérez:
En el día de hoy vamos a dedicar el espacio al tema de la Diversidad sexual con el título: “Humanidad es diversidad”, en el contexto de la celebración de la Jornada Cubana contra la Homofobia.

Antes de iniciar nuestro habitual panel, quería dar lectura a un poema de Dulce María Loynaz,  titulado: “Miel imprevista”:

Volvió la abeja a mi rosal
Le dije: Es tarde para mieles
Aun me dura el invierno
Volvió la abeja
Elige, le dije
Otra dulzura,
Otra frescura inocente
Era la abeja obscura
Y se obstinaba en la corola hueca
Clavó su sed
Sobre la rosa seca
Y se fue cargada de dulzura.

Hace unos años, en ocasión de compartir una conferencia con Vicente González Castro, estudioso de la obra de Dulce María Loynaz, este afirmaba que, en su interpretación, este era uno los más bellos poemas homoeróticos que había leído.

Históricamente, el sexo en los seres humanos y sus asignaciones culturales, se han intentado determinar de forma definitiva y sin ambigüedades desde el nacimiento. Pero la propia existencia humana en su diversidad, se ha encargado de demostrar que existen cuerpos, expresiones y deseos sexuales que no se ajustan a tales explicaciones dicotómicas.
¿Cuáles son las formas de expresión más frecuentes de esta diversidad sexual y cómo se manifiestan en Cuba?

Mariela Castro:
Bueno, la manera de vivir la sexualidad en los diferentes seres humanos es diversa e inimaginable. Pero el deseo de entender la realidad nos hace conceptualizarla, clasificarla, nombrarla. Las ciencias tienen entre sus recursos de estudio el uso de las clasificaciones, de las caracterizaciones y, bueno, la cultura dominante occidental, sobre todo, ha hecho estos estudios científicos en la medida en que se acercaron a interpretar, hablar, explicar realidades de la sexualidad que resultaban molestas. Estas realidades fueron estudiadas, nombradas, categorizadas, interpretadas. Y todo lo que molestaba entonces, por supuesto, no se pueden imaginar la cantidad de nombres que ha recibido. Es decir, que si se ponen a clasificarlas, pueden encontrar cosas increíbles y si eres un buen escrutador de la realidad para clasificar, encuentras muchas maneras de nombrar, pero nunca vas a encontrarlas todas, porque el ser humano es tan sorprendente que no podemos decir que lo sabemos todo de nosotros mismos.

Recuerdo, cuando estuve leyendo a los sexólogos europeos de principios de siglo XX, los estudios que hacían de todos las “diferentes”, vamos a llamarle, expresiones de la sexualidad, de las orientaciones sexuales, de las identidades de género que observaban y describían. Aunque se reconoce que esos términos ayudaban al estudio científico de esas realidades, también han servido para expresar desprecio y estigmatizar negativamente a las personas estudiadas. El inglés Havelock Ellis, que había creado muchos nombres y caracterizaciones, propuso el término de invertidas e invertidos para que fuese menos peyorativo al identificar a las personas homosexuales. De todos modos, como el sentido era nombrar lo que se considera maligno, despreciable, inmoral, enfermo, aunque le cambiaran de nombre, iba a seguir expresando las connotaciones negativas que se le adjudicaban.

Cualquier palabra que le pongamos va a significar siempre lo mismo porque el problema no está en la palabra, sino en su significado, en el sentido negativo que tiene, la voluntad de inferiorizar a alguien, la intención de no darle lugar en el mundo, de satanizar. Y, por tanto, lo más grave de todo es que ha servido para quitarles derechos. 

Y eso es lo peor. Porque podemos tener mucha fantasía y poner muchos nombres, pero si esos nombres y significados sirven para quitar derechos, ahí está el problema. Por eso no estoy atacando las clasificaciones, ni las palabras, estamos llamando la atención sobre el significado que les damos. Estamos en contra del sentido negativo que se le da, de la ausencia de derechos que significa para esas personas que son nombradas de las más disímiles maneras para excluirlas, usando expresiones que van cambiando por épocas, por modas y tendencias, tanto en el ámbito académico, como en el popular. Entonces, ahí está el problema principal, en el que tenemos que poner la mirada y en que nosotros con esta estrategia educativa para promover el respeto a la libre orientación sexual e identidad de género, estamos tratando de que se ponga la mirada en ese antiguo y ancestral mecanismo creado por los seres humanos desde muy antaño, para establecer diferencias que quitan oportunidades a unos para garantizar los privilegios de otros.

Una cosa es hablar de las diferencias, describir la diversidad y riqueza de la existencia humana y otra cuando se usa para establecer desigualdades, discriminaciones, injusticias. Por eso planteamos que todas las formas de discriminación tienen un origen económico, porque están relacionadas con el afán por controlar la distribución de las riquezas, el control sobre las personas y el establecimiento de oportunidades. Para ello se elaboran supuestos argumentos que las justifican, las normalizan y las dejan instauradas en el ámbito de las subjetividades, muy funcional a los intereses económicos de las clases privilegiadas. La construcción del conocimiento científico también está marcada por las ideologías dominantes y la creación de adjetivos que descalifican, responden a esos intereses.

En la historia encontramos muchos argumentos y adjetivos descalificadores para referirse a personas, culturas, religiones, pueblos, para poder invadir, asesinar, torturar, colonizar. No se trata solo de contradicciones entre clases poderosas y desposeídas, grupos de poder y grupos sin poder, esclavos y esclavistas, explotados y explotadores. La relación entre dominados y dominadores se expresa en diferentes realidades humanas como ha sido la historia de las mujeres y la perpetración de la misoginia.

Las mujeres fueron desplazadas del poder adquirido por sus conocimientos y experiencias, mediante su trabajo y se limitaron de una manera muy cruel sus oportunidades y derechos, desde la articulación del paradigma androcéntrico, que justifica al poder patriarcal. La mayoría de las mujeres en el mundo todavía sufren esta ideología instaurada, impuesta y naturalizada mediante las costumbres. Pero estas injusticias históricas también se expresan en relación con las diferencias étnicas, religiosas, los rasgos antropomorfos expresados en el término de raza, entre muchas otras, hasta que un hombre muy sabio, llamado Carlos Marx, estudiando la historia, descubrió algunas regularidades y nos alertó sobre el origen económico de las guerras y las relaciones de dominación.

Siguiendo el conocimiento de estudiosos agudos,  podemos expresar que el origen de las discriminaciones es económico, y aunque la categoría clase social atraviesa todas las formas de discriminación, todas están relacionadas y convergen en cada persona.

Les propongo que centremos la mirada en lo más importante, que analicemos críticamente nuestras herencias culturales,  para que no se sigan perpetrando injusticias en ningún lugar del mundo.

La lucha contra la homofobia no es más que el pretexto que usamos para centrar la mirada en una forma de discriminación, pero para que desde ese lugar, miremos todas las formas de discriminación y todos los mecanismos más profundos que conducen a ello. Usando esos mismos referentes se han establecido las diferencias entre naciones, las desarrolladas y las subdesarrolladas, como se decía antes, la Europa culta y el mundo subdesarrollado o como le quieran poner, porque también la geografía responde al poder hegemónico. 

Pues justamente los sistemas coloniales europeos impusieron sus culturas, idiomas, religiones y sus normativas respecto a la sexualidad y a los papeles asignados a mujeres y hombres. Sin embargo, llegaron a continentes dotados de historia y sabidurías, con capacidad para aceptar las diferentes expresiones de la sexualidad, donde las identidades recorrían una gama muy variada de expresiones, y donde en algunas culturas ni siquiera diferenciaban al género femenino y masculino. Algunos estudios describen cómo antes que llegaran los sistemas coloniales europeos a los actuales países “pobres” o empobrecidos por esos sistemas dominadores, ya existían en las poblaciones colonizadas una manera mucho más amplia y profunda de interpretar esas realidades que tenían que ver con el sexo y esos atributos que se clasificaron de macho y de hembra en nuestros cuerpos y que nos obligaban a ser hombre o mujer según determinados arquetipos. Había muchas gamas entre ese estricta visión atomizada del extremo hombre, del extremo mujer, existían muchas maneras de nombrar a las personas que no se ajustaban a esos modelos de hombre y de mujer.

Por ejemplo, en las culturas de lo que hoy se conoce como Norteamérica, eran personas bienvenidas, incluidas en las comunidades donde vivían. En algunas etnias se consideraban personas con características especiales y se les reconocía como chamanes porque tenían esas capacidades especiales o dones especiales que les facilitaba ponerse en el lugar de hombres y de mujeres. Lo más importante es que no eran despreciados. 

Me contaba Natalia Bolívar que en el vudú haitiano existe una deidad que protege a las personas con “los dos sexos” o con expresiones y conductas que no se corresponden a los estereotipos de género femenino o masculino. Muchos estudios evidencian que el ser humano conoce de estas realidades desde hace mucho tiempo. En algunas culturas se le dio lugar a estas personas dentro de las comunidades, en algunos casos le dieron nombres y acogida, en otras se establecieron diferencias como recurso para la dominación. Entonces, quien no se comportaba de acuerdo a los estrictos parámetros de lo femenino o lo masculino, era considerado un “fenómeno”, se le daban asignaciones diabólicas y un montón de elementos que los inferiorizaba, los desmoralizaba y les quitaba oportunidades. Desafortunadamente, esa es la herencia cultural que hemos recibido, lo hemos heredado, tal vez no con tantas descripciones, pero si con la intención, si con el significado de fondo y es lo que tenemos que darnos cuenta para no seguir reproduciéndolo.

La orientación sexual, que es otro concepto que se usa en los estudios de sexualidad, se refiere a la atracción sexo erótica. Si todos los componentes sexo eróticos de una persona están orientados hacia otra del mismo sexo, se le llama homosexual. Si es hacia personas del otro sexo, somos los “privilegiados” heterosexuales. Si se siente atraído lo mismo por hombres que por mujeres, entonces es una persona bisexual. 

Esa es una de las clasificaciones, hay otras que no han trascendido. Ha trascendido esta, la usamos porque es la que se conoce. Sin embargo, no debería importarnos cómo quedan clasificadas las personas, sino de que estas clasificaciones no les quiten derechos. Eso es lo que nos importa. Heredamos esos conceptos y vamos a usarlos para garantizar derechos. Es lo que estamos tratando de hacer desde el Centro Nacional de Educación Sexual. Lo que hay en Cuba es lo que sabemos cómo se llama, porque se ha dicho así, y hay como en todas partes del mundo: lesbianas, homosexuales, bisexuales y un montón de tipos de transgéneros.

Alina Pérez:
Mariela se ha referido a las representaciones sociales de la sexualidad como un fenómeno mediado por la cultura y los contextos sociales. El texto que leeremos a continuación fue escrito en una etapa todavía fundacional de la cultura cubana, atribuido al presbítero José Agustín Caballero para el Papel Periódico de La Habana en el año 1791 en letra impresa.

“¿Quién podrá contener la risa, cuando veo un hombre barbado gastar la mayor parte de una mañana en peinarse, ataviarse y en ver su hermosura en un espejo, cual lo practica la dama más presumida? A la verdad, yo no sé cómo hay mujeres que admitan su trato a semejante avechuchos. Ellos representan el papel de gallos entre las mujeres y de gallinas entre los hombres, al paso de que de estos merecen la compasión cuando de aquellas, el desprecio”
Este texto está referido en la obra “La maldición,” 1998, escrita por Víctor Fowler, quien ha realizado numerosas investigaciones sobre estos temas. Entonces Víctor, ¿cómo se construyó esa herencia, cómo se fueron gestando en el caso de la cultura cubana los escenarios, los discursos sociales para la conformación de nuestras subjetividades en relación a la sexualidad?

Víctor Fowler:
En una investigación que no está hecha aun en nuestro país, es obvio que la construcción de las ideas sobre lo que son las relaciones sexuales y lo que es el sexo y las asignaciones sexuales, y el valor que tienen, en donde la valoración de las relaciones sexuales se construye en una coordinación de la cual participa la iglesia, la medicina, la ley, la educación y eso que le llamamos la cultura. 

Esos centros de poder fundamentales. Es también lógico que hay una construcción popular de lo que es la sexualidad y lo que son las asignaciones y las conductas, los valores. Pero existen otros grandes centros de poder simbólicos y además, de poder real, donde se genera la ley, donde se estructura la moral desde el punto de vista religioso, donde se crea el sistema de transmisión de valores culturales, es decir, las escuelas, y donde la ciencia se pone al servicio de definir qué es lo deseable o lo no deseable, lo correcto o lo no correcto. Durante el siglo XIX cubano, este texto de Espada estaba dirigido contra algo que fue blanco de muchos textos críticos durante el XIX, porque no había un nombre para la homosexualidad, o sea, la homosexualidad obtiene su nombre en el mundo, si no recuerdo mal, en 1866. 

O sea, que a comienzos del siglo XIX, fecha en la cual fue escrito el texto que usted ha citado, aún no había nombre específico para denominar ese modo de la identidad; junto a ello vale la pena señalar que aquellos a los que el texto se refiere, es posible que fueran o incluyeran a homosexuales, pero no podemos asegurarlo pues se trata de quienes en esa época eran conocidos como los jóvenes petimetres. Se demoraban horas peinándose, acicalándose, concentrados en la belleza propia hasta un límite que la sanción social (que siempre sabemos manejada por un determinado grupo de intereses) estimaba próximo al delirio, el exceso y el ridículo;  véase que este testimonio destaca la risa, como herramienta desarticuladora de la actitud considerada extraña y el asco, la marginación implícita.

Sin embargo, hay otros testimonios del siglo XIX, de aproximadamente la misma época, que son los testimonios de lo que sucedía con las compañías teatrales, en especial, en La Habana, y lo que sucedía, de modo muy curioso, con  las compañías de ballet que venían a Cuba. Y entonces hay recortes de prensa de la época que hablan de cómo estos jóvenes petimetres, cuando venían las compañías de ballet, se reunían en un área específica de los teatros, generalmente delante, en uno de los dos extremos del teatro y eran los que más escandalizaban, eran los que más flores tiraban, eran los que más… etcétera. 

O sea, una serie de atributos y de conductas externas, pero por la manera en que está señalado en estas crónicas, es evidente que está señalado para establecer una demarcación entre el resto del teatro y el exceso que se le atribuía a estos muchachitos y que era algo que en nuestros días vemos también. Es decir, parece haber costumbres y prácticas grupales en el espacio público, asociadas a diversos modos de conducta sexual que tienen una consistencia en el tiempo. Y la combinación de todas estas fuerzas es la que hace nuestras ideas sobre la sexualidad.

A finales del siglo XIX, ya desde el punto de vista médico, hay dos documentos, dos célebres documentos que son los primeros que empiezan a hablar del homosexualismo. El primero es la conferencia de Luis Montaner, “La pederastía en Cuba”, y el segundo, “La prostitución en La Habana”, de Benjamín de Céspedes, que habla más allá de la homosexualidad. Es sobre la prostitución, pero es curioso las cosas que dice, cosas realmente delirantes, de modo implícito, muy sórdidas las cosas que dice Benjamín de Céspedes, que era un intelectual exquisito de la élite. Cuando Benjamín de Céspedes hace su estudio en las prisiones, expresa la cantidad de prostitutas y homosexuales por raza, por procedencia geográfica, o sea, cuántos eran canarios, cuántos eran catalanes, cuántos son árabes. Pero como médico está haciendo una valoración médica, un estudio del cuerpo completo y de repente descubre que a muchos de estos hombres les faltan los dientes delanteros, y a partir de eso, escribe una línea atroz, dejando entrever que eso no es un hecho de pobreza, que no hayan podido ir al médico, sino que eso tiene una significación sexual, pues facilita la felación.  Si las fuerzas estas se conforman así a lo largo del siglo, sigue la unidad de todas estas fuerzas para fabricar nuestras ideas de lo que es adecuado y lo que es inadecuado en el sexo.

Puede ser que el primer libro sobre las lesbianas que se escribió en Cuba, se escribió en 1929, y se llama así mismo, “Lesbianas”, y luego, a lo largo de toda la República, en los congresos de medicina siempre fueron presentados textos a partir de este fenómeno de la diferencia sexual, pero en realidad, para que no hubiera diferencia sexual, sino tratando de fabricar una normatividad general. Esto es un problema muy grande, muy enorme, que continúa después del triunfo de la Revolución con los libros, con los trabajos de Arce, con los trabajos de, incluso, las primeras cosas de Chelala en el sesenta, y es toda una historia que está prácticamente no escrita desde este punto de vista en nuestro país.

O sea, tenemos fragmentos de esa historia, pero nuestras ideas sobre la sexualidad, lo correcto, lo incorrecto, lo que vale, lo que no vale, lo moral, lo inmoral, son resultados de una combinación de fuerzas. Esa sería mi manera de ver. Por eso, los enfrentamientos tienen que ser multinivel. No hay ningún lugar concreto, donde uno pueda decir: “voy a cambiar esto” y que genere una transformación global. No es así como funciona.

En términos históricos, sobre esto hay muchas investigaciones. Es decir, en Occidente, la idea de lo homosexual, o sea, del homosexual como un grupo distinto del resto de la población, esto empieza a existir después de la revolución industrial, cuando se empiezan a hacer los grandes centros industriales urbanos y cuando grandes masas de la población campesina se desplazan hacia la ciudad. ¿Por qué razón esto? Porque se empiezan a dar procesos como la posibilidad de  “anonimizarse” dentro de la ciudad, lo cual es un factor importantísimo para el que vive y tiene un tipo de conducta que el lugar no  permite que sea totalmente compartida en el espacio público. En la gran ciudad, te puedes tornar anónimo, entonces puedes emigrar a la gran ciudad. Es decir, dentro de la masa te escondes. Tienes también la posibilidad de agruparte, de crear bolsones, pequeños grupos dentro de la masa enorme de ciudadanos, pequeñas bolsas, pequeños lugares secretos, que en condiciones de aislamiento y escasa densidad poblacional -como suele ocurrir en las zonas rurales- son muy difíciles de hacer. Nadie ha trazado, yo creo, ese camino mejor que Foucault, con sus distintos trabajos de historia de la sexualidad, cómo es que comienzan las obsesiones de la medicina por clasificar el sexo, o sea, el momento en que la medicina se convierte en policía.

Alina Pérez:
Víctor nos introduce en el mundo de la diversidad sexual y la medicina, pues ciertamente hasta hace pocos años, algunas manifestaciones de la diversidad sexual eran catalogadas como enfermedades mentales, incluso en los textos de psiquiatría. La comunidad científica internacional y la sociedad han ido colocando la mirada sobre estas clasificaciones, pero sin lograr todavía ponerse de acuerdo. Hoy se investiga para encontrar explicaciones y solución a los conflictos que generan estos temas, que son fenómenos complejos y en los que se han logrado más o menos aciertos. Entonces, ¿cuáles considera usted que han sido los aportes científicos más importantes para abordar la diversidad sexual, en sus aristas biológicas psicológicas y sociales?

Mariela Castro:
Bueno, así como para decirlo tan categóricamente, no me atrevo, pero sí creo que la medicina, incluso desde antes que se catalogara como medicina, es decir, desde ese acercamiento que tuvo el ser humano al conocimiento de su cuerpo, de sus funciones, de su posibilidad, siempre fue haciendo aportes muy importantes al conocimiento del cuerpo humano, incluso de los componentes del cuerpo humano que aportan placer. Después, con las mismas religiones monoteístas, estos conocimientos tuvieron otras interpretaciones, desde ese rol que tuvieron, que asumieron y ejercieron y que han ejercido las religiones en el control de las necesidades humanas, en el control de los cuerpos y como dice Michel Foucault, un poco como policía del cuerpo estableciendo ciertas normas, ciertas limitaciones y penalidades.

Mirándolo desde la medicina, en determinado momento fueron borrados hasta los manuales, el periodo feudal fue realmente en Europa atroz, porque se perdió un cúmulo grande de conocimientos importantes, incluyendo los del cuerpo humano y la medicina, que no se pudieron recuperar nunca más. Lo que quiero decir es que ha habido siempre muchos aportes, y en la actualidad, en relación a lo que yo por lo menos ando buscando en el estudio de estos temas de las diversidades, yo siento que la medicina aportó muchos criterios desde su mirada de poderes estereotipados, sobre todo, porque entre todos los seres humanos, cuando sienten que algo les pasa, que tienen un malestar, que algo raro les está pasando, a quién buscan, al que consideran que más autoridad y conocimientos tiene, que lo mismo puede ser el chamán de la tribu, que la curandera, o si hay un médico, al médico que ya se le ha dado un status superior, y entonces casi todo el mundo va a los médicos, y entonces los médicos desde la omnipotencia que les da todo ese rol que tiene ante las personas, qué hace? 

Lo asume, lo acoge. Algunos con honestidad para ayudar a las personas; otros, porque eso les daba otros elementos de poder, así caían en sus manos muchas de estas personas, cayeron en sus manos históricamente y le fueron dando nombre, le fueron dando un lugar, la fueron estudiando y los estudios que hacían siempre era desde la mirada de la patología. Así se han creado manuales de enfermedades, que en sus sucesivas versiones deciden en qué lugar de las clasificaciones de enfermedades sitúan a las personas transgéneros.

En los consensos científicos no están presentes los diferentes elementos interdisciplinarios y no participan todos los investigadores que pudieran aportar miradas diferentes. Por eso, no podemos guiarnos rígidamente por cada consenso. Hay que seguir buscando criterios, hay que seguir investigando y hay que seguir, sobre todo, escuchando las necesidades humanas que yo creo que es el criterio más importante para decidir cosas de este tipo. Sucesivos manuales de clasificación de enfermedades, establecieron nuevas formas de terapia y en esos estudios quedó establecido, por ejemplo, la transexualidad clasificada como disforia de género, después como trastorno de la vida sexual. Últimamente, se plantea que no es una enfermedad mental, ni del sistema endocrino, no se ha decidido dónde ponerla, pero sigue clasificando como enfermedad.

Anteriormente, la homosexualidad era considerada como un trastorno mental; incluso, propusieron formas de terapia para convertir a esas personas en heterosexuales, que todavía en muchos lugares se usa, y hay personas que se sienten salvadas y curadas, porque lograron reprimirse su verdadera orientación sexual y ser domadas por la heterosexualidad. Son cosas que hasta nuestros días han llegado, y que han marcado, que han hecho mucho daño.

Por otra parte, ante la falta de apoyo en sus derechos por parte de los estados y gobiernos, surgieron movimientos de reivindicaciones sociales, y a ellos se han sumado los que luchan por los derechos de homosexuales, de lesbianas, de transgéneros, con planteamientos cada vez más precisos, que incluyen sus desacuerdo con el sentido de dominación, explotación y manipulación que se hace mediante la medicina, que proponen cambiar esa filosofía de doblegación que se establece desde las ciencias médicas, que además de quitarles derechos ante la sociedad, los pone en una condición de inferioridad como enfermos, que les puede quitar incluso posibilidades para formarse y ejercer profesiones. Les van cerrando las puertas y solo les dejan la posibilidad de un limbo, de lo no controlado, lo menospreciado, la basura, la tierra de nadie, la prostitución. Por eso, estos movimientos ayudaron mucho a que la mirada científica se sensibilizara, y empezaran a acercarse a estas realidades despojados de todos esos esquemas mentales, y entonces, gracias al empuje de estos movimientos, y de profesionales más sensibles, estos sufrimientos empezaron a moverse.

Fue justamente la Asociación Americana de Psiquiatría, la misma que los consideraba como casos patológicos y establecía terapias, quién eliminó la homosexualidad de su clasificaciones de enfermedades mentales. Pero no es hasta 1990, el 17 de mayo, que la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud (OMS), estableció también este criterio que la homosexualidad y bisexualidad no son trastornos mentales, y que debían ser eliminados de estas clasificaciones y de todos estos mecanismos que trataban de transformarlos. Eso fue muy importante, porque en la Asamblea General de la OMS, con la participación de los ministros de Salud de los países que la integran, se asumió ese criterio. De todas maneras, del dicho al hecho va un trecho, y aunque los ministros hayan estado allí y lo hayan aprobado, llevarlo después al consenso científico de cada país, tiene sus complejidades.

Nosotros, por ejemplo, aquí en Cuba con el problema de la homosexualidad y bisexualidad consideradas como enfermedades, hemos contribuido a movilizar las conciencias, a aportar elementos para las reflexiones que ayuden a pensar y a cambiar. Esto no quiere decir que hayamos logrado entrar en el mundo de la psiquiatría cubana para que los psiquiatras cubanos cambien esta concepción. Estamos introduciendo estos elementos en los procesos de formación de los profesionales de la salud. Eso tendrá un impacto a más largo plazo en el mundo médico, pero todavía cambiar la mentalidad de los profesionales de la salud mental no se logra inmediatamente, porque eso ya está casi metido como disciplina, no como ciencia, porque si lo razonaran no lo asimilarían de esa manera, y el problema de la transexualidad sigue siendo en la actualidad una entidad “patologizada” de la que saca mucho provecho la medicina privada.

Ha surgido un movimiento internacional para la “despatologización” de la transexualidad por el daño que causa desde muchos puntos de vista, porque no ocuparse hace daño, pero ocuparse inadecuadamente y desde un lugar de poder y manipulación y con un fin comercial, hace más daño todavía; entonces muchos movimientos o grupos de transgénero en sentido general, están en contra de la cirugía por el sentido manipulador y comercial que tiene, mientras que otros sí lo solicitan y lo necesitan para su salud, para su equilibrio psíquico, necesitan la cirugía y se ha considerado que es uno de los recursos médicos para garantizarle bienestar a estas personas que se han incorporado a los tratamientos que solicitan.

Ahora, nosotros en el CENESEX hemos estado trabajando desde la sociedad científica para el estudio de la sexualidad e hicimos incluso el año pasado una Declaración de apoyo al proceso de “despatologización” de la transexualidad. Dimos los argumentos, pero tampoco quiere decir que hayamos calado en el mundo de la salud mental cubana. Ahora nosotros, desde nuestros propósitos, estamos tratando de tener encuentros con la Sociedad de Psicología, la Sociedad de Psiquiatría; con los distintos grupos que tienen que ver con estos temas e intervienen en ese sentido. Hemos logrado avances como la Resolución del 2008, del Ministerio de Salud Pública, para atender desde el Sistema Nacional de Salud las necesidades de salud especiales que tienen las personas transexuales. 

Somos el único país en el mundo que lo hemos logrado en el Sistema de Salud pública pleno, porque otros sistemas de salud pública le cobran un por ciento.

Además, nosotros hemos ido cambiando las palabras, porque si tú consideras que ya no es una enfermedad, tú no puedes hacer un estudio para diagnosticar una enfermedad, no puedes decir eso. ¿Qué hacemos nosotros?, acompañamos a la persona para ayudarla a esclarecer qué siente, cómo necesita ser identificada, y también esclarecernos nosotros, para poderla apoyar en sus procesos de transición y de relación con la sociedad. Se hace un proceso de acompañamiento donde la persona que pide ayuda, que no es paciente, participa junto con el profesional en la definición, en el esclarecimiento de lo que le está pasando, porque a veces también estas personas son marcadas por los prejuicios, son marcadas por los estereotipos, son marcadas por la mirada ajena que va marcando su manera de identificarse y situarse  en el mundo, y en una de las relaciones sociales; también tenemos que ayudarlos a despojarse de esos prejuicios e ir esclareciendo lo que le pasa, y por qué le pasa, y ahí es que nos damos cuenta de que son más las personas que llegan pidiendo ayuda.

La idea de usar otra palabra para nombrar a estas personas con menos connotación negativa. Ahora se habla de “transpersona”, del inglés transpeople. La transpersona o persona trans, para un poco quitar los estigmas, no seguir marcando con los términos anteriores y por tanto, la mirada ante esta realidad evoluciona, evoluciona sobre la base del enfoque que se le dé. Nosotros haciendo este trabajo, hemos pasado de un enfoque biomédico a un enfoque de derechos, y es lo que más nos importa en todo este proceso.

Aunque avanzamos, siempre se nos quedan cosas por hacer, pero por lo menos vamos esclareciendo desde qué lugar lo hacemos, desde qué posiciones. En agosto del año pasado nos reunimos con varios profesionales y activistas LGBT alemanes, fue un encuentro muy enriquecedor, muy respetuoso y tenían mucho interés en saber cómo lo habíamos logrado, en el caso de los transexuales, porque por ejemplo, en Francia, qué pasó? Con las presiones de estos movimientos aceptaron en la salud pública francesa que no iban a patologizar a las personas transexuales, que no debían considerarlos enfermos, por lo tanto se estableció que no requerían seguros de salud.

Los alemanes estaban buscando cómo lograr que se despatologizara la transexualidad, pero que no quedara fuera de las posibilidades de recibir los beneficios del sistema nacional de salud en sus necesidades, tratamientos y operaciones para poder ajustar su cuerpo a su mente, porque todavía la tendencia es ajustar la mente al cuerpo, a lo que se estableció para el género masculino y femenino, lo que se normó estrictamente de acuerdo a las características de tu cuerpo. Por eso querían saber y decían: ¿qué han hecho ustedes? ¿cómo podemos argumentar esta demanda? Yo siempre argumento que no todos los malestares de los seres humanos pueden ser interpretados como patologías, no son enfermedades; entonces cuando vamos al médico, no siempre es porque estamos enfermos, es porque tenemos malestares y vamos a buscar a un profesional que se supone tiene cierta experiencia y conocimiento, que nos puede ayudar, pero no dominar como muchas veces pasa, y desde los prejuicios en medicina se hace iatrogenia. Estamos trabajando y aprendiendo y vamos cambiando muchas cosas más. Por tanto, en este tema no hay nada dicho todavía porque hay que seguir trabajando y elaborando.

Alina Pérez:

Según plantean muchos investigadores, el heterosexismo y la homofobia han sido posiciones hegemónicas que han ido organizando la existencia sexual y para ello se ha usado la censura, la vigilancia, las sanciones de diversa índole, la violencia simbólica o no. Mariela en su respuesta ahora hablaba de iatrogenia, de daño, de personas marcadas. ¿Qué han significado entonces esas tácticas para la vida cotidiana, para  la salud de las personas y de la sociedad?

Víctor Fowler:
Las prácticas de vigilancia, control y represión tienen un efecto espantoso sobre la vida de aquellos que más directamente las padecen, bien sea porque se trata de quienes las ejecutan o de aquellos sobre quienes cae; pero como se fundamentan en fabricar –lo mismo de manera discursiva, que mediante un amplio dispositivo de prácticas- a un “otro” negativo (incompleto, sucio, lascivo, desviado, enfermo, cuasi o proto-criminal) discurso y prácticas se filtran a la sociedad toda. El efecto final es terrible porque se termina inmerso en un mundo de asco-odio del cual no se salvan ni la familia, ni los espacios de producción de ideología, ni la cultura artístico-literaria, ni las costumbres; un chiste hecho para que nos burlemos de un homosexual, por ejemplo, es parte de un continuo dentro del cual igualmente se encuentra –a pesar de colocarse en un diverso grado- la decisión de no presentar el amor homosexual en la pantalla (del cine o la televisión), el expulsar a un hijo de la casa por “manifestar” esta variante de sexualidad, el no conceder a alguien determinada plaza laboral por ese mismo motivo o el negar la posibilidad de que grupos de homosexuales se reúnan en un determinado lugar del espacio público.

Si se analiza de este modo, e incluyen las decenas de derivaciones de la vigilancia, control, represión que es posible sumar, coincidiremos en que se trata de una cadena de eventos que puede ser terrible.

Yo quería decir una cosa hace rato:  Mi héroe es Wilhem Reich, psicoanalista del primer grupo freudiano, expulsado del Partido Comunista alemán cuando propuso que una de las propuestas dijera que la sede del Partido tuviera algún cuarto adjunto, donde los militantes pudieran hacer el amor y resolver sus tensiones sexuales. 

Esto que pareció un delirio, y ya sabrán que ya después vivió la vida de un loco perseguido hasta el final en los Estados Unidos donde emigró finalmente, quiere decir una cosa muy importante: un psicoanalista marxista puso las raíces, las bases de una teoría marxista sobre la sexualidad, en un punto que 100 años después no hemos logrado llegar. Todavía todo esto que estamos discutiendo es infinitamente menos que lo que había en la cabeza de ese psicoanalista marxista, lo cual significa una cuestión muy problemática, muy sumamente problemática para los distintos marxismos, que ha sido la relación de los marxismos con la sexualidad, puede ser con la figura de Marx, puede ser–entre otras- la figura de Alexandra Kollontai, preconizando el amor libre. Si el marxismo era la verdadera liberación de los sujetos, cuál era su correlato en la pareja, ¿acaso no debía ser el amor libre?, o sea, ahí tenemos una tela por donde cortar. Mis héroes son esos héroes viejos. 

Ahora, el efecto que esto ejerce sobre las sociedades, es de suponer que sea terrible, pero hay víctimas directas, en primer lugar, hay ejecutores de la vigilancia, de la represión, del control y del castigo, pero hay una sociedad completa que se queda paralizada.

El caso más flagrante y más cruel de todo esto es el que corresponde a la destrucción de la vida homosexual en dos lugares, fíjense, el mundo es tan curioso, ambos, relativamente poco documentados. Están documentados los dos, pero el mundo de la diversidad sexual parece ser aun considerado tan potencialmente problemático porque a pesar de que ambos lugares están documentados, esto que voy a decir ahora no forma parte del saber masivo. Uno de estos lugares era la Unión Soviética de los años 20, la de los años inmediatos a la Revolución. Fue un país donde hubo una explosión de liberación sexual y una explosión de sociabilidades alrededor de la idea misma de la diversidad sexual. Todo esto sabemos que fue barrido en el proceso de endurecimiento y muy especialmente, a partir de la subida de Stalin al poder, y luego en el célebre código penal soviético en el año 34. 

Esa es una, y la otra, es la destrucción de la vida homosexual alemana, especialmente berlinesa, durante el periodo del Nazismo con la orden 154, creo que se llamaba así.

Cuando Hitler llega al poder, esa es una historia fascinante y horrible, pero el caso de que cuando llega el momento de que se lanza este Decreto, o sea la Orden 154, se descubre esta vida homosexual en Alemania. Hay un documental dedicado a este asunto. Habían logrado localizar prácticamente a todos los homosexuales y fueron enviados a campos de concentración más de 60,000 y sobrevivieron menos de 3,000, y el documentalista logra localizar a cinco de ellos en los alrededores de la década de los 90, creo que en el documental hay tres que dan testimonio, y dos que no desean hablar. Dan testimonio tres y resulta que todavía estas personas estaban luchando porque se les reconociera como víctimas de guerra, medio siglo después; uno de ellos, a quien durante las torturas le introdujeron un bastón de policía en el ano, asegura que pasado casi medio siglo todavía sangra y aún así, repito, no se les reconoce como víctima de guerra.

Las maneras en que una sociedad lidia con este asunto y habla o no habla, controla o no controla, o calla o no calla después, son muy complicadas. En nuestro caso tenemos ese episodio aun inexplorado por los estudios históricos cubanos, y sobre el cual el 90 por ciento de lo que se habla, o bien parece falso o no se sostiene encima de nada, que es el episodio de la UMAP –al cual habría que meterlo dentro de un conjunto mayor que él mismo, para que entonces abarque a las políticas de reeducación después del 59. El problema grande de verdad es la relación que hay entre esas personas enviadas a las UMAP; los jóvenes hiper-masculinizados y musculosos que a esa misma hora hacían tablas gimnásticas en el estadio de la Universidad de la Habana (recuerdo que conservo de mi juventud); los que por alguna indisciplina laboral eran enviados como castigo a granjas y campamentos de trabajo; al mismo tiempo que en el país se extendían los más diversos modos de políticas de movilización masiva (cortes de caña, recogidas de café, entrenamiento en campamentos militares, etc.).

Así es como que hay que verlo, dentro de un continuo formado por las diversas políticas de castigo, reeducación y movilización política que fueron implementadas en nuestro país a lo largo de los 60; ¿cuántos recuerdan hoy día que, como parte del sistema de becas en la Ciudad de la Habana, en particular aquellas que tenían régimen interno en la capital, los estudiantes debían de cargar el día entero con su “libreta de reportes”, las indisciplinas eran juzgadas por una “corte” a la cual se entraba marchando y había que pedir permiso para adoptar la “posición de descanso”? Una sociedad es un organismo vivo y complejo donde cada parte nos habla del resto de las otras, y sobre todo, de la totalidad; si ello es así entonces, para entendernos, necesitamos análisis de una complejidad tan grande como la del mundo que tenemos.

Por lo que les digo, la participación en el control, en la represión y en las políticas de temor es extensa. Esa la hacemos todos en general, y en ese proceso nos dañamos a veces mucho nosotros, las personas o sencillamente creamos estructuras que nos permiten seguir una estructura. como las de muchas personas que estuvieron en ese lugar (la UMAP) y luego siguieron sus vidas, a pesar de no haber recibido una reparación  pública, pero crearon la estructura de cómo seguir sus vidas y la propia sociedad -a pesar de no haberle concedido nunca, mediante la voz de ninguna figura pública, el gesto de disculpa que merecían y todavía merecen hoy- la sociedad creó caminos en los cuales estas personas pudieran entrar y pudieran llegar incluso, a altísimos niveles de realización social, o sea, trato de pensar esto como un científico social y no como si fuera un articulito escandaloso de periódico.

Cuando se piensa como una cuestión de ciencia hay que tener una mirada muy compleja sobre la manera en que se realizan estos procesos, y sobre la manera en que las personas padecen u obtienen reparaciones. En este proceso creo que estamos involucrados todos, y lo estaremos por siempre, porque la forma de la sexualidad, de la conducta sexual  cambia también con el tiempo.

Hay cosas que eran inconcebibles hace 100 años. Hace 100 años, eso que le llaman hoy las parejas swinger, que se meten en un salón 30, 40, 50 parejas e intercambian, hacen su amor colectivo, eso era inconcebible. Era concebible cuando lo hacía Calígula, como una cuestión de poder pero como una cuestión consensuada, eso era inconcebible. Los investigadores que le han seguido la pista a eso dicen que apareció en California en los años 40, especialmente en el año 42, después de Pearl Harbor cuando los aviadores tenían que ir a atacar Japón, y al inicio, como todavía no estaban desarrollado los medios en los aviones de detección de ataque, la cuota de los que regresaban era muy baja, dicen que viraban tres de diez; la vida valía tan poco que estos hombres y sus esposas crearon ese mecanismo para no enloquecer, porque es que sabían que la mayoría que iban a ir a los ataques, no iban a regresar, y entonces inventaron el swinger, pero hoy en día el swinger se ha convertido en una práctica extendida: Hay locales para hacer swinger, hay clubs de swinger. 

En la sección de contactos de una revista o quizás en Internet buscas la gente adecuada para eso.

Hay que tener una lectura evolutiva en el tiempo también. Hace 100 años tampoco nos hubiéramos imaginado eso que le llaman el bondage, o sea, el amarrado con soga, el arte de amarrar porque a cualquiera lo amarran con soga y no le han hecho un bondage, es el arte de amarrar. Hay varias películas sobre eso. Eso es un descubriendo después de la Segunda Guerra Mundial,  porque era un descubrimiento después de que los americanos estaban en Japón y entonces empieza a extenderse el bondage por el mundo con los japoneses que viajan a los Estados Unidos y Europa.

Tenemos que ir integrando cosas a las conductas, a las prácticas sexuales y al análisis de ellas. Existía, pero no tenía la magnitud que tiene hoy el fenómeno sadomaso La cultura sadomaso se ha convertido en una subcultura, lugares donde puede comprarse la ropa, el látigo, las cadenas, lugares donde hacerlo, manuales de cómo hacerlo, etcétera y tenemos que ir entendiendo todo eso y atravesando nuestros prejuicios porque curiosamente, como dicen los teóricos del sadomaso, es un acto de una enorme dignidad y un acto profundamente ético, porque si tú te entregas encadenado a que otro te golpee, ¿cuál es el límite?, ¿quién pone el límite? ¿El que tiene el látigo en la mano o el que está encadenado? 

En la cultura sadomaso, el límite lo pone el que está encadenado. Esa es la ética. O sea, que la supuesta víctima es la que dice cuando hay que parar. Entonces, es un acto de verdadera comunicación, un acto de amor de otro modo. No son Romeo y Julieta. Es que ha cambiado el mundo y se han integrado cosas con las que antes no podíamos contar, no podíamos imaginar porque han cambiado los límites del sujeto. A partir de eso, tenemos continuamente que revaluar nuestras actitudes frente a la sexualidad. 

No podemos decir que hemos llegado, tenemos claro esto, esa claridad va a ser confundida con algo que va a pasar mañana. Entonces, tenemos que hablar, que hablar, que hablar y desde la óptica del derecho porque no todo es posible tampoco, ni todo es permisible. Hay algo que tiene que ver con la destrucción del otro que no debe ser permitido.  También aquí hay cosas que son paradojas. Aquí tenemos la paradoja de ese caso tremendo. Ha sucedido más de una vez, pero, bueno, pero el caso tremendo ese que se publica en Internet de la persona que quiere que lo maten y que se lo coman. Y encuentra a uno que lo mata y se lo come. ¿Es un delito?

Alina Pérez:
Navegando del mundo global a nuestra Isla, en nuestra Constitución se declara:
“Nuestra voluntad de que la ley de leyes de la República esté presidida por este profundo anhelo a decir de José Martí: Yo quiero que la Ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”.

En tal sentido ¿cuáles son los principales reclamos en torno a los derechos de la diversidad sexual en la sociedad cubana actual y cuáles serían, en su criterio, las alternativas de respuestas más acertadas, considerando el complejo entramado social en que vive hoy nuestro país?

Mariela Castro:
Por ejemplo, en el caso de las personas transexuales, sus demandas explícitas han sido tres: El reconocimiento de su identidad de género, a la que se sienten pertenecer, o sea, que la sociedad les reconozca como el hombre o la mujer que sienten ser; en segundo lugar, la cirugía de adecuación de sus genitales a su identidad de género; y en tercero, no ser acosados por la policía. Esas han sido las demandas explícitas de las personas trans en Cuba y en casi todas partes. Es lo que identifican como necesidad inmediata. Sin embargo, cuando entramos en un diálogo de esclarecimiento donde nosotros les pedimos que participen junto con el CENESEX en la búsqueda de soluciones, nos damos cuenta que para lograr ese anhelo, antes de esa solicitud explícita, había que hacer muchas otras cosas.

Por eso fue que les propusimos trabajar una estrategia de transformación de la sociedad que incluyera una estrategia de atención integral a sus problemas, no limitarnos solo atender esas tres solicitudes. Se puede considerar “atender”,  también cómo involucrar a componentes de la sociedad que deciden sobre la vida de ellas y ellos como, por ejemplo, el Ministerio de Salud, qué responsabilidad se le pudiera dar al Ministerio de Salud, qué diálogo debíamos sostener con el Ministerio de Salud para poder trabajar en la búsqueda de soluciones, en la atención de estas necesidades explícitas. Y fuimos trabajando, y eso fue lo que nos llevó al logro de esa resolución en el 2008, a los 4 años de iniciar esta estrategia.

Por otro lado, esclarecer qué transformaciones debían ocurrir en el Ministerio de Educación o en el Ministerio de Educación Superior, por ser decisores en la vida de estas personas, pues le facilitan o le quitan oportunidades para estudiar, para instruirse, porque las personas trans, justamente por esta ruptura que hacen de la norma, no pueden seguir sus estudios.

Primero, a la escuela no los dejan ir con el uniforme de niña, cuando su cuerpo es de niño; eso no se acepta en las normas escolares y, además, tampoco son protegidos del agravio por el personal de las escuelas, de la humillación o, incluso, hasta de actitudes violentas, porque no son como deberían ser, como se espera que sean, las niñas y los niños.
Por eso hemos incluido en la estrategia a los Ministerios de Educación, Educación Superior, o sea, hemos logrado algo, no todo lo que consideramos debíamos avanzar. Lo mismo con el Ministerio del Trabajo y Seguridad Social, Ministerio de Justicia, Ministerio del Interior, la Policía.

Pero la transformación de la sociedad incluye también a las personas trans, que al participar en estos procesos de diálogo y aprendizaje, también cambian, se integran a la sociedad, participan de manera consciente en sus debates y esclarecen sus posiciones como sujetos de derechos. Para eso es que les ayudamos a insertarse en el mundo del estudio y del trabajo, en grupos de nuestras redes sociales comunitarias, para que formen parte de nuestros grupos de promotoras y promotores de salud sexual, para la prevención de ITS/VIH/sida, como activistas por los derechos sexuales, y también en otros debates, para que sepan que los problemas del mundo son muy variados, que no son las únicas personas afectadas, y que por eso la solidaridad es un recurso invaluable de los seres humanos.

Con esta estrategia, las personas trans se visibilizan ante la sociedad no solo como personas que demandan una atención, sino que también brindan atención a necesidades sociales. Como activistas por los derechos sexuales realizan actividades para dialogar con otras personas sobre la necesidad de que sean reconocidos todos los derechos sexuales como derechos humanos a nivel internacional, porque ni siquiera en las leyes internacionales está reconocido.

Esta estrategia contempla un trabajo directo con los organismos del Estado, pero también con organizaciones de la sociedad civil, como la Federación de Mujeres Cubanas, que ha sido líder en estos temas, la Central de Trabajadores de Cuba; hemos trabajado con el Tribunal Supremo, con la Fiscalía y con los bufetes de abogados para crear condiciones de atención integral a las necesidades de estas personas, porque resolviendo solamente los que ellos y ellas plantean, no es suficiente. Hay que trabajar en toda una complejidad mayor de relaciones y de articulación entre instituciones. Lo que predomina en el mundo es el abandono, por eso son víctimas de los crímenes de odio transfóbico, muchas se suicidan víctimas del maltrato, sobre todo familiar que es muy doloroso. Estas personas son víctimas de violencia en muchos ámbitos sociales.

En el caso de la transexualidad, que nosotros tengamos conocimiento, incluso entre las que no son atendidas por el CENESEX, no ha habido un caso de suicido. Son personas a las que le damos compañía, apoyo en la familia, trabajamos con su familia, con su centro de trabajo, en su barrio, para facilitarle su inserción social. No obstante, son personas que refieren muchos malestares y ser víctimas de discriminación. Lo mismo pasa con otras realidades, no solamente con las que tienen que ver con la transexualidad. Desde 1979 las personas trans reciben atención institucional, con apoyo de diferentes especialidades de la salud, entre ellos, el de tratamientos hormonales, cirugías de feminización y masculinización, y desde el 2008, se incluyó la cirugía de adecuación genital, como parte de los servicios de la salud pública cubana, con los mismos principios que la caracterizan.

En el campo legislativo hemos trabajado en las modificaciones al Código de Familia y la introducción de un nuevo articulado relacionado con el respeto a las orientaciones sexuales e identidades de género. Aunque no es una ley vinculante, es decir, de obligatorio cumplimiento, sí instituye valores, sí establece referentes. Si las familias, creyendo que es una actitud digna rechazar, excluir y hasta expulsar del ámbito familiar a las hijas e hijos con estas características, el Código de Familia les establece como referencia, incluso, ética, que la responsabilidad de la familia es acogerlos a todos y todas, apoyarlos y no discriminarlos por estas razones. No es obligatorio, pero ya estamos ayudando en ese sentido.

Esta no sería la única iniciativa legislativa. También hay otras que deben ir junto con esta y entonces, todavía no lo hemos logrado, pero eso responde a estas demandas y, además, a estos elementos de que sea considerado desde este pensamiento martiano el respeto a la dignidad plena de los seres humanos. Y eso es lo que estamos defendiendo en estas propuestas por los derechos.

Otro elemento que estamos planteando, para que las personas que no lo entienden o les molestan no se asusten, es que nosotros no estamos hablando ni siquiera de matrimonio entre personas del mismo sexo, lo que ya se ha logrado en Argentina plenamente, en el Distrito Federal en México, y en otros países. 

Nosotros lo que estamos proponiendo es responder a la demanda explícita de que las uniones consensuales de las parejas homosexuales tengan los mismos derechos que las parejas heterosexuales. Ustedes saben que aquí el matrimonio y la unión consensual no cambia los derechos, cambia el procedimiento, y lo que estamos planteando es que las personas homosexuales, las parejas del mismo sexo si quieren casarse, no necesariamente hay que llevarlas a la categoría matrimonio, que está tan llena de significados, que podría molestar que se les cambiara, sino que propusimos otra categoría, que es la unión legal o material, donde la persona del mismo sexo, si quiere firmar con un notario lo haga, y eso no se va a llamar matrimonio. Entonces, tendrían los mismos derechos que el matrimonio heterosexual y que en la unión consensual, para que quien la quiera firmar tenga los mismos derechos, sobre todo, en el campo patrimonial, los derechos patrimoniales  que es donde está la solicitud de apoyo porque en una pareja del mismo sexo si uno se muere y no dejó un testamento, el otro puede perder la vivienda, en la que estuvo toda su vida, si alguien de la familia del que murió la reclama. Tiene más derecho algún pariente lejano del que se murió, que la pareja de toda su vida, poniendo un ejemplo. Entonces, eso es lo más importante que estamos defendiendo con esta propuesta, porque ni siquiera estamos hablando de adopción, que tanta molestia también crea, porque muchas personas piensan que las personas homosexuales van a aprender peor que los heterosexuales a ser madres y padres, o que no tienen la capacidad de aprender a ser buenas madres y buenos padres, y se ha demostrado que nadie nace con la sabiduría de ser madre y padre, que es un aprendizaje que se hace en la vida y que también es una elección. Y, por tanto, el hecho de ser heterosexual, no te da el don divino de ser por naturaleza madre y padre maravilloso.

Lo mismo heterosexuales que homosexuales, pueden ser maravillosos o pésimos madres y padres, y también maravillosas o pésimas personas. Es que se debían crear escuelas de padres y madres, no precisamente para regañarnos porque nuestros hijos hablan en clases o porque no hicieron las tareas. Hablo de escuelas de padres y madres para aprender a dialogar sobre las contradicciones del proceso tan complejo de esa responsabilidad social tan difícil. Hablo de una escuela a la que podamos asistir con iguales derechos las personas heterosexuales, bisexuales, transexuales.

Conozco a muchas personas que son madres o padres como resultado de sus matrimonios y que después, han asumido su vida libremente como gays o lesbiana, con sus nuevas parejas del mismo sexo y que son excelentes padres y madres. También cuentan sobre las dificultades que han enfrentado con sus hijos en las escuelas, por ser hijos de parejas del mismo sexo y por vivir en una familia de parejas del mismo sexo. Pero ese no puede ser un argumento para impedirlo. Yo creo que tiene que ser una descripción de una realidad para que seamos capaces de transformarnos, de educar a toda la sociedad en el respeto hacia esos niños, porque no hay ninguna ley que nos de derecho para humillar a otra persona, para lastimarla por nuestros prejuicios. Tanto, que debería haber una ley para penalizar a quienes lo hacen. No existe y al no existir, no garantiza protección a estas personas, desde mi punto de vista, porque cualquier ciudadano cubano tiene protección por ser hombre o mujer, o por otras muchas cosas, laboral y de otro tipo, pero no hay un elemento legal que proteja de esos prejuicios y queda muy a la interpretación de los jueces si tú fuiste discriminado por la orientación sexual o la identidad de género o no.

Eso también lo hemos discutido con el Tribunal Supremo, la interpretación que le dan los jueces desde sus prejuicios a la hora de administrar justicia, que al final se van por lo que ellos consideran que es lo que está bien, y lo que están haciendo es daño a la persona víctima. En fin, todo eso, los jueces están conscientes cada vez más y lo han discutido abiertamente y lo han defendido. Creo que hemos ido avanzando. Hace un tiempo atrás se quedaban callados y no hablaban. Ahora hasta traen ejemplos de sus vivencias y aprendizajes en la difícil tarea de administrar justicia; igual que nos pasa con las madres y los padres que nos equivocamos con nuestros hijos, también les pasa a los jueces y a toda la población. No hay que sentirse culpable por ello, ni hay que pedirle ahora a los jueces que le pidan disculpas a todas las personas que condenaron desde los prejuicios, porque entonces tendríamos que pasarnos pidiendo disculpas constantemente de todos los daños que nos hacemos en todo tipo de relaciones humanas, a todos los niveles de relaciones humanas.

Creo que siempre que seamos capaces de  hablar sobre estos problemas, de tomar conciencia, de discutirlos, sí podemos ir aportando mecanismos tanto políticos, legales, como educativos, que desarticulen todas esas viejas creencias, históricamente creadas durante mucho tiempo, desde todas las sociedades que han existido basadas en las relaciones de dominación, para tratar entonces de hacer un esfuerzo de crear los mecanismos para una sociedad más justa, cosa que es tan difícil, porque está en teoría, de manera muy abstracta esa propuesta, esa búsqueda desde los utópicos, hasta los dialécticos histórico-materialistas, pero llevar a la práctica una linda idea y una justa idea es dificilísimo, y justamente estamos tratando de inventarlo, cómo se hace, pero lo bueno es que el escenario esté listo para inventar.

Eso es lo más importante, que podamos  hacerlo, sin sentirnos culpables, sin sentirnos mal mirados, sin sentirnos reprimidos porque estamos haciendo una búsqueda de las mejores soluciones para que realmente haya las mejores posibilidades de justicia.

En eso estamos, con el CENESEX, con organizaciones que participan en estos procesos divulgativos, con esta estrategia educativa de respeto a la libre orientación sexual e identidad de género, con la educación sexual que proponemos integral, realmente lo que estamos tratando es provocar reflexiones.

Es muy importante que seamos conscientes de que no tenemos la verdad en la mano, que tenemos que seguirla construyendo, no la verdad, sino las posibilidades, las condiciones que la faciliten, que dominen más los ejemplos de justicia que de injusticia.

No creo que lleguemos al paraíso, el paraíso es también excluyente porque todo lo que no les gusta lo mandan para el infierno. Las utopías hablan de hacia dónde queremos ir, pero cómo queremos hacerlo, nos obliga a ser más creativos y dialogar, para encontrar el deseo, el anhelo y la necesidad de lograr la mayor cantidad de personas posible; por eso los procesos participativos son fundamentales en cualquier trayectoria de transformación social y en cualquier proyecto emancipatorio.  Si no es a través de mecanismos de participación, no llegamos al desarrollo de escenarios realmente emancipatorios.

Alina Pérez:
¿Cómo cree usted que la tradición ética y humanista cubana, pueda contribuir a la reformulación de los referentes culturales en torno a la diversidad sexual?

Víctor Fowler:
La tradición ética y humanista cubana tiene que cambiar, en el sentido de que hay que mirar el mundo tal y como es hoy, y tal y como posiblemente vaya a ser mañana, y analizar con mucha profundad los cambios que han habido en la noción de personas humanas y a partir de eso retrabajar, todo el aparato que nos permite comprender y organizar acciones alrededor del hecho de las conductas en las prácticas sexuales. Nuestro siglo XIX, tan extraordinario en tan grandes pensadores, no podemos olvidar, que es un siglo XIX, es otro de los tantos de los siglos XIX, porque vivió cada país de esa época, o sea, hay una raíz sobre la raíz de lo que son personas humanas, raíz que tenemos que respetar, y llevar con  nosotros. Raíz sobre lo que es la estructura y la nación, pero que no podemos extrapolarlo a todas las situaciones del presente, o sea, la tradición se reconfigura en el diálogo y da surgimiento a una nueva tradición.  Mañana, dentro de 10 años, estamos hablando de esto y habrá nuevas cosas que se habrán incorporado a eso que llamamos tradición, o sea, tenemos que tener una concepción dinámica y no pensar que se trata de una caja de herramientas, y al lado de cada herramienta unas pequeñas instrucciones de cómo se usa e imaginar que cuando tengamos una situación nueva de este tipo nos va a servir para resolverlo. Más allá, aun incluso de lo que hablamos hoy sobre la sexualidad, o sea, la sociedad cubana está viviendo cambios enormes,  porque si bien estamos en una situación que nos toca como isla, de aislamiento; si bien continuamos siendo uno de los pocos países socialistas que existen hoy en el mundo, somos un país del Occidente, y somos un país esencialmente de diálogo e intercambio, de recibir influencias. Eso lo hemos sido desde siempre, desde que el país se inició. Hemos sido un país de recepción y asimilación de influencias y no es casual, aquí hemos hablado de otras cosas, pero como mismo podemos hablar de homosexualidad, bisexualidad y transexualidad, podemos hablar de la metrosexualidad. ¿Quién se iba a imaginar la metrosexualidad  hace 20 años?  Es una realidad nueva y esas realidades nuevas hay que darles una respuesta social a partir de la tradición humanista, porque tradición humanista lo que significa es poner en primer lugar el estatuto de persona humana. Eso es lo que va por delante. A partir de eso, podemos hablar y podemos dialogar. Es muy difícil. Es una cuestión de diálogo permanente. No se acaba en ningún punto.

Es un hecho concreto que dentro de una zona significativa de los homosexuales, que son de los que estamos hablando aquí, dentro de una zona significativa se ha alterado lo que conocemos como el orden reproductivo. Personas del mismo sexo no se reproducen, no tienen descendencia. En otra zona, tal como señala Mariela, han comenzado las políticas de adopción. Se ha ido, incluso, todavía más lejos porque recordarán el caso de la pareja norteamericana del año pasado, era una mujer que se había operado.  Era una pareja lesbiana, pero la mujer se había operado para tener un pene artificial.  Tenía vagina todavía y no se sacó los ovarios y, entonces, luego de que vivieron años así, no sé si fueron felices o infelices, luego de eso decidieron que querían tener un hijo, pero dado que esta megapareja no se había extirpado los ovarios, no había necesidad de adoptarlo. Era suficiente con que ella comenzase de nuevo a hacerse un tratamiento de fertilización para volver a ovular y que saliera embarazada. Y se hizo el tratamiento de fertilización y salió embarazada y tuvieron dos hijos.  Entonces, ¿qué se puede decir sobre eso?  Lo que yo quisiera, en última instancia, es que lo eduquen con cariño, que vayan a la escuela, que lleguen a ser personas de bien. No creo que haya que pedir ninguna otra cosa.  En definitiva, por desgracia, yo veo algunas realidades a mi alrededor, yo vivo en un barrio pobre de aquí de la ciudad, veo las parejas heterosexuales que educan sin cariño, que suspenden en la escuela y donde desde que llegué a ese barrio hace 14 años, muchos de los que vi recién nacidos ya están presos. Entonces, ¿qué es realmente lo que estamos buscando con la sociedad?  Lo interesante de estas cuestiones límite es que nos obligan a preguntarnos ¿qué es realmente lo que queremos de la sociedad?

Títulos relacionados
“Macho varón masculino”, de Julio César González Pagés, de la editorial de la mujer
“Del otro lado del espejo”. “La sexualidad en la construcción de la nacionalidad cubana”, de Alicia Sierra Madero, de Casa de las Américas que fue premio Casa de las Américas 2006.

Comentarios

Excelente articulo, contiene

Imagen de Anónimo

Excelente artículo, contiene datos que no conocía del manejo de la homosexualidad en nuestra sociedad y creo que falta mucho por hacer para eliminar esto. Mis respetos a estos expertos en el tema.

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