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Etnicidad y salud

Cuba y sus componentes étnicos

Etnicidad no es racialidad. La fusión de numerosos factores históricos, culturales y poblacionales influyó en la consolidación de una nación uniétnica y humanamente polimórfica. La población aruaca nativo-americana de la Isla no desapareció.
Niños cubanos, felices y saludables. Foto de: Calixto N. Llanes

La etnicidad es uno de los múltiples determinantes sociales de la salud humana, pero la etnicidad es una categoría de la antropología en sus diversas especialidades (biológica, cultural, lingüística, ecológica, médica…) asociada estrechamente con las características histórico-culturales, territoriales, lingüísticas, organizacionales y psicológicas de los pueblos del orbe, independientemente de su monto demográfico; es decir, desde bandas de cazadores-recolectores itinerantes con solo decenas de personas, hasta naciones que ocupan millones de kilómetros cuadrados y poseen diversas etnias en su territorio.

En el siglo XIX, especialmente a partir de las ideas del racismo y la extrapolación de clasificaciones zoológicas a los humanos, se identificó y homologó la etnicidad con las características fenotípicas de la especie homo y se llegó a la falsa noción de «raza humana» para hacer referencia al polimorfismo de las personas en diversos espacios geográficos. Así, aun determinados especialistas identifican o confunden etnicidad con «racialidad».

De hecho, la «racialidad» ¾que forma parte del imaginario¾ no es más que un constructo social falso para identificar a las personas con el predominio de uno de los múltiples indicadores del polimorfismo humano: el color de la piel, derivado de las desigualdades generadas por el colonialismo que impuso divisiones entre «blancos» europeos, «amarillos» chinos y «negros» africanos. A esto se añade también la falsa noción de «indios» para identificar a los pueblos aborígenes originarios.

En el caso de Cuba el enfoque etnodemográfico del proceso de formación y consolidación de la nación cubana, desde el siglo xvi hasta el presente, tal como he señalado en otra ocasión,[1] permite arribar a las siguientes consideracio­nes.

Los componentes étnicos aruacos desempeñaron un papel fundamental en las primeras relaciones socioculturales establecidas con los inmigrantes hispánicos y africanos durante el proceso temprano de transmisión de acciones y valores adquiridos a través de una permanencia pro­longada en el medio cubano. A pesar de su acelerada disminución poblacional como resultado de las matanzas, hambrunas, enfermedades, suicidios y matrimonios mixtos tendentes a la asimilación, diversos componentes de su lengua y cultura tradicionales ¾transformada durante decenas de generaciones¾ forman parte activa y habitual del acervo cultural de la nación cubana.

Los componentes étnicos hispánicos fueron decisivos en la estructuración territorial, económica, socio-clasista y etnocul­tural de la Isla durante cuatro siglos y medio, lo que condicionó un conjunto muy matizado y diverso de formas y medios de dominación a través de un Estado colonial. Estos múltiples componentes étnicos, con predominio español mediterráneo en las ciudades, y canario en las zonas rurales, tendieron a propiciar un intenso y creciente mestizaje intercultural, tanto interétnico (hispánicos de diversa pertenencia étnica mezclados entre sí y con personas nacidas en Cuba) como biológico (europoides leucodermos mediterráneos y negroides melanodermos subsaharanos, y sus descendientes de los más variados matices y biotipos) lo que generó la formación de una nueva entidad étnica.

Los componentes étnicos africanos, debido a las variaciones espacio-temporales de los puntos de embarque en África y a las condiciones inhumanas de la trata escla­vista, estuvieron representados por cientos de compo­nentes multiétnicos con predominio de los pueblos bantú y kwa hablantes. Las condiciones de trabajo impuestas, tanto en la plantación rural como en las ciudades, también propiciaron un intenso y complejo mestizaje interétnico (africanos de diversa pertenencia étnica) y biológico (especialmente mujeres negroides y sus descendientes mulatas con hombres europoides y sus descendientes), que ha sido decisivo en la formación de una población cubana negra y mulata no dependiente de las migraciones externas.

Los componentes étnicos chinos ¾que junto con los componentes étnicos hispánicos y africanos tendie­ron a asentarse hacia la mitad oeste de la Isla en más del 70 por ciento¾, debido al muy alto índice de masculinidad se vieron obligados a efectuar matrimonios mixtos con mujeres negroides y europoides o sus descendientes mulatas nacidas en Cuba. De estos componentes étnicos, los chinos procedentes del área meridional del conti­nente asiático formaron varios tipos de asociaciones que recontextualizaron en el medio cubano sus nuevas relaciones socioeconómicas.

Los componentes étnicos del Caribe insular, asentados principalmente en la mitad oriental de la Isla, estu­vieron mayoritariamente representados por haitianos y jamaicanos, quienes lejos de mezclarse entre ellos debido a sus marcadas diferencias socio-ocupacionales y etnolingüísticas, tendieron a agruparse en pequeñas comunidades (bateyes de haitianos y barrios o zonas de jamaicanos o de antillanos anglohablantes), y a partir de estos asentamientos se producen diversos matrimonios mixtos con la población cubana local.

De los otros grupos étnicos de América continental, Europa y Asia fueron sin duda los estadounidenses quienes durante la primera mitad del siglo xx se apropiaron de las principales tierras fértiles, la industria, el comercio exterior, las comunicaciones, los bancos y los servicios, no sólo mediante varios tipos de asentamientos (urbanos, azucareros, mineros, portuarios y agrícolas) sino principalmente por las compañías transnacionales que desempeñaron un papel decisivo en la vida económica y política. No obstante su reducido monto demográfico, este grupo permanece cerrado a los contactos interculturales directos a través de las relaciones matrimoniales, y ejerce en cambio una gran influencia de su modo de vida a través de los medios de comunicación masiva y de la tecnolog­ía. Los otros grupos de Latinoamérica continental (mayoritariamente mexicanos y venezolanos), de Europa (franceses, ingleses, italianos, alemanes y otros de Europa oriental) y de Asia (árabes, sirios, turcos, libaneses, palestinos, iraquíes, hebreos, japoneses, coreanos e hindúes, entre otros) aunque son muy poco numerosos, se dedican fundamentalmente a labores comerciales, agrícolas, y en menor medida, científicas.

El etnos-nación cubano es el resultado histórico-cultu­ral y poblacional de los conglomerados multiétnicos hispánico, africano, asiático y antillano principalmen­te, que se fusionan de manera compleja y disímil desde el siglo xvi hasta crear una entidad étnica nueva basada en la formación de una población endógena con capacidad autorreproductiva propia, no dependiente de las corrientes inmigratorias externas que le dan origen. En su decursar histórico posee las características siguien­tes:

a) esta entidad étnica pasa a ser mayoritaria en Cuba desde la segunda mitad del siglo xix, período en que se consolida una autoconciencia étnica nacional, que culmina con el enfrentamiento bélico contra la domina­ción española durante 1868-1878 (de carácter antiescla­vista y anticolonial) y 1895-1898 (de carácter independentista);

b) durante la etapa republicana neocolonial (1902-1958) los principales movimientos sociales (obrero, campesi­no, estudiantil, femenino, intelectual) de contenido democrático y antimperialista están principalmente integrados por cubanos pertenecientes a diversas clases y capas sociales, que también posibilitan la participa­ción de representantes de otros grupos étnicos en defensa de sus derechos laborales y socioculturales; y

c) desde 1959 hasta el presente, con la disminución de las migraciones externas de asentamiento definitivo y la diversificación de las migraciones internas, el etnos cubano tiende a elevar su monto demográfico hasta ocupar más del 98 por ciento de la población del país. Tiende a consolidarse una nación uniétnica y humanamente polimórfica en la que los otros grupos étnicos no autóctonos poseen derechos civiles semejantes a los del resto de la población.

Los recientes estudios del Centro Nacional de Genética Médica sobre el mestizaje de la población cubana, para su estructura genética e identificar predisposición o incluso protección ante determinadas enfermedades, con el uso de marcadores en el ADN que son informativos para la ascendencia europea, africana o nativo-americana, así como lo que aporta un primer acercamiento al ADN mitocondrial[2] tienen su correlación con la composición etnohistórica de la población cubana:

La población aruaca nativo-americana de la Isla no desapareció, sino que se internó en diversos lugares de difícil acceso, más allá de las concentraciones de El Cobre y Jiguaní, en el área oriental, y Guanabacoa, en La Habana, y ha servido de sustrato de un patrimonio genético identificable en todas las provincias del país a nivel del ADN mitocondrial entre el 13 al 59 por ciento.

Si tomamos en consideración cuatro de los censos confiables de la época colonial (1861, 1877, 1887 y 1899), 8 de cada 10 inmigrantes hispánicos son varones y la tendencia de las relaciones matrimoniales fue con mujeres nacidas en la Isla, especialmente aborígenes, africanas y sus descendientes, que hoy dejan su huella en los referidos marcadores genéticos. La presencia masculina europea se refleja a nivel genético con un promedio de 81.8 por ciento en todo el país.

Con la misma referencia censal, la inmigración forzada africana aportó 6 de cada 10 hombres en condición esclava. Ese 37.85 por ciento acumulativo de mujeres africanas también fueron protagonistas de múltiples matrimonios mixtos con hispánicos, africanos, chinos y población nacida en la Isla, por ello, su legado genético, a nivel del ADN mitocondrial, está presente entre un 11 y 40 por ciento en todo el país.

De igual manera, la migración de culíes chinos y otras oleadas en condición de personas libres aportaron una población principalmente masculina (99.80 por ciento acumulativa de los referidos censos) lo que les obligó a diversas relaciones matrimoniales mixtas con mujeres africanas o nacidas en la isla, de cualquier estirpe.

Los migrantes desde el Caribe insular, principalmente haitianos y jamaicanos, también son mayoritariamente jóvenes solteros en edad laboral (79.22 por ciento acumulativo para los cinco primeros censos del siglo XX) lo que luego se refleja en la composición de la población de la mitad oriental de Cuba.

La única población que logra estabilizar, desde mediados del siglo XIX hasta el presente, la composición por sexo de la población es la nacida en Cuba (criolla o cubana); es la que posee una autosuficiencia reproductiva y consecuentemente cultural, en cuanto a la acumulación y transmisión de valores y actividades de la vida cotidiana.

Todo lo anterior indica el decisivo papel de la etnicidad relacionada con el sentido de pertenencia, la conciencia histórica local, regional y nacional, las normas de convivencia social, el autocuidado personal y familiar, la tradición laboral o no, la funcionalidad o disfuncionalidad de la familia, el criterio de elección de pareja; la estabilidad o promiscuidad sexual, el deseo o no de la reproducción natural; el cuidado o no del medio ambiente, las relaciones interpersonales, y otros muchos indicadores que marcan de manera indeleble la diversidad cultural de la nación como una de sus mayores riquezas y al mismo tiempo uno de sus permanentes desafíos.

 

[1] Véase, Guanche, J., (2011). Componentes étnicos de la nación cubana. La Habana: Ediciones de 1996, 2008 y 2011.

[2] Véase, Mancheco Teruel, B., (2013). Mapas de los marcadores genéticos y del ADN mitocondrial según muestra nacional, comunicación personal.

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