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Prevención del cáncer

Hábitos alimentarios y cáncer

El ser humano necesita adquirir sistemáticamente por los alimentos el aporte de grasas, proteínas, carbohidratos y pequeñas cantidades de micronutrientes como minerales y vitaminas. Su combinación para lograr una alimentación balanceada, más otros factores que forman parte del estilo de vida, son el pasaporte para viajar por una vida larga, sana, que además nos permita la prevención de muchas enfermedades.
Los vegetales importantes aliados en la prevención del cáncer. Foto de: Alina Pérez Martínez

Las dolencias que ocupan los primeros lugares en las estadísticas de mortalidad en el mundo están marcadas por diferentes factores de riesgo; pero cada vez se ve con mejor claridad el papel que desempeñan los hábitos alimentarios en su aparición, de ahí que puedan ser poderosas herramientas en su prevención.

El cáncer es una de las enfermedades con mayor índice de mortalidad en el mundo. En la actualidad trata de competir por el primer puesto con las cardiovasculares.

Es una enfermedad multifactorial, cuyo proceso es complejo y prolongado. Se caracteriza por el crecimiento y multiplicación sin control de células anormales, bajo el efecto de factores internos como hormonas, el estado de inmunidad o la historia genética familiar, o por la influencia de factores externos como sustancias químicas, radiaciones y virus.

En condiciones normales, el proceso de división celular se encuentra bajo control. Las células que mueren son sustituidas por nuevas; sin embargo, el proceso de carcinogénesis se inicia cuando agentes externos producen alteraciones irreversibles en la información genética de las células, al convertir genes normales de un individuo en los llamados oncogenes, responsables de inducir un cáncer. Este proceso se ha denominado iniciación tumoral.

Posteriormente algunos factores medioambientales hacen que estas células con información genética alterada se desarrollen y multipliquen, fase conocida como promoción tumoral.

Cuando un tumor se convierte en maligno, puede invadir tejidos adyacentes o diseminarse a través de la sangre hacia otros órganos. Estas localizaciones secundarias del cáncer reciben el nombre de metástasis.

Durante muchos años la ciencia ha trabajado arduamente para vencer terapéuticamente en la batalla con el cáncer; sin embargo, prevenir puede ser el as que permita ganarle la partida.

ESTUDIOS SOBRE ESTILOS DE VIDA

Vivir compartiendo estilos de vida más sanos en los que se incluyan buenos hábitos alimentarios, ejercicios físicos y otras acciones para evitar la contaminación ambiental, constituyen la clave para evitar esta enfermedad.

El efecto que puede ejercer la dieta sobre la salud y en particular sobre el cáncer es un aspecto que se viene estudiando desde décadas recientes, ya hoy confirmado.

En el hombre los hábitos alimentarios están relacionados con la diversidad de culturas, identidad de cada pueblo, estructuras sociales, religiosas, preceptos y tradiciones, elaboradas a lo largo de la historia. Las diferentes culturas han mostrado testimonios de alimentos que se aprecian cual un factor de riesgo para el cáncer, y cómo el bajo consumo o ausencia de otros garantizan de forma general una dieta sana y equilibrada para prevenirlo.

A fines de la década del sesenta se concluyó por primera vez que entre el 30 y el 70% de los cánceres se encontraban vinculados con la alimentación. Las investigaciones dirigieron entonces su rumbo a los inmigrantes, al relacionar el cambio de su modo de vida y sus hábitos dietéticos con la incidencia de cáncer.

Costumbres alimentarias de pueblos como el japonés o de algunas comunidades africanas con baja incidencia de cáncer de colon se relacionó con el bajo consumo de carnes rojas y el alto de fibras; sin embargo, en el caso de mujeres japonesas que partieron hacia otros países y abandonaron su alimentación tradicional, existía una mayor probabilidad de padecer cáncer de mama.

Los resultados de estudios con poblaciones vegetarianas de diferentes latitudes durante veinte años expusieron un menor riesgo para padecer cáncer, y poblaciones de mujeres vegetarianas que se trasladaron desde Asia o África oriental a Inglaterra, pero que mantuvieron su dieta tradicional con verduras y legumbres, presentaron menor riesgo de cáncer de colon, al compararlas con aquellas procedentes de las mismas zonas, pero que adoptaron la dieta occidental.

ESPERANZA DE VIDA Y DIETA

Otros datos que han ayudado a confirmar el papel de la dieta en la incidencia del cáncer han sido las observaciones realizadas en la población residente en Creta, al sur de Grecia, y en la parte meridional de Italia. En ellas habría una esperanza de vida entre las más altas del mundo, a pesar de sus limitaciones en los servicios médicos.

El llamado Estudio de los Siete Países realizado en la década del sesenta puso de manifiesto el papel del estilo de vida, el entorno y fundamentalmente la dieta en la salud de estas poblaciones. Por este estudio la dieta mediterránea se ha impuesto como patrón dietético, basada en frutas, verduras y cereales integrales como elementos protectores contra enfermedades crónicas no transmisibles, dentro de las cuales se encuentra el cáncer. Aunque la dieta mediterránea tiene alimentos propios de su entorno —el olivo, la uva y el trigo como sus representantes más significativos— ofrece los productos clave que pueden encontrarse en otras fuentes, pero que indican lo que no debe faltar en una alimentación equilibrada, agradable, sana y con elementos protectores para evitar la enfermedad.

Todas estas observaciones realizadas en el transcurso de la historia y en diferentes países le han permitido a la demografía confirmar que los emigrantes que cambian sus hábitos de vida tienden a adoptar el patrón del cáncer del país de acogida. Es por ello que se dice que los hábitos de vida de los habitantes de un país determinan el patrón de cáncer de su población.

CONSUMO DE ALIMENTOS AL ESTILO ORIENTAL

La dieta oriental, en la cual se incluye la cocina china, japonesa, india y tailandesa tiene propiedades protectoras, y aunque todas tienen sus particularidades, comparten características similares. Clave de esta dieta es el consumo diario de legumbres, arroz, poca carne y dulce, muchas verduras, así como bajo contenido en grasas y abundante fibra.

La dieta occidental tiene hábitos alimentarios que constituyen fuertes factores de riesgo, como el elevado consumo de grasa saturada, “alimentos chatarra” y carne roja o procesada. Por eso se ha descrito que la cultura occidental tiene un mayor riesgo de padecer cáncer de colon.

En esta dieta existe una mayor tendencia de las mujeres a sufrir cáncer de mama, que se ha relacionado con el elevado contenido en grasas de la dieta, de azúcares y harinas refinadas, con comidas rápidas y la presencia de edulcorantes, conservantes y aditivos alimentarios, productos con un alto contenido calórico que conllevan a una tasa elevada de sobrepeso y obesidad.

La comparación de estos hábitos alimentarios de la cultura occidental con otras más ricas en alimentos naturales como frutas, vegetales y legumbres ha mostrado una mayor incidencia de cáncer, particularmente de mama.

LA OBESIDAD COMO FACTOR DE RIESGO

Un desequilibrio en la cantidad y calidad de los alimentos que forman parte de la dieta diaria conlleva a trastornos metabólicos como la obesidad, muy relacionada con enfermedades cardiovasculares, y en particular con el cáncer; pero importa saber que la obesidad se cultiva desde la niñez.

Si en edades tempranas no se consume una dieta variada, equilibrada y en cantidades suficientes para que aporte los nutrientes necesarios en el crecimiento y desarrollo, estaremos fomentando que el niño crezca con tendencia a ser un adulto obeso; sin embargo, nunca es tarde para adoptar nuevos estilos de vida. Aun en la etapa adulta se puede comenzar con patrones dietéticos sanos que nos protejan del cáncer.

El consumo regular de alimentos que de forma natural son ricos en antioxidantes como frutas, vegetales, granos integrales, legumbres y condimentos a partir de hierbas, está estrechamente asociado con beneficios para la salud. Las personas que consumen estos alimentos ingieren niveles variados de compuestos activos y protectores de fatales enfermedades.

Es importante comprender que la alimentación más saludable para el ser humano, el combustible que nos aporta mayor rendimiento y menor riesgo para la salud, es el que nos proporciona la naturaleza. Aprovechemos de forma sabia esta maravillosa fuente de vida.

Comentarios

Recientemente adquiri en el

Imagen de Yane

Recientemente adquirí en el mercado salvado de trigo y de ser posible me pudieran informar cómo debo ingerirlo o dedicar un espacio dentro de Alimentación y nutrición relacionado con esto.

Por otra parte en relación a la frutas me gustaría de manera general se trataran los horarios en que estas son más beneficiosas para la salud, y para una adulto mayor cuáles son los régimenes dietéticos más adecuando para consumirlas en cuanto a horarios, pues sé que en el horario de la mañana y la tarde son los más adecuados pero no creo prudente consumirlas en la noche, si me pudieran orientar al respecto.

Gracias a Salud Vida y saludos a Sandra,

de la editora de la web enfermería urológica

Hola Yane,muchas gracias por

Imagen de Sandra  Fernández Hernández

Hola Yane,

muchas gracias por leer nuestra revista.

Pasaremos tus solicitudes a nuestra consejera de Alimentación Isabel Cristina Martín para que pueda abordar y ampliar esos temas en su Consejería.

Hasta pronto,

quisiera compartir con

Imagen de Lazaro Infante Quílez

quisiera compartir con ustedes esto que escribí hace poco.
La macrobiótica y el cáncer.
Por: M. Sc. Lázaro Infante Quílez
La Macrobiótica se basa en principios de la antigua civilización asiática y pretende que las personas alcancen una larga vida con buena calidad, mediante una alimentación sana, segura y equilibrada.
Sin lugar a dudas, la mayor parte de los problemas actuales de salud vinculados con las enfermedades crónicas y degenerativas, incluyendo el cáncer son consecuencia de los nuevos hábitos alimentarios, procedentes principalmente de los países industrializados (comida rápida, alimentos chatarra, procesados, enlatados, curados, fritos y refinados), los cuales han generado un exceso en el consumo de alimentos de origen animal, lácteos, harinas refinadas, colesterol, grasas saturadas, azúcar y aditivos químicos y una deficiencia en el consumo de cereales integrales, verduras y frutas, leguminosas, fibra dietética y antioxidantes de fuentes naturales.
Una verdadera alimentación saludable consiste en seleccionar los alimentos, no los nutrientes, más adecuados a la constitución y a las condiciones individuales (físicas, emotivas y mentales). Sólo de esta forma se puede lograr la aproximación al estado de salud óptimo y ganar en calidad de vida.
Los alimentos en su estado íntegro, además de nutrientes, contienen numerosas sustancias como los fitoquímicos, que cumplen importantes funciones como antioxidantes, pero también tienen otros valores aún desconocidos a la medicina y nutrición convencional.
La macrobiótica es ideal para prevenir, mejorar y conservar la salud, los resultados que se obtienen en paciente con cáncer son muy interesantes, parece ser que el Doctor Tulio Simonsini, oncólogo italiano, no esta tan lejos de la verdad cuando plantea que el cáncer es una defensa del cuerpo ante la proliferación de la Candida albicans, pues este hongo no puede reproducirse y muere en un medio alcalino. Este es uno de los principales objetivos de la dieta macrobiótica lograr un adecuado balance ácido-alcalino mediante una correcta alimentación.
Para ellos tiene en cuenta:
Empleo prioritario de alimentos naturales, integrales y orgánicos, o sea que tengan el menor procesamiento industrial posible y procedan de cultivos que no hayan empleado ni fertilizantes ni plaguicidas.
Dietas menos acidificantes que las convencionales.
Limitar o evitar el uso de azúcar refinada, lácteos, las carnes rojas, jamón, embutidos de todo tipo, grasas de origen animal (manteca, mantequilla, tocinos), café, bebidas alcohólicas.
Oferta de grasa en los valores recomendados para la prevención de las enfermedades no transmisibles (entre un 15 y un 20% de la energía), básicamente de origen vegetal, respetando la recomendación de ácidos grasos esenciales y la distribución de grasas saturadas, monoinsaturadas y poliinsaturadas.
Alto suministro de carbohidratos, principalmente carbohidratos complejos (entre un 5 y un 75% de la energía).
Bajo suministro de carbohidratos refinados.
Aporte de fibra dietética en los niveles recomendados para la prevención de las enfermedades no transmisibles (30 a 40g).
Dietas con alto poder antioxidante.
Suministro adecuado de todas las vitaminas y minerales.
Uso exclusivo de condimentos naturales.
Uso limitado de la sal para la cocción. Se emplea solamente la sal marina integral.
No empleo de sal de mesa.
Moderación en el comer.
Masticación correcta de los alimentos
Empleo de métodos de cocción que conservan el olor y el color de los alimentos.
Empleo de métodos de manipulación y de cocción que minimizan las pérdidas de vitaminas y otros nutrientes.
Preparación de los alimentos en las cantidades adecuadas para cada tiempo de comida, para no tener que guardar alimentos.
Servicio de comidas frescas.
Cumplimiento de las normas higiénicas de manipulación, procesamiento y conservación de los alimentos.
Uso de agua con buena calidad, sin contaminación.
La dieta a seguir depende en gran medida del estado de salud de la persona y va desde una dieta amplia que incluye por ejemplo:
Cereales: arroz integral, millo, cebada, trigo, centeno, trigo sarraceno, avena, maíz.
Viandas: malanga, ñame, boniato, plátano, yuca.
Verduras: zanahoria, cebolla, col o berza, achicoria, perejil (siempre crudo), rábano, brócoli, lechuga, pepino, berro, ajo puerro, rábano blanco, calabacín, calabaza, habichuela, coliflor, nabo, endibia, diente de león, acelga, verdolaga, caléndula, rúcula, alfalfa, alcachofa, escalonio, espárrago, quimbombó, etc.
Hierbas aromáticas: romero, albahaca blanca, laurel, apio, hinojo, mejorana, tomillo, alcaparra, cebollino, orégano, etc.
Legumbres: azuki, garbanzo, lenteja, frijoles negros, colorados, blancos, caritas, borlotti, bayos, garbanzo negro, frijol del ojo.
Menos frecuentes: chícharo, judia, lenteja pelada, cicerchia, habas, gluten de cereales, frijol Caballero.
Condimentos: gomasio (ajonjolí tostado y triturado junto a sal marina integral), miso, tamari, umeboshi, sal marina integral, shoyu, kuzu, limón, vinagre de arroz, vinagre de umeboshi, aceite de ajonjolí, oliva, germen de trigo, girasol y maíz.
Algas: kombu, wakame, nori, hiziki, arame, agar-agar.
Productos de origen animal: salvajes o criados de forma natural, preferentemente pescado.
Frutas: manzana, pera, melón, sandía, guayaba, grosella, frambuesa, arándano, mora, fresa, fruta bomba, melocotón, durazno, uva, níspero, cereza, mamey, ciruela, caimito, piña, naranja, mandarina, anoncillo, guanábana, anón,, chirimoya, platanito, tamarindo, mango, albaricoque, frutilla, etc.
Frutos secos y semillas: almendra, castaña, avellana, nueces, ciruelas pasas, semillas de girasol, calabaza, marañón, etc.
Bebidas: té Bancha (Hojicha), té de arroz, té mú, café de cebada, yannoh, café de otros cereales, agua.
Dulces: elaborados con miel de arroz o cebada, miel de abejas, etc (cremas, biscochos, panecillos, pasteles, roscones, bollos, helados, rosquillas, etc.).
Hasta una dieta bien restrictiva que solo permite:
Crema de arroz integral.
Té Bancha (Hojicha) el cual mediante un proceso de secado al sol pierde la teína por lo que puede ser consumido como agua.
En personas con cáncer que necesitan un cuidado muy preciso para logra el proceso de autocuración siempre y cuando el cuerpo todavía tenga energía para ello.
Bibliografía.
PORRATA MAURI, CARMEN. (2008). Introducción a la macrobiótica. Editorial universitaria. Ciudad de la Habana. Cuba.
HERNÁNDEZ-TRIANA M. (2004). Recomendaciones nutricionales para el ser humano: Actualización. Rev Cubana Invest Biomed.
HUFNAGL KN AND PEROUTKA SJ (2008). Glucose regulation in headache: implication for dietary management. Expert Rev Neurother.
OHSAWA G. (2004). Le Zen Macrobiotique on l, Art du Rajeunissement et de la Longévité. Librairie Philosophique J Vrin, París.
ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA SALUD. (2005). Informe Mundial de la OMS. Prevención de las enfermedades crónicas: una inversión vital. Ginebra. OMS.
PIANESI M. (2007). Las 5 dietas Ma-Pi. Edic L, Chi, Macerata, Italia.

Un cáncer siempre puede

Imagen de yunielpolanco

Un cáncer siempre puede evitarse, esta demostrado que una alimentación y estilo sano ayudan mucho, pero hay que revisar las costumbres sociales e incluso las políticas. Por ejemplo: por las condiciones económicas y como alternativa, obligados por el incesante bloqueo que sufre nuestro país, siempre se promueve la producción de carne de cerdo, que todos saben lo dañino que resulta y las verduras y hortalizas con los precios por el cielo, que todos sabemos que los organopónicos no satisfacen las demandas de la población. Por lo que resulta difícil en familias con situaciones económicas complejas, entre ellos asistenciados y pensionados, llevar estos estilos de vida. Hoy sabemos que el cáncer es la principal causa de muerte en algunas provincias y vale la pena analizar los cuantiosos recursos que invierte nuestra revolución en tratamientos paliativos. En mi opinión sería bueno ir a la par con la promoción de alimentación sana pero también con la producción de alimentos sanos.

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