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Determinantes sociales y salud

La salud es también cuestión de género

El género está entre los factores que influyen en el proceso salud-enfermedad de las poblaciones. La visión de la salud desde los determinantes sociales con enfoque de género contribuye a la prevención de enfermedades, al tiempo que mejora la calidad y eficiencia de los servicios de salud.
El género y su determinación social incide en la salud. Foto publicada en: distintaslatitudes.net

Por: Ileana Castañeda Abascal

El género es un término del español que tiene varias acepciones, que en su esencia se dirigen a expresar categorías diferentes de un aspecto dado. Se refiere a las cosas, animales o plantas que tienen caracteres comunes. En el arte se utiliza para clasificar expresiones que tienen características similares, por ejemplo, género lírico, género de películas de terror, etc.

Hasta hace algún tiempo Los términos sexo y género eran utilizados como sinónimos en las ciencias sociales y médicas, sin embargo no lo son. El sexo hace referencias a las características biológicamente determinadas, ya sean anatómicas como fisiológicas, tales como cromosómicas, gonadales, genitales, endocrinas, hipotalámico-hipofisiarias, que establecen las diferencias de las especies sexuadas, hembra y macho.

El sexo es difícilmente modificable, por su carácter biológico, y aunque, en estos momentos se pueden hacer acciones médicas para la reasignación de los genitales externos, los cambios de las características funcionales no se logran en su totalidad. Por su parte, el género se manifiesta a partir de la construcción social que define lo masculino y lo femenino, sobre las características biológicas establecidas por el sexo.

Se nace con el sexo asignado por los genitales del niño y la niña, pero el género se aprende desde el nacimiento, surge a partir de influencias de la familia, la escuela, la comunidad, los medios sobre los seres humanos, hasta consolidar las formas de pensar y actuar que las sociedades aprueban como adecuadas para mujeres y hombres, a lo que se denomina identidad de género.

El género contempla la personalidad, las actitudes, los valores como aspectos subjetivos relacionados con las formas de pensar diferenciadas para cada sexo y también considera los aspectos objetivos como las actividades, tareas (roles)  que distinguen lo masculino y lo femenino.

El carácter relacional del género se refiere a que no considera a mujeres y hombres aisladamente, sino a las relaciones que se producen entre los mismos y que cambian a lo largo de la vida. Estas relaciones varían en el tiempo y el espacio, por ejemplo, en las sociedades occidentales, durante el siglo XIX, los hombres eran prácticamente los únicos que ganaban dinero en la familia, lo que los ponía en una posición de poder; en el momento actual, la mujer ha salido de los predios del hogar en busca de sustento para la familia, por lo que las relaciones han variado. Otro ejemplo que ilustra las variaciones temporales en las relaciones de género es que han existido momentos en la historia en que se ha aceptado que los hombres usen el pelo largo, entendiéndose como un atributo de masculinidad, sin embargo, en otros, ha sido una condición propia de la feminidad.

En las relaciones de género siempre existe una jerarquía de poder, donde generalmente la posición hegemónica es del sexo masculino y la de subordinación, la femenina, lo que responde a una historia de sociedades patriarcales que se mantienen en la actualidad. La manifestación jerárquica del género se manifiesta en todos los espacios sociales como en la familia, el ambiente laboral, y en los ámbitos de la política.

El género forma parte de la estructura social y formaliza patrones y normas en correspondencia con el sexo, todo lo cual marca el posicionamiento de mujeres y hombres de acuerdo a las actividades asignadas que repercuten sobre la salud y la posibilidad de acceso a los recursos y servicios, incluyendo los sanitarios. Esta es la razón por la que uno de los determinantes sociales de la salud es precisamente el género, por ser uno de los factores que influyen en el proceso salud-enfermedad de las poblaciones.

La visión de la salud desde los determinantes sociales con enfoque de género resulta exitosa para el diseño e implementación de acciones encaminadas al mejoramiento del bienestar de las personas, no solo porque visualiza la equidad como aspecto ético, sino también porque el género condiciona el perfil epidemiológico de la salud, la identificación de los riesgos y los daños que sufren mujeres y varones de manera particular, todo lo cual posibilita el logro de objetivos sanitarios dirigidos a la promoción de salud, prevención de enfermedades particulares para cada sexo, así como para mejorar la calidad y eficiencia de los servicios de salud.

Los modelos explicativos que expresan el papel del género como uno de los determinantes de la salud plantean que las diferencias en los niveles de salud de hombres y mujeres se encuentran influenciadas por los determinantes estructurales, clase social y grupo étnico al que se pertenecen, nivel de educación alcanzado, empleo e ingresos, que están muy relacionados con el nivel de pobreza y zona de residencia. En cada uno de ellos, el género se manifiesta de forma diferente de acuerdo a las características de mujeres y hombres. Las determinantes sociales intermedias concebidas como los valores, las normas, las prácticas y los comportamientos no se manifiestan de forma similar para cada sexo y varían de acuerdo a las condiciones de vida, condiciones de trabajo, disponibilidad de alimentos, lo cual implica la ejecución de prácticas sanitarias específicas para el sexo masculino y el femenino. Las formas de vivir de mujeres y hombres son diferentes y por tanto las formas de mantener la salud, enfermar o morir de las féminas y de los varones no son iguales.

La igualdad de género en salud significa que mujeres y hombres tienen oportunidades iguales para comprender los derechos de gozar de buena salud, contribuir al desarrollo sanitario, mientras que la inequidad de género se refiere a las diferencias injustas, innecesarias y evitables de salud entre mujeres y hombres en cuanto al estado de salud, la atención que reciben salud y la participación en el trabajo sanitario.

Cuba ha sido, en los últimos 54 años, un escenario social de cambio, donde la situación de la mujer respecto al hombre se ha transformado satisfactoriamente dentro de un patrón cultural que se mantiene patriarcal. Las mujeres han asumido funciones sociales que les han proporcionado niveles visibles de independencia y poder, pero se mantiene la posición dominante del hombre dentro de la familia y en el marco más amplio de la sociedad. En investigaciones realizadas se ha encontrado que el patrón de diferencias de género del contexto social cubano se caracteriza por el amplio espectro de aspectos de la vida que influyen en los problemas de salud, sus riesgos y daños diferenciados entre mujeres y hombres. Los roles reproductivos, productivos y comunitarios se manifiestan de forma diferente entre los sexos, siendo en general las mujeres las más afectadas, por mantener la responsabilidad de la realización de las labores del hogar y tener una participación amplia en las tareas que aportan ganancias, que aunque le confieren más acceso al poder producen la llamada doble y triple jornada laboral, todo lo cual influye en la salud diferenciada de cada sexo.

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