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Espacio "Letra con Vida"

Panel "Alimentos transgénicos y seguridad alimentaria"

El espacio “Letra con vida” se suma a las jornadas por el “Día Mundial de la Alimentación”, proponiendo un debate sobre un tema complejo y polémico: los alimentos transgénicos y la seguridad alimentaria. Para abrir el panel solicitamos al Dr Funes que nos defina qué son los alimentos transgénicos y cuál es su historia en la sociedad actual.
¿Alimentos transgénicos y seguridad alimentaria? Foto tomada de: Letra con Vida

Invitados:

Carlos Jesús Delgado Díaz. Doctor en Ciencias Filosóficas. Profesor Titular. Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana.

Fernando Funes Monzote. Doctor en Ciencias. Agroecólogo e investigador de la estación experimental Indio Hatuey de Matanzas.

Alina Pérez: El espacio “Letra con vida” se suma a las jornadas por el “Día Mundial de la Alimentación”, proponiendo un debate sobre un tema complejo y polémico: los alimentos transgénicos y la seguridad alimentaria. Para abrir el panel solicitamos al Dr Funes que nos defina qué son los alimentos transgénicos y cuál  es su historia en la sociedad actual. 

Fernando Funes: Quería decir, ante todo, que me siento muy honrado y le agradezco al Centro “Dulce María Loynaz” que me haya invitado a este debate. 

Sobre el tema de los transgénicos, este es el primer espacio de debate abierto a la sociedad cubana que se realiza fuera de los marcos de las instituciones científicas. Anteriormente se han realizado varios contactos y reuniones, pero todas han sido a lo interno de instituciones científicas y círculos muy cerrados. Esta es una convocatoria abierta, todos los que están participando aquí, se enteraron de una manera u otra y llegaron sin restricción. Este es un punto necesario por el cual habíamos estado abogando por mucho tiempo, y se ha dado de una manera natural y muy favorable. 

Quiero dar la bienvenida a Carlos Delgado, que es autor de uno de los capítulos del libro, a Alfredo Abuín que también está aquí, es médico de la Universidad de Ciencias Médicas de Matanzas, y autor de uno de los capítulos del libro. Otros autores me dijeron que iban a venir y parece que no han podido llegar. 

Para los que no estén totalmente informados, que no estén dentro de todo el conocimiento sobre los transgénicos, los alimentos transgénicos son aquellos constituidos por alimentos en sí mismos, materias primas o ingredientes, los cuales han sido modificados genéticamente. Es decir, estos alimentos, materias primas e ingredientes modificados genéticamente han sido sometidos a un proceso de ingeniería genética, a través del cual se le insertan a organismos vivos genes e información genética que lo hace comportarse de una manera diferente que su pariente filogenético. Este avance, podemos decir de la ciencia a nivel mundial, ha traído una serie de beneficios potenciales a los seres humanos y, por otra parte, impone una serie de retos, una serie de cuestionamientos desde el punto de vista bioético, pues estas transformaciones tienen una alta capacidad injerencista dentro de la forma en que la vida se desarrolla, al romper las barreras entre las especies que no están emparentadas. Por ejemplo, un transgénico puede conformarse por una especie animal, una especie vegetal o de cualquiera de ellas con microorganismos y viceversa. 

Esto nos impone una serie de cuestionamientos desde el primer momento en que pensamos que ya los nuevos organismos no van a ser producto de un cruzamiento como se concibió la genética del mejoramiento de las plantas y animales desde su surgimiento, sino que ya se traspasan estas barreras. Se señalan tres generaciones fundamentales en esta transformación genética. En el transcurso del desarrollo de esta ciencia que es muy reciente, hay una primera generación que son plantas modificadas genéticamente, que son resistentes a virus, enfermedades, insectos, y que también pueden tener resistencia a herbicidas. La finalidad fundamental de esta primera generación es incrementar los rendimientos y la productividad al controlar estos factores a través de mecanismos operacionales que lo permiten. Una segunda generación se dedicó a mejorar el contenido nutricional de las plantas. Esto empezó a ocurrir a inicios de los años noventa y desde los años ochenta, enfocada a incrementar la durabilidad de los productos. Y la tercera generación que es la que se ha estado desarrollando en los últimos años con más fuerza, es la constituida por plantas farmacéuticas que se utilizan para tratar enfermedades emergentes en masas grandes de población entre las cuales podemos citar el tratamiento al VIH y otras enfermedades.

En 1982 es que surge la primera generación de plantas modificadas genéticamente con su tristemente célebre tomate “larga vida” que permitía una conservación por más tiempo en la post cosecha, y en 1998, el gen suicida o Terminator, a través del cual se puede controlar la vida de una especie determinada. 

En Cuba, el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) ha realizado estudios en transgénesis de plantas desde finales de la década del ochenta y después a finales de la década de los noventa se intensifican estas investigaciones en diferentes cultivos como la papa, el tabaco, el boniato, el plátano, la piña, entre otros cultivos. También se ha investigado en caña y en maíz que ha sido el primer organismo genéticamente modificado y liberado al ambiente natural cubano a gran escala. El maíz FR-Bt1 es una variedad transgénica formado por la variedad FR-28, a la cual se le incorporaron genes de resistencia a la palomilla del maíz y resistencia a la aplicación de herbicida glufosinato de amonio. Este es un paquete tecnológico y un evento transgénico que se constituye con estas dos características, que le fueron insertadas a esta variedad cubana.

A partir de ese momento es que saltan las alarmas y que se preocupa más  toda una comunidad científica que  tenía desde hace varios años noticias sobre el tema y estaba informada. Desde entonces ha habido un proceso de año y medio aproximadamente desde que se liberó esta planta transgénica el 15 de mayo del 2009 hasta la actualidad, donde hemos visto que se ha expandido y sin control el maíz transgénico en los campos de Cuba.  

Alina Pérez: Cuba lucha por abrirse camino hacia formas sostenibles de desarrollo que garanticen nuestra soberanía alimentaria y la disponibilidad de alimentos seguros para satisfacer las necesidades nutricionales de la población.  ¿Cuál es la situación de los alimentos transgénicos en Cuba y en Las Américas, y cómo se vincula la producción de nuevas tecnologías, como los transgénicos agrícolas, a la soberanía alimentaria?  

Carlos Delgado: Yo agradezco también muchísimo la invitación a estar en la tarde de hoy aquí. Ya había estado antes en este espacio, en otro debates sobre temas de Bioética y me encantó estar porque es un espacio heterogéneo, donde hay mucha seriedad en el análisis y sobre todo muy propio para problemas de esta naturaleza, porque hay una gran confusión con el tema de los alimentos transgénicos, en general, en el mundo, que consiste en suponer que este es un problema científico. En realidad, evidentemente aquí hay una variable científica muy importante, es fundamental el conocimiento científico que está involucrado en la tecnología y, por tanto, tomar en cuenta el aporte de la comunidad científica para comprender a fondo esta problemática y su alcance, pero el problema de la alimentación no es un problema exclusivamente del terreno de la ciencia o del terreno de una nueva o una vieja tecnología avalada por conocimientos científicos. Es un problema básico de los seres humanos que tiene muchos aspectos y donde yo no podría decir que un aspecto eminentemente técnico, científico, o un aspecto estético o de placer de la persona al degustar un alimento sea uno más importante que otro. 

Aquí habría que pensar en la totalidad del problema de la alimentación, de todas las variables socioculturales que están detrás y, por supuesto, las variables científicas que están detrás, cuando se introducen nuevas tecnologías. Entonces, me parece que en un ambiente intelectual, donde exista diversidad de criterios, diversidad de puntos de vista, de puntos de partida, porque cada uno de nosotros tiene su punto de partida de formación para analizar problemas como éste, muy acogedor, y por eso me gusta especialmente estar aquí. 

Voy a tratar de ser sintético, aunque me puse a elaborar algunas ideas y llené aquí una paginita. ¿Cuál es la situación en Cuba y en Las Américas? Yo diría que aquí hay una palabra básica que es heterogeneidad. Hay una enorme heterogeneidad y confusión con el tema de los alimentos transgénicos, de las plantas modificadas genéticamente. Hay una gran diferencia en la generalización aceptada del uso de la biotecnología para la salud pública y para la solución de diversos problemas de salud, y el uso de la biotecnología para aplicarlo al terreno de la agricultura, al tratamiento, por ejemplo de la extinción de las especies y otras variantes, en las cuales se involucran de una manera muy directa las potencialidades o los riesgos que puedan tener estas tecnologías respecto del medio ambiente, en general. Por eso hay una gran diversidad de puntos de vista y hay mucha heterogeneidad en cuanto a criterios y posicionamientos. Creo que hay un rasgo distintivo de América Latina que es clásico también en el mundo contemporáneo, que es la introducción creciente de esta tecnología bajo las rúbricas de las transnacionales. Ahí hay una diferencia importante en cuanto al contexto gubernamental, estatal, político, de Cuba con respecto a América y con respecto al resto del mundo con independencia de que hay elementos etnológicos que son idénticos por un problema de ciencia que está detrás, pero la lógica de la introducción de la tecnología en América Latina responde a los intereses de las transnacionales, cuando viene de Estados Unidos un maíz diseñado en Estados Unidos, una soya o algodón, sobre todo maíz y soya que es lo que más se siembra en América Latina sobre la base de los intereses de esas corporaciones para hacer una gran agricultura de monocultivo. 

Esto genera automáticamente un gran rechazo de los movimientos sociales, de los movimientos de agricultores, los movimientos de los sin tierra en Brasil y, en general, el tema de la lucha antitransgénicos puede ser catalogado como un tema de la izquierda latinoamericana, y ese es un punto distintivo que para nosotros debe tener mucha importancia porque nuestras acciones a favor de la introducción de los transgénicos agrícolas automáticamente, sin quererlo, le dan un espaldarazo a las transnacionales que ven en Cuba a alguien que indirectamente los está apoyando, y es muy triste y gracioso al mismo tiempo, porque a veces se guarda un silencio sepulcral por parte de esas transnacionales, cuando se hacen debates y se dicen cosas sobre el maíz transgénico cubano, que si se dijeran sobre cualquier investigación hecha en otro país cualquiera, inmediatamente levantaría una alerta de la transnacional por ejemplo, si me están violando una patente.

Hoy guardan silencio porque les resulta muy conveniente que un gobierno como el de Cuba y un Estado, como el Estado cubano, siembre los transgénicos, porque esa sería la evidencia para el resto de la izquierda latinoamericana de que hay un país socialista que se llama Cuba que es símbolo de la izquierda y que no tiene ningún problema con esa tecnología, y ese es un elemento por el que nosotros no podemos ser ingenuos, porque está ahí latente en el escenario político que está detrás de la problemática de los transgénicos. Hay una polarización grande, hay grupos abiertamente antitransgénicos que cuando uno lee sus páginas web o sus publicaciones, muchas veces hay elementos de total sin razón, exageraciones descomunales para proyectar una perspectiva contraria a los transgénicos y eso también afecta el debate sano porque muchas personas se pueden confundir. Existen posturas estatales de rechazo a los transgénicos, por ejemplo, Perú rechazó los transgénicos por dos razones: una, por la incertidumbre que entraña el tema de los transgénicos y otra, porque pretenden con ello proteger sus propios recursos, es decir, aquí hay una variable de naturaleza económica, no solo porque hay incertidumbre sino porque se estimó en el país que le es más conveniente que no le entren tecnologías foráneas de transgénico en Perú para proteger los recursos internos. 

Hay países que no solo rechazaron ventajas comerciales, sino las rechazaron plenamente y abrieron las puertas a las transnacionales,  como es el caso de Brasil que es un país que exportaba soya no transgénica a Europa, tenía un mercado muy selecto y de una soya que costaba muchísimo. Al introducir el transgénico en el país, automáticamente empieza a perder ese mercado. Está la postura del ALBA con el liderazgo, en este caso, de Bolivia y Venezuela en contra de la introducción de los transgénicos agrícolas. 

Creo que la heterogeneidad se marca por una división interna grande en la mayor parte de los países, entre sectores de la comunidad científica o entre instituciones, incluso hay veces que un país tiene una política gubernamental a favor o en contra, y hay una institución dentro de ese país, una institución del propio gobierno, que desenvuelve una política contraria a la que tiene ese país. 

No voy a mencionar nombres para no entrar en ese tipo de detalles, pero hay países, donde el Ministerio de Educación, por ejemplo, tiene una proyección de agroecología y el Ministerio de la Ciencia tiene una proyección favorable a la introducción de los transgénicos. Están los dos en el mismo edificio, comparten pisos diferentes, y la gente no se comunica entre un ministerio y otro, porque las divisiones que ha provocado este tema son grandes. Está el caso de México, donde se puso fin a una moratoria de prácticamente 11 años con respecto al maíz, y se ha comenzado el proceso de otorgamiento de licencias. 

En estas semanas comenzó a circular una noticia, que ya había circulado antes en otros medios, pero ahora en medios un poquito más amplios, porque ya investigadores de México están en proceso de hacer efectiva una licencia para sembrar un maíz transgénico, que a diferencia del evento transgénico que tiene el maíz cubano, es un maíz resistente a la sequía, lo cual introduce ciertas variaciones en cómo valorar un maíz que tiene ventajas para el productor y un maíz que tiene ventajas para el consumidor. 

Eso era lo que existía hasta el momento, ahora tenemos una variante de un maíz con ventajas, o podría ser, si da resultado, un maíz con ventajas para el productor, pero sobre la base de considerar no grandes extensiones, sino un problema, es decir, el problema de la sequía que no es para cultivarlo en cualquier parte, sino allí, donde no se puede cultivar, porque hay problemas de sequía. Eso va introduciendo en el debate de los transgénicos más variables para ponderar posturas a favor o posturas en contra. 

En el caso de Cuba, hemos tenido un proceso muy largo de investigación, un proceso de investigación seria. El Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología ha desarrollado una investigación durante muchísimo tiempo y no tengo por qué suponer que esa investigación no tiene el más alto rigor científico internacional, no tengo ninguna evidencia de ese tipo, y no lo digo por ingenuidad, sino porque hay algunos debates que uno lee por ahí, donde se cuestiona el resultado del CIGB. Realmente no cuento con ninguna evidencia que pueda cuestionar la seriedad de esos investigadores y los resultados que han obtenido. Ya se ha llegado al momento de ponerlo en introducción. 

Lamentablemente, este proceso se ha acompañado de una selectividad mediática extraordinaria, donde a la prensa ha trascendido únicamente la información muy selectiva que en absoluto cuestione la problemática de la introducción de los transgénicos, como si este no fuera un tema de debate en el mundo contemporáneo y como si no fuera un tema de debate dentro de Cuba.  Yo creo que hemos entrado en los últimos dos años en un escenario, utilizando aquí la técnica de construcción de escenarios políticos, yo diría que estamos en un escenario de aprobación, en el que todo se está haciendo para que el producto transgénico agrícola sea aprobado y se introduzca. 

Ese escenario tiene unas características, por ejemplo, una participación selectiva de la comunidad científica, es decir, la comunidad científica participa con los investigadores que crean la tecnología y participa otra parte de la comunidad científica en el proceso de aprobación. 

Ahí está representada la comunidad científica, pero no hay participación de la comunidad científica fuera de esos marcos estrictamente institucionales o gubernamentales, y ese es un problema porque en Cuba la comunidad científica ha tenido una participación extra institucional muy fuerte en la aprobación de políticas públicas. 

Por ejemplo, en la aprobación de la política pública de medio ambiente, lo cual fortaleció enormemente el proceso de toma de decisión. Pero aquí se considera únicamente para este tema como comunidad científica quienes estén involucrados en estas dos vertientes institucionales, la que crea la tecnología y la que la evalúa. Hay otro elemento de participación que son las personas que, por razones administrativas, tienen funciones de toma de decisión y al resto, es decir al público, al resto de la población, nos queda reservado el lugar, -hablando en términos estrictamente éticos-, de “inocentes morales”. Es decir, nosotros somos considerados solo como las personas que vamos a recibir los beneficios. 

Es algo así como una consulta médica cuando uno va y el médico se siente con toda la responsabilidad  para hacer el bien a uno y entonces uno como público no tiene nada que decir ni que hacer  porque uno es paciente, uno debe esperar que le hagan lo mejor. 

Este es un modelo de toma de decisiones que no es cubano. Este es el modelo de toma de decisiones estandarizado en el mundo, es decir, hay una función técnica para la comunidad científica, hay una función administrativa para las personas que tienen responsabilidad administrativa y la población queda en el terreno de los que van a ser beneficiados por el nuevo resultado científico y tecnológico. 

Ese es el modelo, prácticamente yo creo que en el siglo XX no hay ningún país que haya rebasado ese modelo. Lo que pasa es que ese modelo está haciendo “aguas”, sobre todo desde la segunda mitad del siglo XX, porque ya la ciencia no tiene lo que la acreditaba  para ser el representante de la verdad  y del conocimiento objetivo. La ciencia de la segunda mitad del siglo XX es una ciencia profunda, trabaja con los niveles básicos de la materia y la vida, -en este caso con los niveles básicos de la vida-, y eso genera automáticamente incertidumbre del conocimiento. No es que falle la ciencia. No falla. Es más poderosa que antes, pero la incertidumbre es omnipresente y entonces ya no podemos esperar que una decisión tomada por científicos sea automáticamente buena. Se requiere la participación de la gente, y la gente no está preparada, la gente debe ser educada para que pueda participar porque de lo contrario, sencillamente puede caer en una postura alarmista y en esa situación nos encontramos en el caso de Cuba. 

Hay personas dentro de la comunidad científica, de la comunidad académica y del país que estamos preocupadas  por la introducción de la nueva tecnología, no solo por los ecos de los debates internacionales, sino porque es una nueva tecnología introducida en nuestro contexto social. Yo creo que ese escenario que caractericé antes tiene un rasgo distintivo: todo transcurre de manera suave, sin grandes conmociones, en medio de una gran estabilidad. Tal parece que no estamos tomando en Cuba una decisión trascendental que debería incluir al Parlamento, que debería incluir el pronunciamiento de nuestras autoridades políticas porque estamos introduciendo en el país por primera vez un cultivo transgénico. Eso no es poca cosa, es una decisión grande  y es una decisión que puede tener consecuencias a larguísimo plazo. 

Por eso el debate público, la educación  de la población serían elementos muy importantes para la estabilidad política, para la credibilidad de largo plazo. 

No es lo mismo que la decisión la tome un grupo selecto y autorizado  por razones políticas y por razones académicas, a que ese grupo conduzca a que la sociedad tome la decisión. Del modo en que está instrumentada la política internacionalmente y en Cuba también, la decisión se toma de forma automática si se siguen todos los canales que están establecidos y no se capta la novedad de la transición que se realiza al introducir el primer transgénico. Ya me he extendido bastante pero la pregunta era muy larga. Aquí hay una segunda parte de la pregunta que es la soberanía alimentaria, el desarrollo sostenible y las nuevas tecnologías. 

Voy a ir muy rapidito a esa parte. El desarrollo sostenible es un concepto engañoso, nosotros tenemos que tener cuidado con él. Detrás de cualquier debate ambiental hay un subsuelo y ese subsuelo tiene que ver con una división que hizo un filósofo allá en el año 1970, un noruego, que se llama Naess y tiene que ver con un norteamericano que es uno de los padres de la ética ambiental, que es Aldo Leopold por la década del 40,  finales de los años 40. 

Ese es el problema siguiente: Si usted tiene una postura  de lo que Naess llamó Ecología superficial, usted se preocupa por el medio ambiente y por el daño ambiental porque usted está siendo afectado en su vida.

A usted le preocupa la contaminación del aire porque usted no lo puede respirar: esa es una postura. Hay otra postura, es que a usted le preocupa la contaminación del aire porque se está dañando el planeta y además, usted no puede respirar.  En la primera postura usted no le reconoce valor propio a la naturaleza, en la segunda, sí. El desarrollo sostenible es un concepto que se crea dentro la primera postura llamada comúnmente Ecología social, que es a su vez, una de las formas más extendidas hoy de Ecología superficial. 

De hecho, es la forma, -la Ecología social-, es la forma que adopta la política pública, no creo que estemos en condiciones de que adopte otra forma en la sociedad contemporánea porque la sociedad no ha madurado hacia una postura generalizada en la población de Ecología profunda, sino lo que más se exhibe es la Ecología social; entonces hay que tener cuidado, porque a veces detrás del concepto de sustentabilidad se esconde la lógica totalmente irracional del economicismo. 

Vamos a suponer el concepto de desarrollo sostenible en el sentido de dejarles a las sociedades futuras un planeta donde se pueda vivir, para entenderlo en el mejor de los sentidos que ha sido elaborado en la actualidad. La soberanía alimentaria entonces vendría a ser  un concepto profundamente anticapitalista. Miren, aquí hay que ir al “Capital” de Carlos Marx. 

Soberanía alimentaria significa reconocer que no es lo mismo producción industrial que producción agrícola. Eso está expuesto en el “Capital”. Soberanía alimentaria significa que yo no reconozco valor a la teoría de la ventaja comparativa de David Ricardo  ¿Qué dice la teoría de la ventaja comparativa? Si usted es bueno curtiendo pieles dedíquese a curtir pieles, corte más pieles y cuando tenga muchas pieles curtidas va a ir al mercado y va a vender pieles y con el dinero que obtiene de vender pieles podrá comprar lo que se va a comer y podrá comprar los zapatos que se va a poner. 

Esa teoría, que es la base del liberalismo y que está metida y quizás sentada todavía en el asiento de millones de personas en el mundo y entre nosotros también, no sirve para comprender la agricultura. En la agricultura es necesario aprovechar las condiciones locales para  tener una producción diversificada que haga que yo no dependa de un mercado externo, ni de insumos, ni de productos terminados para poder autoabastecerme. 

Por supuesto que ahí hay grandes límites. Hay límites políticos, hay límites de las relaciones económicas internacionales, hay límites de carácter  geográficos locales, es decir, de las características de las biorregiones. Hay cosas que no vas a poder producir nunca, pero el concepto de soberanía alimentaria significaría poder producir en la medida de lo posible, todo lo que un determinado entorno sea capaz de proveer, para poder tener un abasto de alimentos que no dependa del mercado exterior, es decir, aquí las palabras claves serían suficiencia, diversidad, adecuación a las condiciones naturales y las formas de producción; y entonces aquí viene el problema de las nuevas tecnologías. No se puede decir nada absoluto a mi juicio con respecto a las nuevas tecnologías, ni rechazarlas, ni aceptarlas, a ciegas. Las nuevas tecnologías representarán siempre una  oportunidad o un conjunto de oportunidades y representarán un conjunto de riesgos.  Todo dependerá de qué entendemos por tecnología. 

Eso lo podemos ver un poquito más adelante ¿Qué entendemos por tecnología? Y dependerá, además, de cómo yo inserto la tecnología nueva en la dinámica de mi sociedad, cómo yo hago compatible determinadas características, cómo yo minimizo riesgos, cómo yo favorezco las posibilidades que me ofrece la tecnología para potenciar lo que  ella me pueda dar. Ahora, eso significaría que yo necesito una evaluación social de las tecnologías. 

Con esto voy a terminar. Yo necesito un control social de las tecnologías y cuidado, control social no es control estatal, ni control gubernamental, aunque los incluye.  No hay control social sin control gubernamental pero no es solo control gubernamental.  Control social significa poner a la sociedad en función del desarrollo científico y tecnológico, allí donde la sociedad esté representada, por ejemplo, por las formas comunitarias de vida que son afectadas. 

En fin, depende de la tecnología y de las características de la tecnología y su inserción en la sociedad. Y por tanto, entran entonces las decisiones sociales y la amplia participación pública para la toma de decisiones sociales, que creo que en este momento, es el Talón de Aquiles de Cuba y la gran posibilidad que Cuba tiene. 

Yo soy de los que cree que Cuba puede marcar la diferencia con respecto a la América Latina y con respecto al mundo, en el caso de esta tecnología.  Yo creo que Cuba tiene todas las condiciones sociales y políticas para marcar la diferencia, pero siento que estamos perdiendo la oportunidad de marcar la diferencia.

Aquí termino. En las otras voy a ser más breve.  

Alina Pérez: Dando continuidad a lo que Carlos estaba explicando en relación a la introducción de tecnologías y sobre los modelos, y considerando la gran tradición y experiencia de trabajo en el modelo agroecológico que ha tenido Cuba, entonces, Fernando. ¿Son compatibles los modelos tecnológicos con la incorporación de los transgénicos con el modelo agroecológico?, ¿cómo se relacionan esos modelos con los elementos socioculturales que tienen que ver con los estilos de vida y las tradiciones relacionadas con la naturaleza en nuestro país?  

Fernando Funes: Yo voy a ser más breve que Carlos, que tiene cosas más interesantes que decir.  Voy a seguir por el camino de que la agricultura es diferente, y Carlos decía que no es igual la producción industrial que la producción agrícola, y la agricultura tiene sus particularidades, muy precisas. Durante 20 años se ha desarrollado un modelo agroecológico cubano con características propias, el cual como cualquier modelo agrícola no ha estado exento de modificaciones. Estamos hablando de modificaciones genéticas y también estamos hablando de modificaciones de los sistemas agrícolas, los cuales han sido parte de la historia cubana durante cuatro siglos. El problema fundamental que hay en la modificación es el nivel al cual se realiza.

En el caso de los genes se hacen modificaciones que son invisibles y que tienen un potencial enorme de expansión en muy poco tiempo y de lo cual no podemos percatarnos a simple vista. En cambio, la modificación que ha tenido el movimiento agro ecológico cubano, en la mentalidad en la agricultura cubana, en la capacidad de manejar la biodiversidad, en la capacidad de integrar los sistemas agrícolas y pecuarios, en la visión de la autosuficiencia alimentaria  a nivel de una finca y a nivel de país, en la capacidad que tiene el país de lograr la soberanía alimentaria tan necesaria en estos momentos turbulentos de la economía mundial, etcétera, ha sido transparente, visible.

Nos ha dado muestra de las capacidades que tiene Cuba como país de generar su propia tecnología, y su propia visión y experiencia en la producción de alimentos, y ahí es donde entra la pregunta de si somos coherentes con el modelo agroecológico. Desde nuestra visión, la falta de coexistencia entre un modelo agroecológico y un modelo transgénico es evidente desde el momento en que esa transformación genética quiere transformar, desde un punto ínfimo, el resto de la agricultura, manejando solo dos factores: una resistencia a una plaga  y resistencia a un herbicida. Esta concepción se contradice grandemente con la visión de la agroecología en su base de diversidad, de participación de los trabajadores en tomar decisiones, y ahí hay un agujero negro grande.

Nosotros pensamos que no solamente se contradicen, sino que no pueden coexistir. También que los transgénicos desde su llegada al campo de Cuba socavan lo que ha hecho el movimiento agroecológico cubano y el campesino cubano, todos los que están trabajando en la tierra o desde fuera de la tierra, pero que están contribuyendo a eso, todo lo que hemos logrado durante 20 años. Si el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología trabajó durante 10 años  para incorporar esos dos genes en una variedad, yo pienso que hay miles de personas que han trabajado duramente para modificar la agricultura cubana a una agricultura más resistente al cambio climático, una agricultura con más variedades de maíz que tienen la capacidad de soportar la sequía, que tienen la capacidad de soportar los cambios en la temperatura y que son parte de la tradición y de la cultura campesina.

Por eso vuelvo a decir que la agricultura es diferente y depende de ese devenir de decisiones, de algunas decisiones correctas y otras erradas, de producir más alimentos en una cosecha y producir menos en otra o de incorporar muchas de las tradiciones culturales a lo que en un punto final es un producto, pero es un producto de y para toda esa cultura, no un producto simplemente para el mercado. Los sistemas agrícolas en Cuba hoy son más diversos, más heterogéneos y más complejos; se basan en todas esas interacciones partidas de la diversidad y un modelo transgénico es la recuperación de un modelo convencional de altos insumos altamente dependiente de decisiones que vengan de afuera y que hace perder autonomía al agricultor. Por eso es que también pensamos que la llegada de los transgénicos es como tratar de recuperar  un modelo de agricultura convencional, que en nuestro caso sabemos que fue fallido, y que fue solamente mantenido por esos insumos que venían de afuera, del campo socialista y Europa de Este y era la única manera de mantenerlo vivo. 

Al faltar esos insumos el modelo colapsó y tuvimos esta crisis que hemos sufrido todos los cubanos. Por eso es que un modelo agroecológico nos da esperanza de que podemos tener realmente una agricultura sostenible, realmente vinculada al desarrollo sustentable de la sociedad, con una visión no solamente para preservar nuestra salud, sino también por esa sociedad, a lo que podemos contribuir a nuestro país, para las futuras generaciones y para el resto del mundo. Y en esa lucha estamos. Yo me declaro directamente contrario a la introducción de transgénicos, pero no quisiera que llegue al punto de una contradicción antagónica. Una contradicción antagónica empieza a surgir cuando ya no hay posibilidades de debate, posibilidades de intercambio y yo creo que todavía están esas  posibilidades sobre la mesa que se deben abrir a la sociedad, que se deben abrir a los agricultores. Hoy por hoy, estamos viendo que hay una recuperación silenciosa del modelo convencional y cada vez que hay un poco de recursos disponibles para que el Estado decida, las decisiones son hacia una agricultura de altos insumos y esos son, digamos, olas que pueden ir retrasando el objetivo final de un modelo agroecológico cubano que se ve implícito en la prensa en los dos últimos años, más que nunca después del Decreto Ley 259, donde se ha repartido la tierra, donde se ha descentralizado la tenencia de la tierra en el país. Todos los días prácticamente salen en el periódico noticias que soportan ese modelo de diversidad,  de autonomía, de decisiones de los agricultores, etcétera. Para nosotros es muy contradictoria esa situación.

Alina Pérez: Cercanos al Día Mundial de la Alimentación, la FAO ha promovido una campaña llamada “Mil millones de hambrientos” que es el cálculo de personas que pasan hambre en el mundo. Esta campaña fue presentada por el director general de la FAO, el pasado 11 de mayo en Roma, a la cual se han sumado personalidades de todo el mundo, del deporte, la cultura y en el caso cubano, por ejemplo, el músico Chucho Valdés que ha donado a la FAO para estos objetivos los derechos de una de sus canciones. La campaña desarrollada a través de medios sociales tiene como ícono a un silbato, para llamar la atención y hacer una acusación sobre el desastre silencioso que es el hambre. Es inaceptable que mil millones de personas sufran hambre crónica, y los países han votado por reducir el número de hambrientos a la mitad, menos de 420 millones de personas para el año 2015. 

Dado que el hambre y la desnutrición, el déficit nutricional son uno de los mayores problemas de salud en el mundo actualmente y algunos han planteado para aliviarlo se pueden utilizar alimentos transgénicos. ¿En qué circunstancias usted consideraría válido la utilización de alimentos transgénicos como alternativa para aliviar el hambre?  

Carlos Delgado: Yo creo que aquí hay una doble cara. Hay un problema profundo que es un problema eminentemente social, que es el problema del hambre; es decir, es un problema de naturaleza socioeconómica que tiene componentes tecnológicos para la producción de alimentos, pero que no se origina en el mundo contemporáneo porque exista insuficiente producción de alimentos. 

Si tuviéramos mañana por la mañana suficiente producción de alimentos, tendríamos todavía el problema del hambre, porque el problema del hambre tiene que ver con la forma en que está organizado el mundo desde el punto de vista social y político. Entonces no niego la necesidad de que haya transformaciones tecnológicas para incrementar la producción de alimentos. Incluso, en determinados territorios es posible que el problema prioritario sea tecnológico y no de naturaleza socioeconómica, podría ser, pero no puedo dejar de decir que el problema del hambre es un problema sociopolítico porque hay mucha mentira alrededor de eso. 

Se está usando el hecho real de que hay millones de personas muriéndose de hambre en el mundo, para favorecer políticas gubernamentales de invasión, de expoliación de los territorios de los diferentes países, de introducción de las transnacionales y de gobierno mundial sobre determinados territorios y eso se fundamenta muchas veces, en que hay hambre, hay necesidades perentorias y adelante. 

Entonces hay territorios en que hasta han perdido sus gobiernos nacionales productos de determinadas coyunturas de catástrofes y creo que no hay que mencionar lugares porque ocurre aquí mismo en América Latina. El asunto del hambre es social, socioeconómico, afecta las relaciones de producción y sobre todo, las relaciones políticas, que  tienen un signo fundamental en el mundo contemporáneo que se llama  “relaciones de dominación”.

Dicho eso, el componente tecnológico moral hay que considerarlo, y la variante de los transgénicos tiene que estar considerada en la ecuación de solución del problema, sobre todo allí donde haya un problema de imposibilidad de producción o de que, efectivamente la tecnología que se presente pueda resolver determinada situación específica que puede ser de un déficit  extremo. Pero repito, esa no es la situación del hambre en el mundo. No hay hambre por un déficit extremo de alimentos, recordemos que parte de los alimentos se botan en el mundo contemporáneo para mantener precios.  Recordemos que la Unión Europea tiene constantemente límites a su producción. La producción lechera en España es un ejemplo, límites a su producción para mantener cierto estándar y ciertas cuotas preestablecidas. Yo jamás daría, ni con respecto a la tecnología de los transgénicos, ni con respecto a ninguna otra tecnología, una respuesta de un sí absoluto o de un no absoluto. 

Aquí se necesita tomar en cuenta determinadas cosas. Primero: ¿qué es la tecnología?, porque hay un punto de vista estrecho sobre la tecnología. Según ese punto de vista, la  tecnología de los transgénicos  consistiría en que se modifica genéticamente una planta en el laboratorio y se obtiene por ejemplo, un maíz que puedo sembrar. Pero eso no es la tecnología, ese es un concepto estrecho de tecnología. La tecnología es un proceso social. 

Hay algunos autores que la definen como la inteligencia de la técnica. Es decir, que no se limita a que usted tiene una transformación técnica, o en este caso, una transformación técnica que se ha introducido en un ser viviente que hace a esta tecnología muy diferente a todas las demás. Se trata de que la tecnología es un proceso de transformación social, por tanto, cómo se va a utilizar ese adelanto técnico en un entorno agrícola; cuáles son las relaciones comunitarias que usted va a afectar; cuáles son las relaciones de precio, las relaciones de tipo económicas que usted va a afectar con la introducción de esta tecnología, etc: todo esto es parte de la tecnología. No se puede ser en esto ingenuo: hay diferencias hasta en las formas de retribución de un investigador científico dedicado a la agrobiología en un centro de agricultura, y la de otro haciendo otro tipo de investigación, en un centro como el de Biotecnología. Son cosas completamente distintas. No solo es distinto el tipo de trabajo que se hace y el producto intelectual, sino que hasta entre los investigadores que hacen tecnología hay fuertes diferencias.

La concepción de la tecnología tiene que tomar el conjunto de relaciones sociales en su totalidad; cuando yo las tomo en su totalidad, entonces yo puedo hablar de una tecnología. Todavía el discurso sobre la tecnología es muy  tecnicista y muy estrecho, y se piensa en la tecnología, muchas veces, a nivel  exclusivamente del laboratorio, de lo que se hace en el laboratorio. Así, se habla del evento transgénico tal o más cual, o en el mejor de los casos, se toma la tecnología como aquello que yo voy a hacer en el campo para producir determinada cosa. 

En el caso del maíz, qué hay que hacer en este campo de maíz para producir maíz. Y esa no es la tecnología, porque al producir ese maíz usted está alterando determinadas relaciones económicas, usted está favoreciendo algo y entorpeciendo algo, usted está compitiendo con otras tecnologías, usted está transformando las relaciones comunitarias; entonces todo eso hay que incluirlo en la valoración de la tecnología para poder tener realmente un balance  y en este país no se han hecho las investigaciones sociales necesarias. Eso lo puedo decir categóricamente: no se han hecho investigaciones sociales suficientes sobre el tema de la introducción de los transgénicos. ¿Cómo podemos pensar que la tecnología está completa si no tiene las investigaciones sociales que me digan o me pronostiquen qué va a ocurrir en la sociedad cubana, qué va a ocurrir en el campo, qué va a ocurrir entre las relaciones de las personas, qué va a ocurrir con los hábitos y las costumbres de las personas cuando yo introduzca esa tecnología?. 

Estaríamos repitiendo errores del pasado como el bello tomate hidropónico, que a mí me encanta. ¿Dónde quedaron los bellos plátanos microjet?, ¿dónde quedó?, ¿quedó en la mesa de la cocina, en el placer de degustarlo? y, ¿cambiaron las cosas allí donde se introdujeron esas tecnologías? Entonces el estudio de la tecnología de un transgénico no puede ser solo cosa de biotecnología o inclusive de ciencias biológicas. ¿Dónde están las ciencias sociales?, ¿tienen que estar en la tecnología o no tienen que estar?  

En mi concepto, tienen que estar y no están y tenemos mejores condiciones que cualquier otro país para hacerlo pero no lo hemos hecho. Por eso decía antes que estamos perdiendo oportunidades. Aquí hay que preguntarse algunas cosas, por ejemplo: ¿cómo se toman las decisiones en ciencia y tecnología? 

Tenemos algunas diferencias con respecto al mundo, pero ya dije en la pregunta anterior algunas cosas que son  exactamente parte de un único modelo, que es el que sirve en el mundo para tomar decisiones en ciencia y tecnología  ¿por qué no somos más participativos? ¿Quién nos lo impide?

Solo nosotros mismos, porque todavía  muchas veces  creemos que en el templo de la ciencia está refugiada la verdad y la verdad no está en el templo de la ciencia, está en  la sociedad  completa; sin ciencia no podemos, pero con ciencia sola vamos al fracaso, y ahí lo veo como un problema grave de esta tecnología. ¿Cuál es la participación pública?  ¿Quiénes son aquí los actores?  Porque hay un actor claro, mi respeto, me quito el sombrero, que son los investigadores cuando hacen las modificaciones genéticas, cuando diseñan el paquete tecnológico, pero hay un actor que está al sol trabajando en el campo, esa es su participación, ¿Cuál es la disciplina del agricultor. ¿Qué cosa es para un agricultor una mazorca de maíz o un grano cualquiera? ¿Puede el agricultor estar al nivel de comprensión de riesgo, beneficio, cuidado?, ¿cuántas acciones tengo que hacer para que un agricultor no actúe con  una semilla como ha actuado en todas las  demás generaciones con las semillas, porque no es más que eso, una semilla, pero desde la ciencia sabemos que no es una semilla  ¿Cómo se transforman las relaciones sociales? ¿Qué valores están en juego? Porque pones el valor aquí, producir, producir lo necesario, producir a toda costa. 

Tal vez la pregunta más importante, más grande que tenemos que hacernos con respecto a los transgénicos no es si son buenos o si son malos, si son riesgosos o si no son riesgosos, si son productivos o  si no son productivos, tal vez la pregunta que los cubanos tenemos que hacernos es: ¿Los necesitamos? ¿Necesitamos de esta tecnología? ¿Por qué me voy a comer un helado, porque me lo están ofreciendo, porque no hace daño, porque casi no tiene azúcar y no me va a engordar?. ¿No tienen ni azúcar, ni leche, por eso me lo voy a comer? Si yo como persona, a la hora de consumir un alimento, tomo la decisión muchas  veces de decir: ¿Lo necesito?  ¿Me hace falta? Entonces quizás esa sea una pregunta fundamental que la sociedad se la tiene que hacer, nos las tenemos que hacer. 

No se la tienen que hacer ni los investigadores y en este caso, yo estoy aquí como un profesional de las ciencias sociales, pero estoy más como un ciudadano que como otra cosa porque mi relación con el campo es que vivo por allá,  pero trabajo en la universidad, mi profesión es dedicarme al campo de la Filosofía. ¿Qué valores están en juego con el medio ambiente?. Hace un rato, nos preguntábamos por la sustentabilidad y hay otra pregunta muy importante: ¿Cuáles son las certezas?.  Hay una trampa enorme en esta discusión.

La trampa de las certezas. La certeza de que hacen daño y la certeza de que no hacen daño. La certeza de que aumentan la producción, la certeza de que no aumentan la producción. La certeza de que son buenos, la certeza de que son malos.  Es un sueño, la ciencia que trabaja con los niveles básicos de la vida no puede tener certezas absolutas.  Hay un riesgo, lo mejor sería que compartiéramos el riesgo con la sociedad al tomar la decisión de manera social.  Entonces yo creo que aquí se requiere con estas tecnologías, un análisis concreto de la tecnología, de cuál es el paquete tecnológico y de dónde lo vas a usar, eso no se hace en el mundo y no se hace porque hay un modelo de aprobación  que nosotros hemos trasladado completamente, porque además es fácil trasladarlo porque está avalado internacionalmente, que consiste en avalar el producto concreto, y eso genera un hueco inmenso, una brecha en la seguridad enorme, y es que hoy yo valoro el maíz X1P2, mañana la soya ZT y de aquí a tres meses la piña no sé cuánto, y nadie mide cuál es el efecto global de sembrar  todo eso en determinado entorno, en determinado tiempo. Cuando se han hecho proyecciones de mediano plazo han sido para tres años, nadie mide para más, no se puede ser absoluto, miden para más largo plazo las consecuencias a largo plazo. 

Entonces habría que hacer análisis muy concretos, por ejemplo, ha habido muchas polémicas con respecto al maíz, el golden rice, el que tiene mayor vitamina “A” o potencia a la vitamina “A”, pero está muy claro que no se puede valorar igual un maíz que tiene potencialidades vitamínicas a  un maíz, en este caso era un arroz, o un maíz que lo que tiene es que resiste más a una plaga, y que por eso puedo esperar una mayor producción. 

Son dos cosas muy distintas y yo tengo que analizar de manera específica. Y no es lo mismo que yo diga un transgénico para sembrarlo en tal lugar donde no es posible sembrar nada, a que yo diga por ejemplo, como se está haciendo en Cuba, un transgénico para sembrarlo y hay cinco lugares del país y distribuyo los cinco lugares en todas partes, menos en Pinar del Río, o sea, eso es para sembrarlo en cualquier parte aunque lo esté sembrando en cinco lugares, es válido para sembrarlo en cualquier parte. Entonces no es lo mismo valorar sembrar un maíz que tenga ventajas para los consumidores a un maíz que tenga solo tenga ventajas para los productores. 

En este momento, la tecnología nos da más ventajas para los productores. No es lo mismo un alimento transgénico para medicina, para producir medicina, ¿por qué?  Porque yo podría tener una producción importante a nivel de una parcela techada, por tanto, elimino una cantidad enorme de consecuencias ambientales y si puedo potenciar el medicamento en un producto, pues ahí hay que valorarlo de manera diferente. 

Aquí se necesita un enfoque diferenciado, pero simultáneamente, un enfoque que no pierda la globalidad, lamentablemente no tenemos ni una cosa ni la otra. Por una parte, cuando nos vamos al enfoque diferenciado, es como si solo estuviéramos aprobando una  clase de maíz más,  entre otros muchos maíces y en el mundo eso es lo que ocurre. Vamos a aprobar este transgénico, vamos a aprobar este otro. 

Salió un producto del mercado, entró otro, y nadie mira los procesos de naturaleza global. Yo no estoy, ya que acá Funes hizo una declaración de principios, yo no estoy en contra de los transgénicos. No puedo estar en contra de una tecnología de transgénicos, pero estoy en contra de lo que se está haciendo en Cuba con la tecnología de los transgénicos porque lo que se está haciendo me parece que no está bien hecho, que lo podíamos hacer mejor  Yo soy partidario de una moratoria en nuestro país, deberíamos detener ahora la introducción, corregir el rumbo y pensar si es válida o no, qué introducción, cuándo, en qué escala, pero lo que está ocurriendo en este momento es que estamos entrando en una especie de patente de corso que abre las puertas al primer transgénico,  sin decir que se están abriendo las puertas al primer transgénico y eso tiene consecuencias de largo plazo.

Alina Pérez: ¿Cuáles son los riegos que tiene para la salud humana el consumo de alimentos transgénicos?, ¿cuáles han sido demostrados y cuáles resultan riesgos potenciales a largo plazo?

Fernando Funes: Antes de seguir con esta pregunta  quería decir algo que tenía preparado y se me olvidó decirlo, y es que el 22 de junio del 2010, el relator de las Naciones Unidas para la Alimentación, Olivier de Shutter, hizo una reunión de alto nivel en las Naciones Unidas donde reunió 25 expertos de la agroecología en el mundo, y hubo una Declaración de la importancia que tiene en el momento actual para la agricultura y la alimentación la promoción de la agroecología.  Qué sucede, que todas estas transnacionales han promovido los transgénicos, se han incrementado los rendimientos porque se ha incrementado la frontera agrícola también. Se han destruido bosques, se han desplazados agricultores que producían alimentos para alimentar a la población y, en el mismo periodo de tiempo, se ha prácticamente duplicado el número de hambrientos en el mundo, y ya se habla de mil millones cuando se esperaba que a estas alturas, con los objetivos del milenio, hubieran menos de 500  millones de personas hambrientas en el mundo. 

Hoy por hoy, los principales esfuerzos se centran en la inversión en tierras a gran escala. Ya  la empresa norteamericana Monsanto cotiza en la bolsa de Nueva York y la fundación Bill Gates ha comprado acciones. Especulan con la tierra y con los alimentos transgénicos que a fin de cuenta van a parar a alimentar animales o a producir biocombustibles, los cuales sabemos todas las implicaciones ambientales que tienen, pero la implicación más directa es sobre los precios de los alimentos que pueden ser variados en el momento que quieran estas transnacionales y por eso están especulando con la tierra, comprándole a los agricultores a $ 8,000 y $ 10,000 la hectárea de tierra en Argentina y en Brasil, y en todos los países y con todo ese poderío que tienen, van adueñándose de la cadena de alimentación, no solamente de la producción sino también de los medicamentos, de los insumos para producir los alimentos, etcétera, es una cadena de la cual ellos se han adueñado.

Dice el relator especial: “Hoy por hoy, los principales esfuerzos se centran en las inversiones en tierras en gran escala, incluyendo muchos casos de acaparamiento de tierra y en la implementación de un modelo de revolución verde que fomenta la producción de alimentos a través de la mejora de  las semillas, fertilizantes químicos y maquinarias. Sin embargo se ha prestado muy poca atención a métodos agroecológicos que han demostrado mejorar la producción de alimentos y proporcionar ingresos a los campesinos, protegen el suelo, reducen el hambre y se adaptan al cambio climático”. Este informe se los puedo dejar, aquí también se habla del potencial de  la agroecología para alimentar a la población mundial. También traía una información sobre la conferencia regional para América Latina y el Caribe del 26 de abril del 2010, donde se reconoce que en Centroamérica y el Caribe, los pequeños agricultores producen el 80 por ciento de los alimentos que consume la población. 

En Cuba, se ha demostrado que entre el 70 y el 75 por ciento de los alimentos que consume nuestra población, provienen de los pequeños agricultores que hasta hace muy poco tenían el 25 por ciento de la tierra cultivable. Tenemos una hectárea de tierra cultivable en buenas condiciones para cada dos habitantes en Cuba, es decir, una densidad bajísima, podemos producir suficientes alimentos con la tierra de que disponemos. Ahí viene la pregunta que hacía Carlos sobre si necesitamos transgénicos para producir alimentos en Cuba. Ya eso sería suficiente para no correr ese riesgo, y este sería uno de los argumentos que nosotros esgrimimos de la incompatibilidad de los transgénicos con la agroecología, en la medida que ellos no son necesarios, en nuestra opinión, para solucionar los problemas de la  agricultura y la alimentación en Cuba, que va más allá de una tecnología, sea transgénica o sea agroecológica, que se relaciona con la organización de todo el sistema agrario, del protagonismo que tengan los agricultores, del sistema de comercialización, de todas estas cuestiones que están bastante tratadas a través de la prensa. Un tema muy controvertido es el de la salud, de cuáles son los efectos de los transgénicos para la salud. 

Ha sido, como decía Carlos, un debate de ambos lados también. Unos dicen que sí y tienen la certeza y otros, que no, y tienen la  certeza. Los que dice que sí, que hacen daño, son cuestionados por  los que dicen que no, y tenemos suficiente información de que estas personas, por ejemplo, la investigadora rusa Irina Irmakova realizó una investigación muy extensa multigeneracional, a largo plazo, en la que demostró el daño que había en la fertilidad y en el retardo del crecimiento de los ratones alimentados con soya transgénica, y esta fue atacada fuertemente por los intereses de las transnacionales. Hay mucha evidencia creciente de estos científicos e investigadores que han hacho análisis profundos, desde nivel biomolecular hasta estudios sociales, de los efectos en la salud de los transgénicos. Todos ellos han sido atacados y han sido sacados de sus puestos de trabajo. No ha sido el caso en Cuba, hasta ahora los que nos oponemos a los transgénicos, incluyéndome, no hemos tenido ninguna represalia hasta este momento lo cual tenemos que reconocer.

Entre los riesgos más comunes y que han causado daños directos a la salud tenemos las alergias y las intoxicaciones. Hay varios eventos transgénicos prohibidos y sacados de circulación por sus efectos alergénicos. Estos ya han sido descritos por la ciencia en Estados Unidos, en Filipinas, en Europa. Hay otros riesgos como son: la infertilidad, la aparición de cáncer, disfusión endocrina, toxicidad hepatorenal, etcétera. 

En el libro de los transgénicos “Transgénicos: Qué se gana, qué se pierde. Textos para un debate en Cuba”, hay un capítulo dedicado a todas estas cuestiones de la doctora Mae Wuan-Ho, de un instituto inglés que se dedica a estos asuntos, y el capítulo de Alfredo Abuín que trata sobre la equivalencia sustancial de los transgénicos y sus supuestos equivalentes naturales. 

Yo le pediría ahora a Alfredo que intervenga en el debate sobre las particularidades de estos daños a la salud, daños probados y probables, y cuáles son las bases científicas que lo explican. Además, cuando hablamos de la salud, no solo debemos interpretarla atomísticamente como la salud y los efectos a la salud del ser humano o de un individuo en particular, sino a la salud ambiental y nuestra preocupación tiene que ver con todos los niveles de riesgo y de salud. Por ejemplo, ya hay evidencias sobre la pérdida del rumbo de las abejas y del trabajo que ellas realizan en los campos de cultivo. También ya se ha documentado suficientemente la cuestión de la contaminación transgénica en campos de colza en los Estados Unidos, lo cual trae una reacción en cadena imposible de parar hasta ahora y es que la colza transgénica se cruza con sus parientes silvestres que adquieren también resistencia a herbicidas. Esta se introduce en los campos de cultivos y los herbicidas  no pueden controlarla. La colza silvestre está constituyendo la principal plaga en campos de cultivo en el  norte y en muchas partes de los Estados Unidos. Como respuesta, aparece un herbicida que controla la colza resistente a herbicidas y así eso será la cadena que ya conocemos de la revolución verde, de los sistemas convencionales que cada vez necesitan una mayor cantidad de ingredientes activos de los plaguicidas y mayor cantidad en volumen para controlar las plagas. La presión de selección de un maíz resistente a la palomilla es mayor de que si se usa el Bacillusthuringiensis (Bt) para controlar la palomilla. 

Por lo tanto, esa palomilla, si está en poblaciones altas podrá generar resistencia más rápido al maíz FR-Bt1 genéticamente modificado para resistir a la palomilla. Es decir, que sí tenemos una tecnología que tuvo un costo, tendría que amortizarse, pero nadie podría asegurar en qué tiempo y si lo logrará. Yo no cuestiono que los investigadores del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología hayan hecho una investigación exhaustiva profunda pero hasta hoy yo no cuento, nadie ha tenido acceso; bueno las autoridades regulatorias si parece que han tenido acceso a esa información, pero nosotros ni la sociedad ha tenido acceso a esas investigaciones que se realizaron que demuestran la inocuidad de los transgénicos a la salud humana y al medio ambiente. 

Entonces estos asuntos de seguridad biológica tienen que ver con la salud humana, pero la salud vista de una manera más amplia y sobre todo, hay un factor muy importante que Carlos ya lo había tratado también pero que yo lo reafirmo y es los efectos a largo plazo. 

Estos mecanismos relacionados con la información genética de los organismos son muy sutiles y que pueden expresarse a corto o largo plazo. Generalmente, se realizan estudios multigeneracionales para ver cuáles son los efectos en la segunda y tercera generación, y ya ha habido estudios que han demostrado el efecto en la infertilidad de hámsteres y de ratas en la segunda y tercera generación, como producto del consumo de transgénicos. No tengo más que decir por el momento, soy agrónomo, no soy médico pero trato de interpretar todas estas cuestiones con las informaciones que hemos tenido. 

Al centro de seguridad biológica, en el contacto que tuvimos el 15 de septiembre, le proporcionamos toda esta información, porque nos dicen que no tuvieron la información necesaria para hacer el estudio de riesgo y tampoco la reacción que tienen en la actualidad de la comunidad científica cuando tuvieron que tomar las decisiones. 

Es decir, ahora ellos cuentan y así lo reconocen, con mayor  información para tomar una decisión más completa, ahora que se vence la licencia para  la liberación de esta variedad de maíz transgénico. 

Después,  cuando sea el debate, le pido a Alfredo que haga alguna precisión sobre el tema de la salud. Gracias.

Alina Pérez: Yo quería tomar una cita que hace Funes en el prefacio de este libro que dice: “La falsa  unanimidad resulta perniciosa y se omitieron estimular el debate sano de donde salen generalmente las mejores soluciones”*, citando a Raúl Castro en un discurso pronunciado en una sesión de la Asamblea Nacional en julio del 2009. 

En esta filosofía de debate quisiera que continuara este panel. El tema de los transgénicos ha despertado un debate ético entre sus seguidores y en tal sentido yo quería preguntarle a Carlos Delgado, desde la perspectiva de la bioética de la cual usted es un especialista, cuáles son los principios que se esgrimen en este debate?.Continuemos luego con lo que ya usted estaba planteando en relación a la información. ¿Qué papel le concede a la información a la población sobre estos temas a fin de favorecer un debate público que involucre a los consumidores, y que pueda contribuir a la toma de decisiones responsables sobre un tema tan sensible y de consecuencias a largo plazo.

Carlos Delgado: Yo creo que aquí precisamente la ética está presente porque automáticamente surge el problema de la toma de decisiones y que esa toma de decisiones sea una toma de decisiones responsable. 

Aquí hay un peligro enorme. El peligro de poner a la ética en una nueva inquisición. No necesitamos la ética para ponerle freno a la biotecnología, ni necesitamos la ética para ponerle freno a la ciencia y a la tecnología. 

Si vamos por ese camino erramos completamente. Tenemos una ciencia nueva en el siglo XX que empezó con 1905, teoría especializada de la relatividad; 1916 generalizada de la relatividad; en 1923, mecánica cuántica. 

La ciencia del siglo XX es una ciencia nueva. Yo creo que tiene tres rasgos que la distinguen con respecto a la ciencia anterior y esos tres rasgos generan un cuarto o esconden un cuarto.

Es una ciencia profunda, trabaja en los niveles básicos de la materia, de la energía, de la vida. No está en la superficie, no está trabajando cualquier sistema. Está trabajando los sistemas más profundos, por tanto, la afectación que hace a ese nivel tiene una potencialidad de multiplicación y de extensión que no la tenía la ciencia observacional del siglo XIX o del siglo XVII. Es una ciencia intensa porque lo que ella hace, lo hace para usarlo de manera intensiva. 

Nadie se puede engañar suponiendo que un adelanto científico tecnológico es para usarlo en el jardín de mi casa después de 50 años de investigación. No señor, es para usarlo de manera intensiva, no una vez, sino todo lo más que se pueda y es para usarlo de manera extensiva, allí donde existan las posibilidades. 

Esas tres variantes: extensión del uso del conocimiento, intensidad en el uso del conocimiento y profundidad del conocimiento, hacen que la ciencia del siglo XX sea una ciencia creadora: Ya no es una ciencia que me dice cómo es el mundo.  Es una ciencia que necesita decirme cómo es el mundo, pero necesita también decirme qué hago con el conocimiento que yo estoy obteniendo de esa ciencia y por eso, desde los años 40, se comenzó a formular la ética ambiental y en los años 70 emerge la bioética como una nueva reflexión ética. La bioética y la ética ambiental confluyen, por eso se habla mucho de una bioética global, siguiendo la tradición de Van Rensselaer Potter que se ha desarrollado muchísimo, sobre todo en nuestro país y en América Latina, porque el mundo anglosajón con el practicismo liberal la rechaza. 

Es una bioética comprometida con un cambio fundamental dentro de la ciencia. No es una ética para juzgar el conocimiento científico.  Es una ética que nace dentro de la ciencia para servir a la ciencia, no es para controlar, no es para regular, no es para prohibir, es para habilitar el conocimiento porque ya en la década del 60 nos dimos cuenta de que este mundo produce conocimientos a una velocidad que no es ni remotamente la velocidad que produce sabiduría  para manejar el conocimiento. 

Si necesitamos la bioética, si necesitamos una ética ambiental no es para tener ética o discurso ético, sino para tener un nuevo conocimiento que combine conocimiento científico y valoración humana. Eso significa que el objeto de la ciencia del siglo XX, aunque muchos científicos lamentablemente no lo reconocen, cambió. 

El objeto de la ciencia hoy no puede seguir siguiendo qué investigo, cómo es el  mundo. No me sirve esa ciencia.  Necesito esa ciencia que me pregunta por el qué, la pregunta por el cómo y la que me responda la pregunta cómo uso ese conocimiento. No hay neutralidad.

Por cierto, el marxismo fue el primero que dijo eso en el siglo XIX. La ciencia no es neutral. No pretendamos nosotros que la nuestra sea neutral desde esa perspectiva.  Ahí cambió entonces el concepto de responsabilidad, porque lo que estamos entendiendo por responsabilidad no es descubrir la verdad, no es dar el conocimiento completo, no es dar el conocimiento de la forma académica. 

Lo que estamos reconociendo por responsabilidad es hacer el planteamiento completo de cómo el nuevo conocimiento se inserta y transforma la sociedad. Eso es bioética. Eso es como lo que se plantea como la necesidad de una nueva ética científica; es decir, ni para prohibir, ni para censurar, sino para habilitar un conocimiento que sirva a la sociedad. Miren, la ciencia creadora es ciencia destructora. 

Estamos equivocados si seguimos pensando a la antigua en términos de la ética antigua: que el bien está a la izquierda y el mal está a la derecha, perdón, el mal a la izquierda y el bien a la derecha, entonces yo puedo elegir entre una conducta buena y una conducta mala. 

No es cierto, están juntos.  Están juntos en el ser humano, en la sociedad, en la comunidad, en la actividad humana y esa actividad manifiesta lo de malo o lo de bueno en la misma relación, no en relaciones diferentes; por eso hay que tener un cuidado extremo: La ciencia que nos dio el dominio del átomo hizo la bomba atómica. 

La que tiene el dominio del átomo crea mundo y destruye el mundo, y la que tiene dominio sobre  la fuerza genética de la vida, crea vida y destruye vida.  Esto es creación de vida aunque lo disfracemos. Un maíz modificado genéticamente o cualquier otro producto transgénico es un logro extraordinario porque es creación de vida, porque antes teníamos una especie o dos especies o tres especies, una de vegetal y otra de animal o de bacteria o de lo que fuera, y nosotros las mezclamos en el genoma para producir una cuarta que no existía pero que a partir de que la sembramos, va a tener existencia propia, es vida, se va a desenvolver por sí misma.

No la puedo parar, por eso en Cuba ya no se pudo parar que un agricultor que sembró el maíz a pesar de todas las normas y restricciones, cuando le dijeron me puedes dar una semilla, dice sí como no, te puedo dar una semilla, te puedo dar… eso te la puedo dar para que la siembres tú también. Violó una disciplina tecnológica, pero cómo él va a estar pensando en eso, la planta tampoco piensa en eso y cuando tenga condiciones la  semilla, va a germinar. 

Va a germinar a la orilla de una carretera o en el campo que no está previsto. Va a germinar con el control que le hemos puesto o sin el control que le hemos puesto y cuando exista la posibilidad se va a mezclar con otras especies, si existen, si no existen no se va a poder mezclar, porque en el desierto si no existen otras especies silvestres no se va a poder mezclar.  Entonces, el tema de la responsabilidad va de la mano con el tema del conocimiento. 

Tenemos que hacerlo juntos, se necesita una alianza entre el pensamiento humanístico y el pensamiento científico y todavía estamos divorciados.  Quizás la palabra divorcio no sea la mejor porque es que nunca estuvimos casados. El problema es que siempre hemos estado separados y así no sirve, por eso la bioética es una nueva ética. 

Es un nuevo pensamiento ético que es simultáneamente un nuevo conocimiento científico porque sin ciencia no hay bioética, entonces me voy un poquito a la pregunta anterior. Me duele mucho esa pregunta de los riesgos para la salud, los riesgos para el medio ambiente porque yo estoy convencido con todo elemento de convencimiento y un poquito de fe, no tanto de convencimiento empíricamente registrado, pero yo tengo la certeza hoy de que lo único que se puede decir con seguridad es que hay una incertidumbre general porque la ciencia es demasiado joven. 

Esta ciencia es demasiado joven y hace muy poco tiempo que se están dando los resultados, las consecuencias las podremos ver dentro de mucho tiempo, ahí tendremos las certezas, pero como todavía tenemos una postura dominante en la sociedad  de optimismo tecnológico, entonces automáticamente aparece quien dice “bueno, si mañana aparece infertilidad ya la ciencia resolverá el problema de la infertilidad”, pero falta investigación. A mi juicio falta mucha investigación todavía, falta mucho trabajo serio para poder adquirir un determinado nivel sobre el cual yo pueda tomar decisiones que pueda catalogar de responsables. 

No va ser responsable la decisión siempre que la tome un grupo, imposible. Por eso reitero que necesitamos información, pero necesitamos educación y la educación es un proceso intencional, no es espontáneo. Es un proceso en el cual nosotros debemos organizarnos como comunidad cubana, con la comunidad científica, entre los líderes de ese trabajo académico para producir una educación bioética en nuestro país para poder trabajar las nuevas tecnologías, que nos están rebasando. Yo no puedo evitar que se me erice la columna vertebral cuando llego a Cienfuegos y me siento en el malecón de Cienfuegos y veo el domo de la central nuclear, no puedo evitar erizarme, porque el accidente de Chernobil no se produjo porque los científicos estaban equivocados. 

La planta de Chernobil era una planta segura, la ciencia no estaba equivocada al decir que la planta era segura, pero que una planta nuclear sea segura no significa que están excluidas todas las posibilidades de accidentes, y si usted tiene una planta, usted tiene una probabilidad de accidente que puede ser como se decía para Chernobil, un accidente serio, no grande, serio en 10 000 años. Eso es para una planta, pero cuando usted tiene en un pequeño territorio mil plantas, se le cayó la probabilidad automáticamente a un accidente de 100 años. Entonces, la gran paradoja es que la ciencia teniendo la razón puede estar equivocada. 

La ciencia al decir Chernobil es seguro tenía la razón y sin embargo, estaba equivocada.  A ustedes le parecerá que esta es una contradicción muy grande lo que yo estoy diciendo, un total disparate, pero así es la realidad de la ciencia creadora.

Entonces, el tema de los transgénicos es similar o cercano en varios aspectos al tema de la energía nuclear. Yo no soy enemigo de la energía nuclear si existe quizás en un territorio extenso, pero en un país como el nuestro, ubicada en el centro y en el sur, como para que cuando irradie sea a todas partes, me parece increíble. 

En aquella época yo era un adolescente y la verdad era que lo aplaudía porque para mí era progreso. Era una postura completamente ingenua. Hoy tenemos otra tecnología con problemas semejantes o cercanos, las nanotecnologías.

Hoy estamos en el terreno de la nanotecnología y es así en cada una de las ramas del conocimiento científico contemporáneo, nos rebasa este problema de la responsabilidad. 

Miren, hasta por conveniencias, la responsabilidad tiene que ser social porque no puede dejar de ser la sociedad la que tome las decisiones, porque el riesgo no es que esto haga daño o que haga más daño o menos daño. El riesgo es que haya incertidumbre con respecto al futuro y por tanto, yo debo decidir como sociedad si vale la pena correr el riesgo con respecto al futuro y embarcarme en esta, en aquella o en la otra tecnología, y eso no lo estamos haciendo. Yo creo que por eso el debate público en función de la educación, no el debate por el debate; no el debate para estar de acuerdo con los problemitas o estar en contra, o para regresar como triunfador después de un encontronazo de puntos de vista. No, el debate para educar a la población y para buscar la forma de que se tomen decisiones públicas. Yo creo que eso es lo que nosotros necesitamos, y reitero que no hay otro país del mundo que tenga las condiciones que tiene Cuba para esto. 

Podemos hacerlo, podemos hacer la educación bioética. Tenemos los profesionales, tenemos el sistema social, tenemos la forma de la organización de la educación. Lo tenemos todo, pero aquí está faltando una cosa fundamental que se llama voluntad para echar adelante un proyecto de esa naturaleza. 

A veces tenemos voluntad para dedicar dinero para hacer una transformación a nivel de la célula, pero no tenemos la voluntad para hacer una transformación a nivel de las relaciones sociales, y eso es de lo que estamos hablando aquí porque estas son transformaciones de las relaciones sociales. Gracias.  

Debate María Victoria Luna: Soy del Instituto de Nutrición e Higiene de los alimentos. Quiero felicitar a los ponentes por su presentación y me parece muy interesante el debate que se ha presentado, pero quisiera dar mis puntos de vista también porque como se decía desde el punto de vista ético no existe la verdad absoluta y hay algunas acciones que se han dado en el país que creo que no son totalmente absolutas como se han planteado aquí. Creo que la evaluación que se ha hecho desde el punto de vista de nuestro país, existen una serie de resoluciones y hay dos centros que tienen que ver con la seguridad biológica a la cual hacía referencia uno de los ponentes. Existen una serie de procedimientos para poder liberar al medio cualquier tipo de agente bacteriológico y más de ese tipo de evento. Esas evaluaciones fueron tomadas tal y como establece la ley, que son resoluciones públicas, o sea se pueden consultar por cualquier ciudadano, no son privadas solamente del Estado y de la parte científica.

Desde el punto de vista de inocular a los alimentos que es el caso que compete a mi institución, también nosotros estamos adscriptos a la Organización Mundial de la Salud y a la FAO a lo que se refiere al Código alimentario, o sea, Cuba es miembro del COE alimentario, tiene un comité nacional del COE. 

Dentro de ese comité nacional del COE nuestra institución dirige el comité de normalización de alimentos obtenidos por medios biotecnológicos y ha adoptado mediante todas las evaluaciones, todas las consultas técnicas establecidas a través de todos los aspectos que conforman este Comité, que son de diferentes organismos de la administración central del Estado, que también participan los órganos de protección al consumidor, adscripto al Ministerio de Comercio Interior y también hay una ONG en nuestro país que se ocupa de estos aspectos. 

Por lo tanto, ha habido todas estas normativas que el COE alimentario es el órgano internacional que se ocupa de establecer normas para la protección de los consumidores  para la inocuidad de los alimentos y para  lograr prácticas equitativas en su uso; por lo tanto, basándonos en esas normas, también nuestra institución, el registro sanitario de alimentos que dirige la misma, evaluó todos  los aspectos requeridos para poder autorizar también la siembra de este maíz. 

Otro aspecto que quería plantear es que si bien es cierto de que no hay toda la información, creo que los transgénicos que se han hecho la sociedad debe discutirlos y que realmente nuestro sistema social permite eso, hay que buscar las vías y las propuestas  y creo que se han hecho acciones a en este sentido. 

El  Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología ha efectuado una serie de eventos cada dos años o algo así donde se ven estos aspectos éticos y participan científicos, no solo de Cuba, sino de otros países y esas Memorias también están dispuestas para conocimiento de todos. 

También hubo una Mesa Redonda de la cual el compañero anterior hablaba sobre todo lo relativo a la biotecnología.  Recuerdan que el año pasado se dio sobre los aspectos que están incursionando en el maíz y también se dio un curso en universidad para todos de los aspectos biotecnológicos para que se fuera conociendo por la población cubana, pero bueno comparto la opinión de los compañeros que debe profundizarse en esto. También quería hablar sobre la soberanía alimentaria, se ve desde distintos puntos de vista. 

Cuba participa también en diversos eventos que han habido sobre soberanía alimentaria para la posición esta de los transgénicos, de la semilla, para no repetir lo que hacen las trasnacionales. Muchas gracias.  

Alfredo: Buenas tardes, soy Alfredo, soy  médico, además especialista en bioquímica agrícola. Estoy en las dos partes porque como bioquímico conozco poco, pero mi especialidad tuvo que entrar un poco en este fenómeno, y por la parte médica estoy en el otro bando, que  recibo esos productos y tengo que enfrentar todos esos problemas que pueden generar esas tecnologías. Desde el 2005 me he tenido que actualizar sobre la dinámica de los genes de los organismos normales, no organismos transgénicos y cada vez aparecen nuevos procedimientos y hoy tenemos un gran desconocimiento de la esencia de la vida. El proyecto genoma humano terminó en el 2001, pero eso permitió descubrir solamente un proyecto en base a cuatro letras lo que nosotros somos. Eso no significa nada si conocemos o no como se mueve toda la dinámica. 

Se tenía la idea de que era un libro y que ahí la célula viva cogía el libro, y cogía lo que necesitaba la célula para producir, no es así. Ese concepto revisionista es el que está causando miles de errores. Los organismos genéticamente modificados son producto de este gran revisionismo científico y la dinámica que hay en los genes, por ejemplo, hace dos se descubrieron ARN y jamás se sabía la función que tienen y hoy en día se sabe que son ARN. Ese tipo de conocimiento hasta hace unos días no se sabía que ese gen tiene que ver con la transposición de los genes. Dos personas tienen una respuesta inmunitaria, por ejemplo, porque su aprendizaje genético es diferente. 

A mí me parece que hay mucho de ignorancia por la ciencia y yo estoy del lado de la ciencia para aventurarnos en esta.  Se ha podido hacer transgénesis humana y las consecuencias han sido muy malas. Ese es un conocimiento conocido porque si existe una buena tecnología, lo primero que tenemos que hacer es resolver todos los problemas genéticos de metabolismo que tiene la humanidad; sin embargo, eso no ha evolucionado. Aparece cáncer de un individuo que se hizo la transgenesia.  De esto hemos hablado. 

Es el dominio de la economía sobre la ciencia. De eso estamos hablando. Ese es mi punto de vista. Lo otro que quería preguntar, y me alegro que esté la compañera del Instituto de los alimentos, es que si hay estudios del maíz y ver qué grado de digestibilidad tiene esa proteína, si la proteína no se digiere bien. 

Quiero saber. Hay ya evidencias de muerte y estos organismos genéticamente modificados, creo que en un país asiático, que hubo muertes por la toxicidad producto de un tipo de proteína que puede producir esto. Hubo mucha gente que murió, que tuvieron una reacción alérgica severa y otros una reacción alergia menos severa. 

La evidencia de todo esto  creo que es tangible y además, esperada. Es inocular una transgresión genética, una tecnología que todavía no está depurada, que no se hace como la madre naturaleza, que yo creo que todavía no está a punto para extenderla a esta gran escala que estamos haciendo hoy y me preocupa mucho eso que no se estén cumpliendo las normas de seguridad.

Lo otro que quería preguntar es lo de las posibles implicaciones sobre la salud, hablamos de la inmunotoxicidad. 

Hay toda una ciencia que se llama ecotoxicología. Hay una sustancia que naturalmente no existe en el medio ambiente, que va transcurriendo por diferentes vías de mecanismos del paso de su fuente de origen hasta su sector final y eso llega hasta el intestino y produce un daño y se tiene muy bien esclarecido para tóxicos potentes de síntesis química.  Coincido en que la síntesis de los transgénicos es un poco más complicada, porque la ecotoxicología de los transgénicos siempre están creciendo. 

Hay cuestiones que haciendo cálculos numéricos la etiología molecular la tiene bien clara que es una ciencia que también se dedica a trabajar sobre estos temas y que yo no veo muy transparente y muy clara; ¿qué estamos haciendo con lo poco que tenemos de tierra para cultivar? Eso en un área extensa de una sabana de Estados Unidos, quizás se pueda controlar, pero pienso que tenemos tierra para cultivar pero no para una tecnología que no tiene sentido.

Fernando Funes (padre): Quiero hablar del tiempo que llevo en la agricultura, 50 años involucrado desde que era estudiante, pero también varios años más porque soy hijo de agricultores, de toda la familia dedicada al cultivo. Un poco por mi edad…  Tenía apuntado aquí.

Mi nombre es Fernando Funes, pero soy el original. Estamos abogando por lo que es un debate franco. Debemos ir a ese debate franco  y abierto, nunca antagónico sino consecuente y pensar que estamos hablando de una cosa totalmente multidisciplinaria hasta Carlos Borroto cuando se presentó en la Feria del Libro que estuvo presente allí, dijo que le ayudaba mucho el libro porque aprendía muchas cosas, aprendemos unos de otros. Siempre en un escenario, Carlos Borroto promovió algunas reuniones en las que yo asistí a algunas, pero me sentí muy mal porque era totalmente de un solo lado, cada uno exponía su criterio y siguió la cuestión. 

Se plantea que en la Facultad de Biología hubo un debate muy bueno también. En estos debates han faltado mucho los campesinos. En la Fundación “Núñez Jiménez” se hizo también un encuentro donde hubo un espacio bueno para este debate y había varios campesinos. 

Los campesinos juegan aquí un papel fundamental. Esta tecnología que ha estado tanto amparada, apoyada y financiada por las enormes transnacionales y que del otro lado están los campesinos. Yo por lo menos ando con gente basada en estas cosas, siempre me gusta estar al lado de lo que piensan los campesinos. Creo que su opinión es muy válida antes de entrar en las transnacionales. 

Esta transparencia es la que necesitamos y entendernos. En esta transparencia quisiéramos, de verdad, desde el punto de vista económico, saber cuáles son los resultados que se ha obtenido desde el principio, cuánto producen los transgénicos, porque tenemos muy  buenos resultados en este maíz sembrado por los campesinos con muy pocos insumos. 

Quisiera saber el nivel de recursos, una enorme cantidad de fertilizantes que se están aplicando, y una buena cantidad de agua que se le está aplicando, entre 20 y 22 riegos compañeros que eso no se le ha dado al maíz en toda su existencia.  Que utiliza una gran cantidad de productos que afecta mucho al suelo por sus características de monocultivo, etcétera.  No se tiene en cuenta el cambio climático, la energía, la eficiencia energética, de esto tiene que estar muy cuestionada y por la energía, no está solamente en que apaguemos la luz, la energía en los sistemas que utilizamos. 

Tienen que ir al ahorro de la energía que tengan eficiencia energéticamente que tengan eficiencia en la utilización del agua que está escaseando. Quería por último decir que Cuba está muy comprometida en la Cumbre de Cochabamba, Cuba firmó en la Convención de Cochabamba y había otros países allí. 

Yo veo desde hace poco tiempo que Cuba se pronunció en contra de los transgénicos y lo estamos haciendo, entonces tenemos cosas que tenemos que debatir. Nosotros aprendemos uno de los otros y ese es el debate social que tenemos nosotros que emprender en nuestra sociedad y nos sentimos muy bien en este Centro. Gracias

Ricardo: Soy del Instituto de la caña de azúcar. Soy agrónomo y genetista. En el desarrollo de la genética qué pasa? Que estamos desilusionando a la biotecnología, y queremos decir que somos defensores de la biotecnología. Voy a defender aquí a la ciencia cubana, a la genética cubana, la agricultura cubana. 

No voy a hablar de ningún nombre sino defender esas estructuras que tanta falta nos hacen. El maíz, viene la pregunta o el misterio, ¿hace falta un transgénico para que haya más maíz n Cuba? No hace falta. Por qué en Cuba no hay maíz,  porque no se siembra maíz. En Jiguaní producen dos toneladas de los maíces criollos de Cuba y tienen una tecnología preciosa, y si nos acercáramos más a ellos? Un compañero mío, Villa, hace 25 años fue a España y me trajo un libro, y en ese libro se hablaba de la agricultura antigua y decía las diferencias y semejanzas de un agricultor y un agrónomo científico. Yo estoy escribiendo sobre qué es un agricultor y un agrónomo científico. 

Un agricultor en su pedazo de tierra, en su zona es un agrónomo científico de ese lugar. Un agrónomo muy científico llega allí y no tiene toda la experiencia que pudiéramos tener, aunque somos unos analfabetos, pero cuando se unen esas experiencias del agrónomo científico y la del agricultor, es increíble lo que se puede obtener. Dice la FAO, que el hambre es un desastre silencioso. Para mí los transgénicos en la agricultura son un desastre, fantasma silencioso y obscuro. Por qué? Porque no sabemos nada de ellos.

 Entonces digo que estos maíces nuestros  o cualquier planta cubana en cualquier lugar que ya tiene una adaptación de cientos de años en un nicho X, una plantación o esos genes han tenido una evolución, y además por qué comemos nosotros tomates y no comemos otras cosas. Mira cuánta biodiversidad, cuántas cosas comemos que no se comen inclusive en Cuba.  

Edel Morales: Mi acercamiento al tema es desde las ciencias sociales y de las humanidades. Me parece que ha sido un día  maravilloso el tener tantos tecnólogos aquí porque creo que los biotecnólogos tendrán sus razones también.  Yo no creo para nada que por muy negativo que sea, no creo que ninguna unidad investigativa del polo científico sea como un arma del neoliberalismo, o de las empresas transnacionales, para nada.  

Si creo en cambio que pueden estar equivocados en algo, porque se necesita realizarse un acercamiento multidisciplinario y una coordinación científico y humanista de la ciencia de distintos ángulos y de sensibilidad de distintos ángulos para resolver el problema a fondo, como Carlos nos acercaba y creo que conviene cuidar promover espacios de este tipo que permiten tratar y conversar de ángulos distintos, para tratar de alcanzar algunos tipos de verdad entre todos. Yo creo que es la manera de construir un diálogo seguro para el futuro y el conocimiento de los transgénicos, de la nanotecnología, del estudio del cerebro, o de cualquiera de esos campos donde la esfera humana  se realiza y se desarrolla a través de la ciencia en los campos de la cultura o simplemente de la supervivencia comunitaria. En medio de la incertidumbre de siglo XXI, nadie tiene la verdad absoluta. 

La verdad se construye con acercamientos sucesivos desde las voces distintas que componen nuestro entorno.

Debate Carlos Delgado:  Solo quería anotar dos cosas, la primera con respecto a los eventos, alguien mencionó y hay que reconocer que esto nació bien, con un debate colaborativo. El evento que hubo en el Centro de Ingeniería Genética Biotecnología en la década de los 90, que fue un primer seminario donde hubo un primer encuentro, hubo diálogo, hubo comunicación.  Eso se perdió y es el momento de recuperarlo. 

Como después de eso hemos caído en un impas, en el cual el debate sencillamente desapareció porque se establecieron dos posturas, una, la ciencia que está a favor de los transgénicos otra, la seudociencia que está en contra.  Es una dicotomía falsa. Y en el momento que esa falsa dicotomía irrumpió en el debate, lo que  ocurrió en dos programas de Pasaje a lo Desconocido en la televisión en los noventa, probablemente de manera inconsciente, yo me llevo muy bien con Carlos Borroto, lo respeto muchísimo y no creo que haya en esto ninguna mala intención  ni cosa por el estilo. No puedo suponer semejante barbaridad, pero la realidad es que a partir de ese momento cualquier criterio contrario a los transgénicos se catalogó de criterio extremo pseudocientífico. En aquella época el programa de televisión tenía una réplica radial en Habana Radio, donde el público podía comunicarse e intercambiar, y varias personas intercambiamos. Y quedó claro allí que cualquier criterio en contra era un criterio que estaba equivocado. Se impuso un rasgo que es el cientificismo. 

Y si el punto de vista contrario estaba equivocado, ese punto de vista era dañino y había que evitar que esa persona confundiera a los demás. Con ese giro el debate degeneró hacia posturas autoritarias. 

En una lógica que suponía que, para que no confundan a nadie, evito que te manifiestes y que te expreses, y automáticamente junto con ese autoritarismo, un paternalismo, porque te impido manifestarte para protegerte, para que no te desprestigies. 

Eso vició el debate de una manera absoluta, se acabó cualquier vestigio de debate y ha comenzado en los últimos tiempos después de la publicación de ese libro, movido no por deseo de polemizar, sino por la fuerza de la conciencia propia de una parte de la comunidad científica cubana. La comunidad científica cubana tiene conciencia y esa conciencia no es reducible a lo institucional, rebasa lo institucional porque hay una profesionalidad  de la comunidad científica cubana o quizás debamos decir comunidad académica, porque están científicos y profesionales que no son estrictamente científicos pero están en muchos campos cercanos a la ciencia. 

Entonces, tenemos que ganar en salud en el  debate, yo creo que una manera de ganar salud en el debate, coincido con los demás compañeros, es bajando el nivel de confrontación y no tiene que haber ningún tipo de nivel de confrontación  porque además estamos haciendo un debate entre personas  de una misma nación y con más objetivos comunes que diferencias. 

Tenemos diferencias en algunos objetivos puntuales, técnicos, tecnológicos y de apreciación humana, pero tenemos coincidencia en un millón de cosas que están por encima de esas, entonces no hay razón para entrar en una confrontación. Ahora, pensando estrictamente como profesionales, cuánto defendemos cada uno de nosotros  nuestros resultados científicos. Entonces tenemos también que ponernos en el lugar de las personas que promueven esta tecnología, no son promotores de la misma manera que nosotros no somos detractores. 

Son personas con puntos de vista diferentes  y por eso es la importancia que tiene el diálogo. Ahora, es verdad que tienen que entrar los campesinos en el diálogo y tienen que entrar las eminencias grises porque no podemos ser ingenuos. Hay eminencias grises y con esto me refiero no solo a que sean negativas sino fundamentalmente a lo que está detrás.

El Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología y los investigadores no son promotores de los transgénicos porque quieran sembrar, pero si hay personas de diversos niveles de estructuración y en particular en el ministerio de la Agricultura que tienen sanamente que tener interés en esta tecnología. 

Yo no he visto todavía un pronunciamiento del Ministerio de la Agricultura al respecto, y eso me levanta sospechas.  Conozco casos específicos de personas a las cuales se les ha pedido criterio y dicen: “yo no conozco mucho sobre eso, nosotros no nos hemos pronunciado sobre eso”. Ese pensamiento implica un pronunciamiento porque es un dejar que las cosas estén en el curso que están. 

Por eso en ese texto yo escribí con toda responsabilidad que estamos en un escenario de aprobación, que deberíamos movernos a un escenario de de liberación y podemos entonces llegar a un escenario de responsabilidad. Cuando yo digo que no estamos en un escenario de responsabilidad, no digo que tengamos científicos irresponsables o que vayamos a criticar a nuestras instituciones científicas por falta de credibilidad.  Nada de eso, es que la responsabilidad se construye socialmente. Ya no tiene ningún sentido de pertinencia social esa responsabilidad que todos llevamos dentro de nuestro compromiso con la verdad, con la seriedad, solita no significa nada porque eso se queda dentro de las cuatro paredes de nuestra institución o de nuestro trabajo científico específico. Es responsabilidad de cara a la sociedad. 

Entonces como puedo hablar de una ciencia responsable cuando yo no puedo verificar los resultados. No hay una pregunta más difícil en el mundo contemporáneo, no solo en Cuba, que la pregunta por los rendimientos. Cualquier persona medianamente razonable que lee los informes sobre rendimientos se puede dar cuenta de que no hay un análisis de totalidad. 

Cada uno trata de ver el asunto del rendimiento desde su ángulo. Eso no es serio. 

Pero eso solo lo podemos resolver cuando sea responsabilidad de la sociedad, cuando la sociedad participe y entonces no queda más remedio que hacer las preguntas que yo no puedo hacer pero que pueda hacer otro y que no pueden surgir dentro de una institución académica. 

Nosotros respondemos a paradigmas, respondemos a ilusiones, porque la ilusión también acompaña al conocimiento científico y muchas veces no es que estemos en un error, que nos estamos ilusionando con algo y esa ilusión a veces se paga con una tecnología que el primer año es brillante pero al segundo, pues surge la pregunta ¿cuánto costó? La respuesta no puede ser el silencio. Por eso yo hablé de los tomates hidropónicos, para poner un ejemplo bien típico y bien conocido; además porque me lo recordó la carátula del libro, el tomate de la carátula. Sin hacer conclusiones, creo que si nosotros colocamos a la cabeza del debate la idea de que este es un problema social y por tanto que tiene que participar la sociedad, no que este es un problema técnico, el debate ganaría muchísimo y sería un debate y que sería productivo para el país y para el mundo entero. Gracias

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No hacen falta alimentos

Imagen de Lazaro Infante Quílez

No hacen falta alimentos transgénicos para que no exista hambre, las ampresas, entidades, laboratorios que utilizan este tipo de alimentos tienen el deber de informar a los posibles consumidores de qué estan comprando y consumiendo y debe haber simpre en una segunda opción un alimento igual natural.

Soy especialista en Alimentos

Imagen de gallo

Soy especialista en Alimentos de larga data y quiero saludar con humildad y optimismo al colectivo que hizo posible la feliz idea de este nuevo portal interactivo de comentarios así como la salida de este tema de los alimentos transgénicos que me apasiona, sobre el cual quisiera comunicar a cualquier interesado mi disposición, si me lo permiten, de compartir e intercambiar criterios e información por correo con toda la comunidad con acceso a Infomed. Mi correo es linogallo@infomed.sld.cu y el asunto transgénicos. Saludos nuevamente y muchas gracias, gallo

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