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Ciencia para la sociedad

Carlos Juan Finlay: una obra que perdura

"Las larvas de los mosquitos pueden ser destruidas en los pantanos, pequeñas acumulaciones de agua (…) con el uso metódico del permanganato de potasio o de cualquier otra sustancia parecida, con el fin de disminuir la abundancia de estos insectos”; así lo plasmaba en sus escritos el Dr. Carlos J. Finlay hace más de un siglo.
Carlos Juan Finlay: eminente científico. Foto tomada de: fineartamerica.com

"Las larvas de los mosquitos pueden ser destruidas en los pantanos, pequeñas acumulaciones de agua (…) con el uso metódico del permanganato de potasio o de cualquier otra sustancia parecida, con el fin de disminuir la abundancia de estos insectos”; así lo plasmaba en sus escritos el Dr. Carlos J. Finlay hace más de un siglo.

Pareciera reciente su formulación, pero la labor profiláctica del científico acerca de la eliminación del vector Aedes aegypti fue expuesta en 1898 ante la Asamblea de los Oficiales del Ejército y la Marina Norteamericana, en La Habana.

La propuesta contenía el camino a seguir; su plan para erradicar la fiebre amarilla: combatir el mosquito y aislar a los enfermos. La aplicación permitió, en solo siete meses, la desaparición de la terrible enfermedad de Cuba.

Pero muchos fueron los sinsabores. Para 1881, aquel hombre seguro y de ojos claros le había mostrado al mundo su talento cuando decidió compartir con la humanidad su teoría acerca de la presencia de un agente externo que transmitía la enfermedad.

Fue en la Conferencia Sanitaria Internacional, celebrada ese año en Washington D.C, donde Finlay representaba al Gobierno colonial, que por primera vez se conoció su teoría.

Aunque en ese momento no fue aplaudido y muchos lo tildaron de loco, Finlay no segó en el empeño. Su hipótesis fue divulgada solo en una modesta revista médica de Nueva Orleans, gracias a su colega Rudolph Matas, un recién graduado en Medicina; aun así el futuro le aguardaba.

A pesar de los calificativos de “El médico de los mosquitos”, el investigador continuó el estudio. La búsqueda comprendió la caracterización y seguimiento de más de 600 especies de mosquitos. Su consagración posibilitó identificar el agente transmisor del mal de la fiebre amarilla. Era la hembra del Aedes aegypti.

Los experimentos con voluntarios, realizados entonces, no solo le permitieron comprobar su hipótesis, sino descubrir que un individuo picado por un mosquito infectado, quedaba inmunizado contra futuros ataques de la enfermedad. El hallazgo viabilizó el nacimiento del suero contra la fiebre amarilla.

Para el mes de agosto el eminente científico presenta los resultados de sus experimentos ante la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana. Las evidencias de aquel estudio las regaló a la humanidad en el trabajo "El mosquito hipotéticamente considerado como agente de transmisión de la fiebre amarilla”.

Pero la demostración rompía con el paradigma científico existente hasta el momento, por lo que el silencio imperó nuevamente. La verdad echaba por tierra las teorías en boga y pese al esfuerzo de Finlay sus colegas apostaban por la duda.

MERECIDO RECONOCIMIENTO

A finales del siglo XIX Carlos J. Finlay preside la Comisión para el Estudio de la Fiebre Amarilla. En sus inicios (1880) la integraron, además del científico, otros tres doctores. Estudios clínicos de Urología, Anatomía Patológica y de Estadísticas fueron algunas de las prácticas que realizaron.

Además de pertenecer a la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, Carlos J. Finlay se encuentra entre los fundadores de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana. Se trata de la primera sociedad médica establecida en Cuba en la segunda mitad de 1879. Muchos de sus resultados científicos fueron publicados por la institución en los Archivos de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana.

Sustituyó al ingeniero Francisco Albear como director de la Sección de Ciencias de la Academia cubana, donde recibió, en febrero de 1895, la condición de Socio de Mérito. Para diciembre de 1901, la Sociedad de Estudios Clínicos le confiere el título de Socio de Honor.

Sus trabajos fueron publicados, además, en la revista Anales, de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana y en la Gaceta Médica de La Habana.

En 1900 Finlay sostiene un encuentro con algunos miembros de la Cuarta Comisión Médica del Ejército Norteamericano. Venían a Cuba a comprobar su teoría. Documentos, experiencias científicas y otras pruebas les fueron facilitadas por el investigador. Su actitud demostraba la altura de alguien para quien el bienestar humano superaba cualquier obstáculo.

La visita verificó de manera oficial la teoría lanzada casi 20 años atrás. La fase experimental desarrollada por el equipo resultó positiva. Sin embargo, para el descubrimiento surgieron entonces nuevos padres. Se trataba del Dr. Walter Reed, quien presidía la Cuarta Comisión Norteamericana, y pretendía adjudicarse el descubrimiento una vez comprobado.

Pero la historia desenmascara las tergiversaciones y para 1954 reconoció como el descubridor absoluto del agente transmisor de la fiebre amarilla al médico cubano: Carlos Juan Finlay. La confirmación tuvo lugar en Palermo, Italia, durante el XIV Congreso Internacional de Historia de la Medicina.

Pero el Sistema de salud pública cubano no solo debe agradecer a Finlay ese hallazgo. Su designación en 1902 como jefe de Sanidad del país, contribuyó de manera directa en la creación de un sistema para la salud pública cubana. Su teoría para el saneamiento del medio ambiente contra la fiebre amarilla se incluye en las campañas antivector y otras relacionadas con enfermedades epidémicas que impulsa durante ese período.

Un año después asume la presidencia de la Junta Superior de Sanidad. En la etapa que dirigió la sanidad (hasta 1909) fundó, además, la Escuela de Higienistas de Cuba.

Carlos Juan Finlay y Barrés se graduó como médico en marzo de 1855, en el Jefferson Medical College, de Filadelfia. Dos años después logra revalidar su título en la Universidad de La Habana. Inicia su actividad profesional en la especialidad de Oftalmología, junto a su padre, quien lo incorpora a la labor diaria de su consulta. Desde entonces, la investigación y la epidemiología le acompañaron.

Carlos había nacido en 1833, en Camagüey, en la zona nororiental de la isla de Cuba. Era 3 de diciembre, por lo que la fecha fue instituida por varios países de América como el Día de la Medicina Latinoamericana. En su honor el gobierno de la isla creó el Premio de Microbiología que lleva su nombre.

El título es entregado por la UNESCO cada dos años a investigadores que con su labor en temas relacionados con la microbiología, inmunología, biología molecular, genética y otras especialidades, hayan contribuido de manera destacada a la salud. Su objetivo es promover la investigación y los avances en la microbiología.

BIBLIOGRAFÍA
  • Carlos Juan Finlay Barrés, Ecured. disponible en: 9. www.ecured.cu/index.php/Carlos_Juan_Finlay_Barrés.
  • Carlos Juan Finlay, Wikipedia: Enciclopedia Colaborativa. disponible en: es.wikipedia.org/wiki/Carlos_Juan_Finlay.
  • Delgado García, G., Cuadernos de Historia de la Medicina. No. 65, p. 60.
  • Finlay Shine, C.E., Carlos Finlay y la Fiebre Amarilla. p. 30.
  • López Sánchez, J., Finlay. El Hombre y la Verdad Científica. p. 99, 171, 313, 314.
  • Rodríguez Expósito, C., Obras Completas de Carlos J. Finlay. Tomo I, p. 68.
  • sexto, L., (2011) "Carlos Juan Finlay" en Juventud Rebelde. 6 de mayo de 2001, p.11
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