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Cosmovisión

El credo del humanista

La concepción del mundo y de la vida de la persona que considera que el hombre, con su pleno desarrollo y felicidad, constituye el nivel cimero de la jerarquía de valores y representa el grado más alto de la evolución del planeta, se integra por un conjunto de convicciones fundamentales que orientan su vida y su comportamiento.
La actitud ante la vida incide en la salud y la felicidad. Foto tomada de: 2.bp.blogspot.com

Por: Dr. Gustavo Torroella (1918-2006)

Veamos como formularía, confesaría, su credo la persona humanista.

  • Creo en el mejoramiento humano pero no como ley fatal que se cumple inexorablemente, ni como un regalo que nos cae del cielo inevitablemente, sino como algo que tenemos que ganarnos a través del esfuerzo y del trabajo. Creo que cada hombre es capaz de mejorar su vida y de contribuir a hacer mejor la de los demás, si pone en ese empeño su inteligencia, su afán y su voluntad.

Esta creencia o filosofía, llamada meliorismo por nuestro pensador Varona, equidista y se opone tanto al pesimismo como al optimismo que tienen en común que son filosofías o concepciones del mundo que se basan en la creencia de que el mundo viene dado ya hecho bueno o malo, sin nuestra participación. Sin beberlo ni comerlo, nos encontramos con un mundo ya confeccionado, para tomarlo o dejarlo.

En cambio, el meliorismo cree que el mundo no está hecho ya ni tiene un destino prescrito sino que está haciéndose día a día por las decisiones y acciones de los hombres, en perenne evolución creadora, y su mejoramiento depende esencialmente de nuestra intervención, de nuestra conducta progresista, de nuestra actitud positiva y esperanzada, de nuestra buena voluntad y acción creadora, porque no estamos pintados en la pared del mundo, ni somos un cero a la izquierda en el acontecer del universo, ni espectadores pasivos que esperan el maná del cielo, sino que somos protagonistas, que significa ser luchadores, combatientes, autores de la historia.

Claro está, como el meliorismo considera que la historia no está ya escrita con caracteres de bondad (optimismo) o de maldad (pesimismo), sino que es ab initio tabula rasa para que la escriban los hombres, de ahí el sentido profundo de ser protagonista (de proto = primero y agoniste = luchador) que significa ser combatiente de primera línea en ese duelo de escribanos que escriben la historia: los de buena voluntad que aman y fundan o los de mala voluntad que odian y destruyen.

Y creo que el mejoramiento humano o de la calidad de vida se logra en la medida en que el hombre pueda satisfacer sus necesidades básicas o biológicas (que compartimos con los animales) y superiores o espirituales (específicas del hombre) que son las que motivan la realización de los valores del amor, la bondad, la verdad, la justicia, la belleza.

  • Creo que la satisfacción de las necesidades humanas depende en gran medida de nuestras circunstancias, de las acciones que recibimos del mundo, tanto del mundo físico como del sociocultural, y ambos mundos, los ecosistemas natural y social y los diversos sectores que los integran emiten constantemente acciones sobre el hombre, algunas de las cuales son denominadas “satisfactores” porque satisfacen las necesidades humanas —básicas o biológicas o superiores o espirituales— por lo que ejercen una acción beneficiosa sobre el ser humano al contribuir a su desarrollo y a mejorar su calidad de vida. Pero, en cambio, hay otras acciones externas que provienen de la naturaleza y de la sociedad que podríamos llamar “frustradores” porque malogran, frustran las necesidades humanas y constituyen los factores principales de los males e infelicidad del hombre y la causa esencial del deterioro de la calidad de vida al impedir o bloquear la satisfacción de las necesidades humanas.

El balance o saldo entre los “satisfactores” y “los “frustradores”, entre las acciones “benefactoras” que satisfacen las necesidades y las “malechoras” o frustrantes, determina el grado de la calidad de vida de una persona que podría representarse en la formula S/F que indica que la calidad de vida se incrementa o mejora en la medida en que la satisfacción (S) predomina y empeora en la proporción en que las frustraciones (F) prevalecen.

Hay que tener muy en cuenta que la satisfacción de las necesidades y el estado de eutrés o bienestar consiguiente no solo es el resultado del factor de las acciones externas, porque la vida es el producto de la interacción entre el hombre y el mundo, entre el sujeto y los objetos que le rodean de los ecosistemas natural y social.

Por lo tanto, para promover el desarrollo humano y mejorar la calidad de vida, se requiere una doble estrategia: mejorar las condiciones del entorno natural y social, favorecer el régimen social en que viven las personas haciéndolo más justo para las necesidades humanas, y también trabajar por la vía educativa mejorando las condiciones personales promoviendo una mejor salud integral y el desarrollo de las potencialidades.

Es obvia la íntima relación e interacción entre ambas estrategias, por ello, para mejorar la calidad de vida se requiere un enfoque sistémico en el que se complementen y articulen ambas vías, la social y la educativa, para promover un desarrollo humano integral.

  • Creo que el centro de la personalidad está en la voluntad que culmina con la ejecución y la actividad práctica y creo que, aunque esta es una de las mayores —o quizás la mayor— de las potencialidades humanas, es, sin embargo, una de las menos utilizadas.

Es característico de la voluntad que en ella se integren todos los componentes esenciales de la personalidad: el cognoscitivo, el afectivo o valorativo, el de autocontrol, y en la medida en que esta integración sea mejor, más óptima resultará la actuación del sujeto. Por lo tanto, para que la voluntad obre mejor es necesario que actúen concordantemente esos componentes de la personalidad en la forma siguiente: 1) que el componente cognoscitivo determine que el acto es sabio, acertado, eficiente; 2) que el componente emocional y valorativo determine que el acto sea bueno, valioso, virtuoso; 3) que el componente volitivo o de autocontrol sea fuerte, intenso y persistente.

Cuando falta alguno de estos ingredientes esenciales del acto volitivo, la voluntad está incompleta y deficiente. La voluntad pues acertada, buena y fuerte o persistente es el factor decisivo de la vida humana que determina el mejoramiento y la superación personal. Esta es una convicción fundamental del meliorismo. Por eso creo que la educación debería centrarse no en el saber, sino en el hacer y en el ser. El saber vale en la medida en que sirva para saber hacer mejor las cosas y contribuir al desarrollo humano.

  1. Creo que la mayor riqueza de una persona y de un país son las potencialidades, es decir las posibilidades y recursos que cada uno tiene para realizarse plenamente y que pocas veces se utilizan a cabalidad. Potencialidades de conocer al mundo, a los demás y a sí mismo, potencialidades de estimar y crear valores superiores y de darle un sentido a la vida, potencialidades para actuar, y transformar la realidad, potencialidades de convivencia amistosa y de comunicación eficiente, potencialidades para afrontar la vida y resolver los problemas que ella nos depara, en resumen, la potencialidad, la posibilidad de ser una persona realizada plenamente. Desgraciadamente, investigaciones efectuadas por antropólogos, psicólogos y pedagogos han revelado que como promedio, solo realizamos el 10% de nuestro potencial cerebral lo que implica que subutilizamos o perdemos el 90% del nuestra posibilidades de autorrealización.
  2. Creo, consecuentemente, que la tarea individual y social más importante es el desarrollo y utilización de las potencialidades humanas para que cada uno logre la óptima realización de sí mismo y alcance una vida más plena y de mejor calidad, lo que debería ser la tarea principal de la educación. Creo en la excelencia de una pedagogía del ser y del desarrollo humano que promueva la autorrealización de la persona y no creo en la pedagogía tradicional del saber por el saber que bloquea y frustra el crecimiento del ser humano, ni tampoco creo en las pedagogías parciales o fragmentadas que solo desarrollan aspectos separados o aislados del ser humano y carecen del propósito integrativo del desarrollo de las potencialidades humanas y de darle un sentido valioso a la vida.
  3. Creo que el objetivo primordial de la educación y la meta principal del desarrollo humano y personal es encontrar un motivo central para vivir, es darle un sentido o dirección a la vida hacia fines o valores importantes. Como decía Aristóteles: “Hagamos con nuestras vidas como el arquero hace con el arco: apuntar su flecha hacia un blanco o diana”. El peor mal, la mayor desgracia que le puede acontecer a una persona es carecer de sentido para su vida, de objetivos o metas valiosas a que aspirar, porque esa carencia ocasiona la mayor desdicha de nuestro tiempo: el vacío existencial, el no saber por qué y para qué vivir, el no tener valores superiores hacia los que trascender la vida.
  4. Creo que una de las fuentes principales de mayor felicidad o infortunio de la vida es la calidad de la convivencia y de la comunicación con las personas de los grupos en que vivimos y que por lo tanto un objetivo primario de la educación debería ser enseñarnos a convivir más amistosamente y a comunicarnos con mayor eficiencia. Creo que el mejor principio o norma para la convivencia es el legado milenario de las más antiguas religiones y filosofías morales o éticas y de perenne vigencia, aunque lo olvidamos frecuentemente: que se expresa en la Regla de Oro de las relaciones humanas: “Haz a los demás lo que quisieras que te hicieran y abstente de hacerles lo que no querrías que te hicieran”. Sencillo de decir y difícil de aplicar porque la educación tradicional le da prioridad a la enseñanza de las materias escolares pero posterga la materia más importante para aprender: la vida humana.
  5. Creo que la pedagogía del ser o del desarrollo humano, cuya realización es el mayor reto y el principal deber de los educadores para el próximo siglo, consiste, esencialmente, en enseñar a aprender a vivir, convivir y a vivir mejor, para lo cual la educación debe consistir fundamentalmente en propiciar, facilitar y promover los siguientes aprendizajes básicos para la vida, a través de los cuales se logra la plena realización de las potencialidades humanas y una mejor calidad de vida:
    • Aprender a autocuidarse y promover la salud integral;
    • Aprender a conocerse a sí mismo y a mejorar la autoestima;
    • Aprender a actuar, a elegir, a decidirse y a controlarse a sí mismo;
    • Aprender a orientarse, formar una jerarquía de valores o sentido de la vida y a elaborar proyectos de vida;
    • Aprender a convivir amistosa y cooperativamente;
    • Aprender a expresarse y a comunicarse con los demás;
    • Aprender a elegir pareja, profesión y amistades;
    • Aprender a emplear el tiempo libre de modo constructivo en actividades que contribuyan al desarrollo personal;
    • Aprender a afrontar la vida y resolver los problemas.

Todos estos aprendizajes son facetas de un único aprendizaje, el más importante de todos: aprender a vivir.

  • Todas las convicciones que constituyen este credo se resumen en un grupo de creencias o verdades vitales fundamentales que se extienden, penetrando y nutriendo esta obra, como la savia que, proviniendo de las raíces y del tronco del árbol, desciende, irriga y alimenta las hojas y frutos. Estas son:
  • La fe en el hombre, en sus enormes posibilidades y en su mejoramiento por la acción transformadora y creativa de la voluntad.
  • La convicción que la mayor riqueza de un individuo y de un país son las potencialidades del ser humano, entre las que están, como principales, la razón, la voluntad, el amor y la creatividad.
  • La convicción de que la tarea humana educacional y social más importante es el desarrollo y utilización de esas potencialidades humanas y darle un sentido u orientación a la vida hacia los valores superiores espirituales (la bondad, el amor, la verdad, la justicia, la belleza, la solidaridad humana).
  • La convicción de que ese desarrollo y autorrealización de las propias potencialidades se logra a través de una educación no para el desarrollo de las cosas, ni para la transmisión de meros saberes, sino para el desarrollo del ser humano, mediante un sistema de aprendizajes básicos para la vida, con lo que se alcanzaría la plena realización del ser humano y una mejor calidad de vida.

Comentarios

Muy oportuno y reflexivo el

Imagen de Miguel Sanchez

Muy oportuno y reflexivo el tema, necesario como combustible que alimenta nuestro quehacer. No he tenido la oportunidad de conocer la obra del Dr. Gustavo Torroella, me gustaría poder acceder a la misma, estaría muy agradecido si me pudieran ayudar al respecto.

El empeño de mejorar nuestro

Imagen de Max

El empeño de mejorar nuestro sistema de salud encuentra, a mi entender su fortaleza en el entusiasmo, seriedad y exigencia hacia una responsabilidad de cada cual en el lugar o tarea que desempeñe pero también aprecio un discurso a veces demasiado formal y divorciado de la confianza en el ser humano, me refiero a los propios trabajadores de la salud, creo que lo fundamental es creer en la capacidad de amar el trabajo que tenemos y reforzar esa parte, estimo y sugiero que el dirigente de salud debe ganar corazones a la par que se es enérgico pero enérgico nada mas no, no no eso no conduce a nada bueno ... salvo al formalismo, lo mismo sucede con la promoción hacia la población si no lleva corazón se hace formar. Creo que si nuestros líderes formales fueran cultivadores del amor y lo demostraran cada cual saldría a hacer vida, salud, no metas. He quedado extasiado con el vuelo humanista de este artículo de usted.

Excelente artículo sobre la

Imagen de Orlando Cordero Averoff

Excelente artículo sobre la praxis de la visión humanista y sobre la adquisición de esta filosofía para integrarla a la vida humana a nivel individual y social.

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