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Juventud y salud

Proyecto de vida en los jóvenes

La Juventud, período etario de impresionante vitalidad y dinamismo, constituye uno de los más importantes momentos del ciclo vital de las personas en el que los proyectos de vida se convierten en importantes dinamizadores del desarrollo personal y social.
Los proyectos comunitarios forman parte del proyecto de vida de los jóvenes cubanos. Foto de: Sandra Fernández Hernández

Decir juventud es referirse a una etapa muy significativa de la vida, pletórica de energías y de vitalidad, henchida de sueños, metas y proyectos, en la que está implícito el experimentar, innovar y transformar el mundo para mejor.

La juventud constituye un momento del ciclo vital en que se está expuesto de manera muy sensible a modificaciones del entorno social e individual, que convoca a convertirse en agente protagónico de cambio social, en contradicción no necesariamente antagónica —aunque SÍ, cuando fuere necesario— con arcaicas reglas del mundo adulto y con el orden social establecido. Es ciertamente la juventud la etapa del ciclo vital que mayores potencialidades tiene de romper los estereotipos de la reproducción social al estilo de “más de lo mismo”.

Es característico de la juventud la emergencia de la concepción del mundo como configuración psicológica derivada de la creciente madurez psíquica y el pensamiento conceptual, así como una fuerte necesidad de autodeterminación, que permite al joven procesar y consolidar juicios propios en las esferas de la familia, la pareja, la ciencia, la política, la moral y la vida social en general. Tales referentes se convierten en moduladores efectivos del comportamiento, y conducen a la definición de objetivos y formulación de estrategias para la consecución de lo que ha dado en definirse como proyecto de vida

JUVENTUD Y PROYECTO DE VIDA

Un proyecto de vida es un constructo que define al conjunto de conocimientos, emociones, acciones, motivaciones, etcétera que, de manera coordinada, buscan el logro de determinadas metas, propósitos u objetivos específicos de importante sentido existencial situados en una perspectiva futura. Es, en otras palabras, la dirección e itinerario que una persona establece para la construcción de su propia existencia, y esquema a seguir para la consecución de sus sueños y anhelos.

Un sólido proyecto de vida es un camino para alcanzar una meta, matizado por un cierto estilo personal y un modo de llevar adelante las acciones que conforman y brindan sentido a la existencia, al tiempo que incrementa la autoestima y la sensación de realización personal, con el consecuente impacto favorable para el bienestar y la salud. Una persona sin proyectos de vida o con pobreza de ellos, es veleta sin rumbo, de inútil existencia y frágil bienestar.

Un proyecto de vida se caracteriza por su dinamismo y complejidad, no es algo homogéneo de claro programa para su implementación y de cómodo camino para su materialización; un proyecto de vida supone la apuesta por determinadas metas y el descarte de otras, lo que implica conflictos existenciales que pueden evocar emociones movilizadoras y gratificantes, pero también emociones  dolorosas, sobre todo cuando el logro de los propósitos más importantes supone la renuncia a cosas no menos importantes, pero incompatibles con las miras esenciales.

Pero, en cualquier caso, lo deseable es la movilización activa de la persona en la búsqueda de sus anhelos, alejada del paralizante estado de indecisión, definido por el neologismo “nohacernadismo”, en que la persona “nada hace”, pospone cualquier acción e incurre en la ingenua utopía de “esperar y creer que el tiempo se encargará de poner en orden las cosas, obviando que “los problemas se resuelven, no se disuelven”.

Añádase a lo anterior que ningún fenómeno humano puede verse y comprenderse al margen del escenario social en el que tiene lugar; de esta manera, idealmente las personas pudieran construir su proyecto de vida en un contexto de oportunidades que favorezca e incentive el logro de determinados propósitos repletos de espiritualidad y realización personal. Pero puede tratarse de escenarios más hostiles que reduzcan los propósitos a estrategias más inmediatas y pragmáticas de sobrevivencia y la posposición de otras metas.

Pueden, por otra parte, existir también fuertes presiones del entorno social o familiar para determinar desde fuera el proyecto individual, paralizando, violentando o confundiendo al joven en sus reales propósitos y metas. De no resolverse tal situación, muchos años después ello se convierte en triste fuente de “mutilados emocionales”, cuando al joven le faltó coraje y energía para seguir sus propios proyectos y los sacrificó en aras de las demandas de los demás.

Dentro de lo que ha dado en definirse como Psicología Positiva, tendencia que se ocupa del estudio de las bases del bienestar psicológico y de la felicidad, así como de las fortalezas y virtudes humanas, están comprendidos dos motores sustanciales para el logro de un proyecto de vida: la esperanza y el optimismo.

La esperanza, elemento decisivo para emprender cualquier intento de cambios conducentes a la prosperidad, siempre alineada hacia un futuro de mejoría matizado por la expectativa de que las cosas se despejarán de forma favorable, aun temiendo lo peor. Así, la esperanza no solo es proyectada al futuro, sino a un futuro concebido como positivo, lo que potencialmente brinda a la persona una visión optimista de la vida que le hace ir adelante, sobreponerse a los obstáculos, no rendirse, y pensar y luchar por un futuro mejor.

Por su parte, el optimismo es una de las fuentes primordiales de la “automotivación”, en tanto promueve la persistencia de ir tras las metas y propósitos implícitos en un proyecto de vida a pesar de obstáculos e infortunios, haciendo que la persona no opere por miedo al fracaso, sino por la expectativa de éxito (mayor focalización en las oportunidades que en las amenazas) y considerar que los contratiempos se deben a circunstancias manejables, más que a fallas personales.

PROYECTO DE VIDA DE LOS JÓVENES EN LA CUBA DE HOY

Se impone ahora una práctica y concreta mirada a las preocupaciones existenciales y juicios de valor de la juventud, sobre cómo organizar y fraguar su proyecto de vida desde la perspectiva histórica de lo cotidiano en la Cuba de hoy, donde se entrelazan complejas condiciones económicas, políticas y sociales, que exigen una necesaria voluntad de transformación que convoca a una nueva y creativa actitud en el pensar, el sentir, el decir, el hacer y el desear.

Al respecto, hay asuntos relevantes a los que no se debe dejar de prestar atención, resultados de recientes investigaciones en que se han observado señales de temas alarmantes en los jóvenes:

  • Manifestaciones de una concepción de inmediatez o presentismo en sus proyectos de vida, donde las metas están representadas por objetivos elementales y muy próximos en el tiempo:
  • presencia de un por ciento no despreciable de jóvenes que no ven satisfechas sus necesidades con el percibido mediante el trabajo que realizan.
  • Creciente consumo de entre adolescentes y jóvenes, cuyos efectos, a no muy largo plazo, resultan devastadores.
  • Finalmente, un tema sumamente sensible y que no admite dilaciones es la elevada presencia en los proyectos de vida de buena parte del sector juvenil, fundamentalmente en sectores más instruidos y de buena integración social aunque no solo en estos, de fuertes motivaciones migratorias.

No obstante, resulta legítimo y deseable alejarse de cualquier mirada fatalista —¡que siempre han existido!— de la juventud, porque esta es la fuerza más dinámica y creadora de la sociedad. Más allá de inevitables imperfecciones y máculas, hay en ella un respetable potencial de crecimiento en el que resulta legítimo creer y por el cual apostar, cuando se empeña en construir su proyecto de vida en aras de un futuro mejor y mayores niveles de bienestar.

Lograrlo no debe quedar solo en manos de los jóvenes, es tarea conjunta de todos, y no se me ocurre mejor recurso para reafirmarlo, al tiempo que para despedirme, que una frase de Víctor Hugo (1802-1885) en la que señala que “en los ojos del joven, arde la llama; en los del viejo, brilla la luz”.

BIBLIOGRAFÍA
  • Colectivo de Autores (2001) Lectura de la realidad juvenil cubana a principios del siglo XXI. Centro de Estudios sobre la Juventud. Editorial Molinos Trade.
  • Domínguez, G L. (1990) Psicología de la edad juvenil. La Habana, Cuba: Editorial Pueblo y Educación.
  • Fernández, Lourdes (2003). Pensando en la personalidad. Editorial Félix Varela
  • Goleman, Daniel (1995). Inteligencia emocional. Argentina: Kairos
  • La Fuente, Yanayka de la Caridad (2012) Trabajo de Diploma. Facultad de Psicología, Universidad de La Habana.
  • Martin, C. (2000). Cuba: vida cotidiana, familia y emigración. Trabajo de Doctorado. La Habana. Facultad de Psicología. Universidad de La Habana.
  • Pérez Suárez, Liana (2011) Pintando a la psicología de color esperanza. Una aproximación a la esperanza en la ciencia psicológica. Trabajo de Diploma. La Habana: Facultad de Psicología. Universidad de La Habana.
  • Sheldom, Kennon M. y King, L (2001) Why Positive Psychology is necessary. American Psychologist, vol. 56 (3). 216-217.

Comentarios

esta muy bueno e interesante,

Imagen de osiel

esta muy bueno e interesante como ven los proyectos de vida desde lo general y lo relacionan con la juventud cubana. me gustaría que trataran con más énfasis en las esferas de los proyectos de vida como lo profesional, la familia, entre otros por lo que le sugiero autores como Ovidio D` Ángelo Hernández, Laura Domínguez García, Lourdes Ibarra Mustelier, Jorge Del Pino Calderón, Misleisy Arzuga entre otros.

Estoy haciendo una

Imagen de maritza Martinez

Estoy haciendo una investigación sobre familia y proyecto de vida en un zona rural de mi país, me gustaría suscribirme y contar con material al respecto. felicitaciones por estas publicaciones. saludos

Hola Maritza, en nuestra

Imagen de Sandra  Fernández Hernández

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