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Consumo de alcohol y adicción

Alcohol, cuanto menos mejor

No existe un límite de seguridad de consumo de bebidas alcohólicas que pueda garantizar la ausencia de efectos adversos consecutivos a dicha ingestión pues cada persona y circunstancias son únicas.
El consumo frecuente de bebidas alcohólicas daña seriamente la salud. Foto tomada de: Agencia Cubana de Noticias
Por: Juan Emilio Sandoval Ferrer

 

Existe una familia de compuestos químicos orgánicos llamados alcoholes, entre los cuales el más conocido es el etílico o etanol, componente fundamental de las bebidas alcohólicas, que son aquellas que tienen una cantidad igual o superior al 1% de esa sustancia entre sus ingredientes.

Las bebidas alcohólicas, según su modo de obtención, pueden ser fermentadas cuando proceden de frutas o granos (uvas, manzanas, cebada...) sobre los que actúan levaduras microscópicas y permiten obtener los vinos, sidras y cervezas; o destiladas, cuando por acción del calor se elimina parte del agua contenida en las bebidas fermentadas, y poseen una mayor concentración de alcohol, como ocurre con el whisky, cognac, rones y aguardientes.

El alcohol es soluble en agua, y una vez ingerido atraviesa fácilmente las paredes del estómago e intestino delgado por un sencillo proceso de difusión, es absorbido y a través de la sangre llega a los distintos tejidos y órganos del cuerpo. Su concentración en la sangre se llama alcoholemia y puede variar por diversas circunstancias como las siguientes:

  • Aumenta en proporción con la cantidad de alcohol ingerida, con el consumo continuado, a cortos intervalos o con rapidez.
  • La ingestión alcohólica durante o después de las comidas puede retardar el máximo de alcoholemia entre una y tres horas; en ayunas el alcohol se acumula en sangre rápidamente en sólo 15 a 30 minutos.
  • El consumo de bebidas de baja gradación, en pocas cantidades, lentamente y asociada a las comidas causa una elevación de la alcoholemia menos brusca y su descenso es más rápido.

Es útil conocer que hasta la actualidad no existen medicamentos, sustancias o procedimientos que garanticen que en una persona pueda acelerarse la eliminación del alcohol consumido.

MITOS Y REALIDADES

En las diferentes culturas existen creencias populares o mitos relacionados con el alcohol. He aquí las respuestas a algunos de los más difundidos:

  1. ¿Es una droga? Sí. Al igual que otras sustancias llamadas psicoactivas o drogas, el alcohol modifica el funcionamiento del sistema nervioso, produce cambios en la personalidad y la conciencia, con consecuencias nocivas para el individuo, la familia y la sociedad. Su consumo prolongado puede llevar a una necesidad progresiva de consumir cantidades cada vez mayores para sentir los mismos efectos y a la aparición de molestias físicas y psíquicas cuando se suprime dicho consumo.
  2. ¿Es un alimento? No. El alcohol sólo aporta calorías vacías, no tiene valor nutritivo para el crecimiento y mantenimiento de la salud. Además irrita las paredes del tubo digestivo, agota las reservas de ciertas vitaminas e interfiere con la absorción de los verdaderos alimentos.
  3. ¿Es un estimulante? No. Realmente es un depresor del sistema nervioso, primero actúa sobre las zonas del cerebro que controlan el juicio, razonamiento, comprensión y otras altas funciones intelectuales que regulan la conciencia humana, la persona se desinhibe y aparecen emociones, sentimientos y conductas impredecibles muchas veces inadecuadas con expresiones de euforia, tristeza o agresividad. Al deprimir otras áreas del sistema nervioso provoca trastornos en el lenguaje, el control y coordinación de los movimientos y según la cantidad ingerida puede llegarse a límites peligrosos de intoxicación, coma alcohólico y muerte.
  4. ¿Es bueno para combatir el frío? No. El alcohol dilata los vasos sanguíneos de la piel y nos da una sensación de calor pero realmente la temperatura del cuerpo baja cuando la superficie de la piel caliente entra en contacto con el ambiente más frío que nos rodea.
  5. ¿Mejora la sexualidad? No. La acción del alcohol sobre los sistemas nervioso y endocrino interfiere con los centros que regulan la respuesta sexual humana, la producción y acción de algunas hormonas sexuales, favorece la aparición de impotencia sexual, la incapacidad para experimentar el orgasmo y otras alteraciones en el funcionamiento sexual de la pareja desde el punto de vista físico y de interacción psicológica.
  6. ¿Aumenta la energía? No. Aunque momentáneamente la persona se sienta estimulada, el alcohol disminuye la capacidad de reacción psíquica, reduce la energía y la fuerza muscular como consecuencia de su acción sobre el sistema nervioso y el metabolismo del azúcar sobre el tejido muscular.
  7. ¿Es un medicamento? No. Hasta la actualidad no se ha comprobado científicamente que el alcohol cure ninguna enfermedad, por el contrario, es factor de riesgo de distintos problemas de salud y sí existen verdaderas medicinas que son más efectivas, seguras, poco tóxicas y sin riesgo de dependencia para prevenir y combatir determinadas enfermedades.
  8. ¿Las personas que “asimilan o aguantan mucho alcohol” nunca se vuelven alcohólicas? No es cierto. “Aguantar más alcohol” no es motivo de orgullo sino de engaño. El consumo excesivo y prolongado de esta sustancia va “obligando” al organismo a requerir cantidades crecientes para sentir los mismos efectos, a esto se le llama TOLERANCIA AUMENTADA y desencadena un mecanismo adaptativo del cuerpo hasta que llega a un límite en el que se invierte la supuesta resistencia y entonces “asimila menos”, por eso tolerar más alcohol es en sí un riesgo de alcoholización.

Cuando una persona ingiere cantidades de alcohol que rebasan su capacidad de oxidación y eliminación en el organismo, este se acumula en la sangre y llega a distintos órganos fundamentalmente del Sistema Nervioso Central y provoca alteraciones psicológicas importantes que se conocen como Intoxicación Alcohólica Aguda, Embriaguez o Borrachera.

Esto puede ocurrir en cualquier individuo sin que por ello se pueda “etiquetar” de alcohólico, aunque la frecuencia creciente de este estado —cuando se pierde el control del consumo— es uno de los elementos diagnósticos de este problema médicosocial. Hay que tener presente que la embriaguez en alguien no alcohólico puede provocar síntomas y consecuencias tan graves como los presentes en un enfermo dependiente del alcohol.

La severidad de la intoxicación suele ser proporcional a la cantidad de alcohol en sangre, según aumenta esta alcoholemia se afectan distintas zonas del Sistema Nervioso Central y podemos encontrar una embriaguez ligera con cifras de 1 gramo por mililitro hasta el llamado coma alcohólico si esta cifra supera los 3 gramos por mililitro de alcohol en sangre.

Existen ocasiones en las que acostumbramos a realizar el recuento de los éxitos y a establecer nuevos compromisos en el medio laboral, se incrementan las reuniones familiares y el intercambio con amigos y vecinos en un ambiente festivo donde suelen estar presentes las bebidas alcohólicas. Las personas que tienen comportamientos saludables son aquellas con capacidad de autocontrolarse, abstenerse de beber o reconocer responsablemente la cantidad y el momento en que deben limitar o suprimir la ingestión de alcohol para no transitar por las etapas que llevan a la embriaguez y sus lamentables consecuencias.

Como dice el refrán “el buen perfume viene en frasco pequeño” por eso invitamos a recordar que SI DE ALCOHOL SE TRATA, CUANTO MENOS MEJOR. Quien lo intente podrá comprobar las ventajas de disfrutar con mayor conciencia su capacidad de brindar y recibir auténticas muestras de amistad, solidaridad y amor.

 

NOTAS
Cortesía de la sección Salud del periódico Trabajadores.

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