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Plantas medicinales y literatura

Primeros libros de Fitoterapia: el poder escrito de las plantas

Desde los tiempos más remotos de la antigüedad, el hombre se ha interesado por conocer y estudiar los efectos curativos de las plantas, tal ha sido su preocupación que varios pueblos incluyeron el uso de sus aplicaciones en textos fundamentales o monumentos sagrados.
Los efectos curativos de las plantas han sido estudiados desde la Antigüedad. Foto de: Cyda Godoy Xamã

Por: Luis Jesús González

Tal vez la observación de los hábitos de los animales fue el punto de partida para que el hombre añadiera al valor alimentario de las plantas la posibilidad de aliviar sus dolores y hacer más agradable su existencia. Pero el conocimiento no quedaría sólo en la memoria, con el desarrollo de la humanidad llegarían los libros, convertidos con el tiempo en almacenes de sabiduría.

Si imposible es conocer el nombre del iniciador, al menos sabemos de la existencia de referencias en tempranos textos como el “Código Hammurabi”, elaborado como Ley Fundamental del pueblo babilonio casi dos mil años antes de nuestra era. También el empleo terapéutico de las plantas quedó en las inscripciones hechas en las piedras de diferentes monumentos y otras piezas arqueológicas, entre ellas las pirámides del antiguo Egipto.

Objeto de adoración religiosa o remedio de variadas dolencias en diferentes latitudes, los “poderes” sobrenaturales atribuidos a los componentes de la flora natural comenzaron a difundirse gracias a un grupo de héroes de la ciencia, que, en ocasiones, sin más método que la reproducción gráfica y la recopilación de experiencias personales o ajenas, hicieron posible la consolidación de múltiples conocimientos, base indiscutible para la actual Farmacología.

Lamentablemente todo este caudal de conocimientos no ha llegado hasta nuestros días en su forma original y muchas de las versiones que conocemos carecen de los términos y procedimientos originales, perdidos en una larga cadena de traducciones.

Hasta tanto se demuestre lo contrario, el manuscrito más antiguo que se conoce "Historia plantarum" pertenece al filósofo y naturalista griego Teofrasto (372-287 a.n.e.), uno de los discípulos de Aristóteles, quien clasificó cerca de 500 plantas, las que dividió en grupos según su apariencia física (árboles, arbustos, frutos, hierbas) y distinguió las que crecían silvestres de las cultivadas. A este herbario, como reporta Plinio en el siglo I d.n.e., le siguieron otros muchos, desgraciadamente perdidos en los avatares del tiempo, de autores menos conocidos como Crateo y Diocle.

Años más tarde, un médico militar griego nombrado Pedanius Dioscórides, quien se desempeñaba al servicio de los emperadores romanos Claudio y Nerón, convirtió las experiencias acumuladas como cirujano a lo largo de varias campañas militares en las Galias, España y el norte de África, en el primer tratado con fines terapéuticos. En este fueron registradas más de 70 especies y sus aplicaciones curativas.

Escrito originalmente en griego, el libro fue traducido al latín bajo el título “Della Materia Médica” y por varios siglos se le consideró una obra de obligada consulta. Lamentablemente, el texto original, o sus versiones más próximas, han llegado mutilados a nuestros días, y de la obra escrita por Dioscórides sólo se conserva una versión denominada “Códice Vaticano”, donada por el Cardenal Fabio Chigui, quien en 1655 fuera dignidad papal bajo el nombre de Alejandro VII.

Ante la diversidad y popularidad de las obras de su creador, todos los textos atribuidos a este médico griego recibieron su nombre a manera de homenaje, razón por la que la Biblioteca Nacional de Austria ostenta la posesión de la única obra plenamente consignada a Dioscórides: el denominado “Códice de Juliana Anicia” , también conocido como “Vindobonensis Medicus Graecus” o “Vienna Dioscóride”, cuya escritura se remonta al siglo primero de nuestra era y clasifica como el más viejo y más valioso trabajo completo de la historia de la Botánica y de la Farmacología, en el que aparecen más de 600 ilustraciones, identificadas en griego por el monje Isidoro de Ruthens en el convento de San Juan Bautista de Constantinopla siglos después de su creación.

Reproducida en Bizancio y más tarde traducida al latín, la obra de Dioscórides “Della Materia Médica” ganó en difusión al llegar a manos de los árabes, quienes la tradujeron nuevamente y la popularizaron a mediados del siglo IX por todo el sur de Europa, el norte de África y el Medio Oriente.

En Constantinopla, el médico paduano Pietro d’Abano la conoció en su versión original y la comparó con las enseñanzas del griego Galeno, con la que realizó una nueva fusión bastante distorsionada que tradujo al latín, lengua a partir de la que se realizaron un sinnúmero de versiones, cada una a criterio de escribas y traductores.

Durante la Edad Media, la Iglesia Católica atesoró las principales fuentes de conocimientos, al mismo tiempo que el oscurantismo religioso restringía la divulgación de la sabiduría acumulada por la humanidad a lo largo de siglos, lo que redujo el conocimiento de los estudios realizados con anterioridad por los padres de la Fitoterapia.

Aún en estas circunstancias, el uso de las plantas con fines medicinales dependió más de la cultura popular que de los textos heredados de los estudiosos griegos, ya que la medicina empleó como fármacos, diversas especies suministradas por vía oral en forma de infusiones o tisanas, de modo que en ocasiones, el éxito de un tratamiento dependió más de la cuidadosa y precisa selección de las partes del vegetal, que de la actividad de médicos y farmacéuticos.

Con la creación de la imprenta de tipos móviles en el siglo XV, impresores alemanes rescataron algunas piezas de la obra del médico y naturalista griego, esta vez trasladadas a las disímiles lenguas populares del Viejo Continente. La aparición de varios volúmenes de este tipo, casi todos anónimos, terminó por agruparlos bajo la clasificación de herbarios, término que sustituyó el de Dioscórides y con el que se conoce desde entonces toda obra dedicada a clasificar las plantas.

LAS PLANTAS MEDICIONALES ESCRIBEN DESDE AMÉRICA
Con la llegada de los conquistadores al Nuevo Mundo, las plantas medicinales entrarían rápidamente a formar parte importante de la fusión cultural provocada por el choque entre los pueblos indígenas y los conquistadores europeos. Sus aplicaciones, como remedio frente a las enfermedades, constituyeron una necesidad apremiante y, al mismo tiempo, permitieron un enriquecimiento de la herbolaria medicinal, cuya sabiduría, en muchas partes de la región americana, se transmite aún en forma oral de una generación a otra.

En el actual territorio de México, religiosos franciscanos fundaron en 1536 el colegio de Santa Cruz de Tlatelolco, donde indígenas de familias ilustres adquirieron de la cultura occidental diversos conocimientos como el español y el latín. Entre los indígenas formados se destacaron Martín de la Cruz y Juan Badiano, quienes, a la postre, se convertirían en importantes protagonistas durante el proceso de universalización del aprovechamiento, con fines terapéuticos, de las plantas medicinales.

En 1552 Martín de la Cruz escribiría, en lengua náhuatl, la primera obra científica del Nuevo Mundo, en ella se resumía una buena parte de las tradiciones curativas de los pueblos indígenas radicados en la región y el empleo de algunas variedades de la fauna local.

Rápidamente, el libro fue traducido al latín por otro Juan Badiano, quien le denominó “Libellus de medicinalibus indorum herbis” y que más tarde fuera conocido como “Codice badiano”. La recopilación original de Martín de la Cruz incluía 252 variedades de plantas, de las que el texto traducido al latín sólo consideró 185. Algunas ilustraciones fueron coloreadas y otras reproducidas en blanco y negro.

Enterado el virrey Antonio de Mendoza de la traducción del libro decide enviarle al emperador Carlos V la nueva versión, ya que el original en náhuatl permaneció en México, pero el encargado de trasladarlo a España optó por hacer llegar el libro a Italia y depositarlo en custodia del Vaticano, de ahí que existan dos versiones reconocidas del “Códice Badiano”.

ROIG: EL NOTABLE ESTUDIOSO DE LA FLORA CUBANA
Crisol de culturas y poseedora de una amplia vegetación, nuestra patria cuenta con una extensa tradición popular en el aprovechamiento de plantas con fines curativos. A la flora originaria de la Isla se sumarían durante más de tres siglos los aportes de naciones europeas, africanas y asiáticas, muchas veces como parte del encuentro de culturas originado por la colonización, la esclavitud de africanos o el tráfico de emigrantes.

Pero unificar todo el universo vegetal cubano sería la obra de toda la vida de un hombre humilde, quien a fuerza de dedicación y sacrificios alcanzó los más altos honores de la ciencia cubana: Juan Tomás Roig, considerado con justicia el pionero del estudio de la Fitoterapia cubana y autor de la más amplia recopilación de la riqueza vegetal de la Isla en obras reconocidas por su considerable aporte en Cuba y más allá de nuestras fronteras.

Su obra capital, el “Diccionario Botánico de Nombres Vulgares Cubanos” constituye desde su publicación en 1928 la más extensa relación del mundo vegetal cubano y referencia obligada para todo el que se adentre en el estudio del tema.

Por largos años, Roig recopiló y clasificó el grueso de las especies naturales o cultivadas en Cuba y recogió sus experiencias y la de miles de pobladores de los campos, pero sin pretender convertir la sabiduría popular en ciencia demostrada, de ahí que resulte inadecuado aplicar al pie de la letra los criterios aportados por los informantes de Roig sin antes contar con la necesaria certificación científica, ideas que el más renombrado investigador cubano sobre el tema expone en su conocida obra “Plantas Medicinales, Aromáticas y Venenosas de Cuba”, publicada en 1945. El aún temprano renacer de la Fitoterapia a escala mundial revela enormes potencialidades y a la vez abre incontables perspectivas para el desarrollo de nuevas fuentes de medicamentos, lo que se confirma en las incontables investigaciones que hoy realizan las grandes firmas productoras de fármacos en las ya escasas selvas del mundo, una demostración más de que el camino iniciado por Teofrasto y Dioscórides no estaba errado.

Comentarios

Muy atinada la referencia

Imagen de Lina Aurora

Muy atinada la referencia bibliográfica y necesaria

es realmente mas facil y

Imagen de aileny

es realmente más fácil y efectivo el uso de la medicina verde para el tratamiento de innumerables enfermedades.

Excelente, instructivo, un

Imagen de Maritza

Excelente, instructivo, un saludo a todos

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