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Familia y salud

El valor de ese nido que se llama familia

Por los años 60 del siglo pasado, hubo una corriente de escépticos quienes vaticinaron que a principios de este siglo la familia no ocuparía el importante sitio que tiene en la sociedad. ¿Llevan razón o, por el contrario, esta unidad básica goza de buena salud?
Una familia saludable. Foto de: Abel Rojas Barallobre

Andamos por este siglo XXI cargado de globalizaciones, pandemias universales, feminización de la pobreza, capas de ozono deshechas, guerras, calamidades y penurias de todo tipo. Sin embargo, la familia está ahí, en el trono en el que siempre estuvo.

Según los expertos, nada apunta hacia su desaparición, por el simple hecho de que no existe un grupo humano capaz de sustituir sus importantes funciones. Cambios sí ha tenido y tendrá cada vez más. Las estructuras familiares han sufrido transformaciones para bien. No es lo común, ahora, aquellas familias rígidas, patriarcales. Va en busca de un aire nuevo de democracia interna y de una variedad sin precedentes.

Hoy por hoy, existen familias monoparentales (sólo el padre o la madre con los hijos), nucleares (la tríada básica de madre-padre-hijo), extendidas (madre, padre, hijos, abuelos, tíos), reconstituidas (padres y madres criando hijos de matrimonios anteriores) y otras variedades como la que pueden formar hijos solos, sin padre ni madre; abuelos y nietos o las nuevas familias de homosexuales.

EL VALOR DE LA FAMILIA
La familia sigue siendo el núcleo esencial de la sociedad. Por tanto, tiene un gran sentido para todos y, muy en especial, para los que nacen y crecen en su seno. Comenta la psiquiatra, Dra. Elsa Gutiérrez, que el valor de la familia depende de la calidad de sus miembros, de los sentimientos que los mantienen unidos, la organización interna que presente, la integración social y los valores morales de todos y cada uno de sus miembros. El conjunto de estos factores constituye la armazón y el ejemplo, sin los cuales no se puede formar bien a un niño o a una niña.

Agrega la especialista directora de la Clínica del Adolescente que muchos de los problemas que presenta un menor tienen que ver con su núcleo familiar y, en mayor o menor grado, con los padres, quienes, generalmente, están implicados. La responsabilidad de ellos en la formación de sus hijos es, prácticamente, decisiva, sin exagerar.

FAMILIAS NUTRIDORAS
No es lo más importante, precisamente, el formato que presente la familia. Lo que resulta esencial es como se mueve dentro de este. Si su dinámica, estructura y organización es autoritaria, permisiva o básicamente democrática, “nutridora”, término que acuñó Virginia Satir, una experta del tema, cuyo significado viene a ser el de nutrir a sus integrantes fortaleciendo y enriqueciendo la relación entre sus miembros.

El elemento que más sobresale en la familia democrática es que no se ofrece un modelo basado en la imposición, sino en la negociación. Un elemento básico para la vida familiar sin conflictos mantenidos ni arrastrados, es la discusión sana que permite a los padres comunicar sus propios patrones, al mismo tiempo que los hijos defienden sus puntos de vista, se sienten escuchados y tomados en cuenta, para luego pasar a un compromiso negociado.

HAZ LO QUE HAGO
Esta estrategia debe iniciarse en la más tierna edad, así como también otro elemento que domina en este tipo de familia: los modelos. El ejemplo que ponen los padres con su propia conducta tiene un efecto más poderoso de lo que se piensa. La clásica frase “No digas malas palabras, coño”, es una muestra bien palpable de que nadie aprende lo que se le dice sino lo que ve, siente y es capaz de asimilar desde su propia óptica.

La familia nutridora nada tiene que ver con la idea de que cualquier cosa está bien. La firmeza y la disciplina forman parte de su acerbo. De una manera bondadosa, sin gritar, pelear y mucho menos pegar, imponen patrones que deberán seguir los niños e insisten en que se hagan debidamente.

Se intenta, sobre todo, desarrollar un sentido de libertad y responsabilidad que sea asumido de manera coherente por los menores.

EL RETO DE ESTE SIGLO
Los especialistas en el tema, quienes investigan los costos y beneficios de vivir en uno u otro tipo de familia, han podido demostrar que este tipo de democracia familiar resulta muy positiva y es la que, en años venideros, se prevé debe extenderse como modelo funcional, que potencia mayor grado de desarrollo de sus miembros y de unión afectiva mucho más estable, al contrario de las familias autoritarias, donde el “dispongo y mando” vienen a ser su esencia. O las permisivas, en las cuales cada quien hace lo que le parece y no se delimitan los límites, la autoridad ni la disciplina.

Estas familias disfuncionales en su estructura y en su modo de relacionarse, son las que debían desaparecer. Precisamente, este es el reto que tienen por delante las familias del XXI.

BIBLIOGRAFÍA
  • Gutiérrez Baró, E., (2003), Mensaje a los padres. 4ta edición. La Habana: Editorial Científico-Técnica.
  • Vera Estrada, A., (1997), Cuaderno sobre la familia. La Habana: Editorial Científico-Técnica.
  • Anderson, M., (1998), Aproximación a la historia de la familia occidental. Madrid: Editorial Siglo XXI.

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