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Contaminación ambiental

¿Cómo es el aire que respiro?

Cuando el poeta Nacional de Cuba escribió estos versos, abogaba por un recurso natural que nadie puede privatizar. ¿Cómo pensar entonces, que un día alguien mendigaría por las calles de una ciudad moderna un poco de aire puro? ¿Cómo imaginar la existencia de lugares en la vía pública, especialmente creados para que sus habitantes oxigenen sus pulmones congestionados por la alta contaminación ambiental de su entorno?....
La calidad del aire que respiramos incide en nuestra salud. Foto de: Alexis Rodríguez
"¿Puedes venderme el aire que pasa entre tus dedos
y te golpea la cara y te despeina? 
El aire gira y pasa
en una mariposa
Nadie lo tiene, nadie..." 
(Fragmento del poema ¿Puedes? del libro Tengo de Nicolás Guillén) 
 

Por: Margarita Polo Viamontes

Cuando el poeta Nacional de Cuba escribió estos versos, abogaba por un recurso natural que nadie puede privatizar. ¿Cómo pensar entonces, que un día alguien mendigaría por las calles de una ciudad moderna un poco de aire puro? ¿Cómo imaginar la existencia de lugares en la vía pública, especialmente creados para que sus habitantes oxigenen sus pulmones congestionados por la alta contaminación ambiental de su entorno?

Eso es un hecho en el mundo desarrollado de hoy, quien lo dude, puede por ejemplo visitar Japón o México, si está más cerca del Caribe. Y es que entre los problemas medio ambientales más graves que afronta la Humanidad, está la alta tasa de contaminación atmosférica, en la cual existen varios niveles, con orígenes y consecuencias diferentes.

En cuanto a niveles tenemos el global, el regional y el local, acorde a las distancias: y las contaminaciones existentes, que van desde el efecto invernadero con los cambios climáticos del planeta, hasta las emanaciones accidentales durante el uso, procesamiento, manipulación o transportación de sustancias tóxicas o radiactivas que originan episodios agudos de contaminación del aire.

Pero vayamos por partes, digamos primero el concepto de atmósfera para entender mejor el asunto. Recordemos que la atmósfera de la Tierra es una capa básicamente gaseosa, que rodea al planeta, la cual constituye un recurso natural vital, pues no sólo suministra el aire que respiramos cada día, sino que además participa en la regulación solar y de ella cae el agua que bebemos.

Los especialistas no precisan con exactitud la altura de la atmósfera, pues se hace cada vez más dispersa hasta que se combina con el espacio exterior. Sin embargo, se considera que tiene un espesor cercano a los 560 Km, aunque la mayor parte se encuentra en los primeros 16 Km de altura. Todavía por encima de 560 Km hasta cerca de 1000 Km y más, se detectan vestigios de la atmósfera, pero con densidades muy bajas y con la presencia fundamentalmente de hidrógeno y helio.

Así es bueno tener claro, que aunque habitualmente usamos indistintamente los términos de atmósfera y aire, los conceptos no son sinónimos. Aunque casi la totalidad de la primera se compone de la segunda, en la atmósfera también coexisten partículas sólidas y líquidas. Atmósfera tienen Júpiter, Marte, Venus, pero con una composición diferente a la de la Tierra. La terrestre está formada por el aire —con una mezcla de gases— y por partículas de una amplia variedad de elementos y compuestos químicos, que ahora no vienen al caso mencionar.

Establecidas las diferencias podemos adentrarnos en la otra parte del tema: la contaminación. Los especialistas hablan de una contaminación del aire exterior y del interior; el primer caso está estrechamente vinculado al uso energético, lo cual constituye un problema creciente en las grandes ciudades del mundo, donde existe una mala ventilación natural y altas tasas de motorización, industrialización y de uso de carbón.

Lo alarmante del tema es que en muchos lugares, las condiciones están empeorando, porque las emisiones provocadas por el uso de combustibles y por las industrias aumentan cada vez más. Según estimados, se espera que la flota de vehículos y las emisiones asociadas aumenten entre 5 y 10% cada año en los países en desarrollo, y la mayoría se concentra en las grandes ciudades.

CONTAMINANTES POR PROCESOS NATURALES

Pero la contaminación no sólo incluye estas emisiones de fuentes tecnológicas, también están presentes los contaminantes formados o emitidos por los procesos naturales, como las erupciones volcánicas, emisiones de gases y partículas desde el mar, emisiones de gases y partículas (polen) de la vegetación. ¿Cuántas personas anualmente se ven afectadas por las altas concentraciones del polen en primavera, en las zonas de largos inviernos y cortos ciclos reproductivos de las plantas, como ocurre en regiones del hemisferio norte del planeta?

También son muy conocidas las tormentas de arenas producidas en el Sahara, las que cruzan a gran altura el océano Atlántico hasta la región del Caribe y producen —especialmente entre junio y agosto— un cielo brumoso, visible en esta zona, incluyendo Cuba, además de aportar importantes cantidades de minerales al océano.

Una característica importante, es que no todos los contaminantes tienen igual supervivencia en la atmósfera. Algunos se mezclan fácilmente en reacciones químicas u otros procesos de remoción, digamos, las precipitaciones atmosféricas y la deposición seca, por lo cual su vida es pequeña. Hay otros que poseen una etapa vital intermedia y pueden dispersarse a mayor distancia; y por último existen contaminantes de muy largo tiempo de vida que, como persisten largos períodos en la atmósfera, son capaces de alcanzar una distribución planetaria, e incluso, si son emitidos en un hemisferio muy bien pueden pasar al otro.

En cuanto a los contaminantes formados y emitidos en las actividades humanas, se le suma a las fuentes tecnológicas, las agropecuarias y de la silvicultura, en la que se incluye desde la preparación de las tierras —con emisiones de polvo a la atmósfera y pequeñas emisiones vinculadas al equipo de laboreo y transporte— hasta la atención de los cultivos, así como la quema de los bosques, sabanas, y residuos de cultivos, entre otras.

Existe además, una importante amenaza doméstica: la contaminación del aire interior, considerado el problema más serio y omnipresente en todo el mundo en desarrollo. Creado a partir de la quema de combustibles tradicionales altamente contaminantes, en el interior de los hogares, sobre todo en la cocina, causante muchas veces de una exposición diaria a elevados niveles de compuestos tóxicos. Este humo, provocado por la quema de biomasa en espacios cerrados contribuye a la aparición de infecciones respiratorias agudas.

En estos hogares los niveles de contaminación llegan a cifras tan elevadas que sus habitantes pueden sufrir infecciones respiratorias, causantes de un daño pulmonar permanente y, eventualmente, una insuficiencia cardíaca. El problema se agrava cuando existe una alta densidad, las viviendas se encuentran mal ventiladas, o se le suman otros contaminantes como el humo de los fumadores de cigarrillos y tabaco; o el uso de pesticidas tóxicas en las habitaciones de la casa.

En resumen la creciente emanación de sustancias nocivas afecta la calidad y la composición de la atmósfera, pero lo peor de esta situación son los efectos que provocan al medio ambiente en general y en particular el perjuicio a la salud humana, causantes de dificultades al respirar, hipertensión, enfermedades respiratorias, daños al desarrollo urólogo, ataques al corazón, apoplejías y muerte.

Los seres humanos debemos estudiar más el tema y tomar las medidas pertinentes en caso, para no llegar al extremo de que tengamos que mendigar el aire que necesitamos para mantenernos con una buena calidad de vida.

En ese sentido trabajan muchas personas, para que se logre una conducta responsable por parte de todos. Los países industrializados se comprometieron mediante el protocolo de Kyoto suscrito en 1997, a reducir las emisiones de los más importantes gases de efecto invernadero hasta el 2012 en un promedio de 5,2% en relación con los niveles de 1990. Una buena señal.

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