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Salud emocional

Emociones y salud humana

La salud humana no es sólo un asunto de alta tecnología, quirófanos, medicamentos de última generación. Al ocuparse de seres humanos las Ciencias de la Salud no pueden desentenderse de lo que significa ser una persona, alguien con vida propia única e irrepetible, donde el elemento subjetivo, en particular el emocional, resulta decisivo. El artículo aborda, entonces, la significación de las emociones para la salud humana, de la que son componentes fundamentales la salud física, el bienestar subjetivo y el funcionamiento social.
Emociones y salud. Foto tomada de: revistasumma.com

Concluye el Curso Académico en que un grupo de estudiantes culmina sus estudios preuniversitarios y se publican los resultados finales:

  • A un joven estudiante le comunican que ha resultado ser el mejor graduado de su promoción; una profunda sensación de orgullo le invade.
  • A otro joven de su misma clase le informan que ha suspendido todas las asignaturas y tiene que repetir el curso: una profunda sensación de tristeza le invade.
  • A un tercer joven le comunican que sus notas están retenidas para una segunda revisión: una profunda sensación de incertidumbre le invade.

Orgullo, tristeza, incertidumbre, son todos términos que pasan por el complejo mundo interno de las personas, por el mundo de los afectos, los sentimientos, las pasiones, las vivencias. En cualquier caso, el término unificador que la ciencia ha preferido utilizar para referirse a todos estos fenómenos es el concepto de EMOCIÓN, muchas veces descalificada por posiciones científicas inflexibles, pero cada vez más inevitablemente incorporada al ejercicio profesional por parte de los especialistas que trabajan con las personas en el “MUNDO REAL”. Y es que todo lo que colorea la existencia cotidiana de las personas tiene un importante componente emocional; es prácticamente imposible conocer y comprender lo que una persona dice o hace sin comprender su mundo emocional y las condiciones que le generaron.

En otras palabras, desde muchas direcciones las emociones juegan un papel sustancial en la existencia de las personas, en su salud, su bienestar y su calidad de vida. Y es que, como ningún otro constructo psicobiológico y al mismo tiempo psicosocial, la emoción expresa fuertemente tanto el significado que para las personas tienen los eventos que cotidianamente acontecen en su entorno, como la implicación que, en su totalidad, una persona tiene en las respuestas adaptativas eficaces a las demandas de su entorno.

Su estudio, no obstante, deviene sumamente complejo, por cuanto se trata de un proceso fenomenológicamente intraindividual pero que sus más sólidas raíces tienen una connotación interindividual, derivada de la relación con otras personas y de las evaluaciones que se hacen de cómo estas personas satisfacen, o no, las más importantes necesidades y requerimientos individuales.

En este sentido, las emociones pueden tener connotaciones tanto positivas como negativas y, la mayor parte de las veces, mixtas. La valencia que asume una emoción depende de muchos factores entre los cuales, tal vez el más sobresaliente sea el que tiene que ver con el componente subjetivo, con aquello que es expresión de bienestar o malestar con lo que está sucediendo, más allá de lo que objetivamente ocurre en las transacciones de la persona con su ambiente: una persona puede sentirse extraordinariamente triste a pesar de que a su alrededor todo marche objetivamente (¿?) bien y, viceversa, una persona puede estar muy alegre cuando a su alrededor todo lo que acontece es desdicha. Lo deseable, y tal vez más saludable, es que haya congruencia entre lo que objetivamente sucede y lo que pasa por el mundo vivencial de la persona,... aunque en ocasiones hay un abismo entre ambos y lo que se produce es una franca incongruencia como ocurre en los severos cuadros de alteraciones psicopatológicas.

De igual manera, una emoción puede ser clasificada como positiva o negativa, mas allá de su componente interno fenomenológico, en función de sus consecuencias adaptativas. Una emoción rara vez ocurre en un vacío existencial, por lo general ocurre en un contexto en el que la persona tiene que dar respuesta adaptativa a determinada situación problemática en su entorno; determinadas emociones facilitan la solución de los problemas, en tanto otras lo entorpecen, a pesar de la valencia de su connotación subjetiva:

La tristeza no es grata para nadie, pero un período de tristeza -¡que no sea paralizante!- puede ser muy productivo para elaborar el legítimo duelo por la pérdida de un ser querido.

De igual manera, la gratificante alegría puede ser muy egocéntrica, hacer que la persona se “duerma en sus laureles” y no movilizar al individuo a la solución de problemas que pueden comprometer su bienestar futuro.

Otro elemento que puede hablarnos del carácter positivo o negativo de la vida emocional es su impacto sobre los procesos fisiológicos y la salud física de la persona. Los avances en las últimas décadas sobre la investigación psiconeuroinmunológica son expresión cabal de ello:

La depresión no sólo tiene un impacto subjetivo de impotencia, malestar y desesperanza, sino que tiene un impacto “depresor” sobre el organismo en su conjunto, particularmente sobre el sistema inmunológico, responsable de defender al organismo tanto de los ataques externos (bacterias, virus) como de los ataques del propio organismo (p.ej. enfermedades autoinmunes) y que, al “deprimirse”, incrementan la vulnerabilidad del organismo ante posibles agresiones a su salud; y viceversa, son numerosos los estudios que avalan el efecto potenciador de las emociones positivas sobre el funcionamiento del sistema inmune, ¿cuántos pacientes terminales no prolongan su vida y la calidad de la misma por encima de todo pronóstico al asumir una postura optimista y de afrontamiento activa?

A pesar de ello, la literatura especializada, e incluso la no especializada, ha dado en centrarse en el estudio de las emociones negativas más que en aquellas positivas,... tal vez por ello, en los últimos años ha habido un importante movimiento hacia aquello que ha dado en llamarse una Psicología Positiva (¡no positivista que es otro asunto!), centrada más en las fortalezas y oportunidades de las personas que en sus debilidades y amenazas. No obstante, aún siguen prevaleciendo los estudios sobre las más relevantes emociones negativas que se declaran en la literatura especializada como la depresión, la ansiedad y la agresividad.

Existen muchas otras emociones negativas no menos lesivas, como el odio, la envidia y los celos, con una connotación más específica, pero también dañinas a la salud y el bienestar de la persona.

En cualquier caso las emociones, legítima manifestación de aquella expresión que tanto utilizamos de que el hombre es un ser biopsicosocial, tienen un impacto directo o indirecto –según Richard Lazarus, uno de los más prestigiosos investigadores del tema- sobre la salud somática, el bienestar subjetivo y el funcionamiento social.

En cualquier caso, prefiero concluir invirtiendo la propuesta, al afirmar que las emociones positivas (el orgullo, la auto realización, la alegría, el amor, etc.) son capaces de potenciar más altos niveles de salud en los mismos componentes que son dañados por las emociones negativas:

  • La salud somática se optimiza por la alegría de vivir de una persona, facilitando cosas tan aparentemente simples como la práctica sistemática de ejercicios físicos.
  • El bienestar subjetivo se incrementa cuando la persona se quiere más a si misma, al considerarse un ser humano digno, valioso y “amable” (en el sentido de sentirse merecedor de ser amado).
  • En consecuencia se estará mejor preparado para el establecimiento de relaciones interpersonales productivas y gratificantes con las personas significativas que le rodean.

La temática de la vida emocional es mucho más compleja que lo que hemos presentado, pero para los profesionales de la salud resulta un conocimiento básico coherente con la milenaria afirmación de que “no hay enfermedades sino enfermos”.

Saber que la vida emocional, no por fe declarada sino por conocimiento real, puede resultar decisiva en el mantenimiento, restablecimiento u optimización de la salud, es algo que debe adornar el conocimiento de todos los que se relacionan con el Proceso Salud-Enfermedad humano.

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