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Sonrisa saludable

Por una sonrisa feliz

Los traumatismos dentoalveolares, si bien no ofrecen peligros para la vida, sí pueden traer afectaciones a la dentadura, tanto estéticas como funcionales.
Una sonrisa saludable y feliz. Foto tomada de: jovenesdehonianos.blogspot.com

La sonrisa es una de las bondades que más apreciamos en la vida. Para cuidar la que nos ofrece la naturaleza debemos evitar lesiones como las provocadas por los traumatismos dentales. Conocerlos bien es una buena vía para lograrlo.

En los niños y jóvenes, la sonrisa constituye uno de sus mejores regalos, por lo que es importante mantenerla saludable para disfrutar de ella hasta la etapa de adulto mayor.

Sin embargo, algunos eventos pudieran empañar estas felices imágenes, como es el caso de los llamados traumatismos dentales, episodios que ocurren con frecuencia y que por su impacto social y psicológico constituyen temas de alta prioridad con vistas a su prevención y control.

Sus cifras han ido en ascenso en las últimas décadas, especialmente en edades tempranas, razón por la que se hace necesario conocer cómo actuar para mantener a salvo una sonrisa feliz.

Para profundizar en el tema, lo invitamos a reflexionar acerca de…

¿QUÉ SON LOS TRAUMATISMOS DENTALES?

Llamados también traumatismos dentoalveolares, son lesiones en la cavidad bucal provocadas por impactos violentos que pueden generar daños en los dientes o en las estructuras que los rodean.

Su intensidad y extensión son variables y es frecuente el dolor, sangrado o hemorragia, desplazamiento de dientes, deformación de las arcadas dentarias y pérdida de tejidos. También pueden afectar la masticación y la dicción, además de producir efectos negativos desde el punto de vista estético que pueden conducir a trastornos psicológicos.

Acudir a las consultas de urgencia rápidamente es una recomendación oportuna para lograr un acertado diagnóstico y el tratamiento requerido.

Las fracturas dentoalveolares pueden diagnosticarse a simple vista o con la ayuda de técnicas radiográficas. Ocurren en cualquier etapa del ciclo vital, aunque su frecuencia no es la misma en todas las edades.

Se reporta su mayor incidencia en los tres primeros años de vida y entre los diez y 13 años de edad, razón por la cual se considera que las etapas de mayor riesgo son la infancia y la adolescencia temprana.

¿POR QUÉ INFANCIA Y ADOLESCENCIA?

En los primeros años de vida se reportan como causas las caídas “de sus propios pies”, de escaleras, muros, así como el disfrute de algunos juegos infantiles.

Al ir creciendo, se incrementan los ejercicios físicos (en ocasiones de alto riesgo) como el empleo de bicicletas, patines o patinetas y la práctica de deportes como el karate y otras artes marciales, la natación, el voleibol, el béisbol y el boxeo. Estos se relacionan con los traumatismos dentales si no se usan las medidas de protección adecuadas.

Prevenir los traumatismos dentoalveolares desde edades tempranas favorece el crecimiento y desarrollo bucomáxilofacial de niños y adolescentes, manteniendo la armonía del rostro para el disfrute del presente y el futuro.

La Dra. Magdalena Tomasén, jefa del Grupo Multidisciplinario y del Proyecto Investigativo de Accidentes y Traumatología Dentaria de la Facultad de Estomatología de La Habana, señala que las raíces de los dientes temporales se encuentran muy cercanas a los dientes permanentes en desarrollo, y agrega que, por tanto, los traumatismos pueden dañarlos de forma irreversible, ya sea por cambio de posición o por infecciones. 

¿CUÁLES SON LAS MAYORES AFECTACIONES?

Los dientes delanteros resultan los más dañados, pues debido a su posición están más expuestos. Dentro de las mayores afectaciones se encuentran las desviaciones o luxaciones en el caso de la dentadura temporal y las fracturas de la corona en la permanente.

Con relación al sexo, existen más niños que niñas afectados con este tipo de lesiones y ello se asocia a la tendencia del sexo masculino a practicar juegos más enérgicos y vigorosos.

¿QUÉ HACER ANTE UN TRAUMATISMO DENTARIO?

Sin lugar a dudas, acudir al especialista de manera rápida es la primera recomendación.

Existe un grupo de consejos que tiene como objetivo lograr el reimplante del fragmento o del diente perdido en el accidente.

En los casos en que no exista pérdida total del diente, es decir, que solo se presenta una fractura del mismo (tipo de lesión no sangrante) debemos, de ser posible, recuperar el pedazo faltante y colocarlo en leche fresca o agua hasta llegar al especialista. Ello favorecerá que el fragmento no se deshidrate; la resequedad puede impedir su implante.

Se recomienda colocar un paño lo más limpio posible, o si se dispone de una gasa estéril, ubicarla en el lugar de la fractura, así como evitar la ingestión de alimentos. Deberá alentarse el consumo de agua que facilite la hidratación de los tejidos.

Si el traumatismo provocó una pérdida total del diente, existirá sangrado. Es vital conservar el órgano dentario de la misma forma descrita anteriormente, para lograr que se mantenga hidratado. Si no se dispusiera de un paño limpio o gasa, se deberá tomar el diente por su corona (parte visible del mismo cuando se encuentra en la boca) y colocarlo dentro de su cavidad o alveolo. Se insiste en tener cuidado de no tomarlo nunca por la raíz.

De no ser posible esta maniobra, debe trasladarse en un recipiente que contenga leche o agua, incluso con saliva de la persona accidentada.

Todas estas medidas, junto a la inmediata visita al estomatólogo, son las que evitarán la resequedad del diente y garantizarán que regrese con éxito a su lugar de origen.

La prevención siempre constituye un excelente aliado de la buena salud.

Conocer las recomendaciones más oportunas, entre las que se encuentran evitar los golpes en la boca, usar las sendas de seguridad al montar bicicletas, patines y patinetas, no correr con las manos ocupadas o con los cordones de los zapatos desatados, utilizar escaleras para salir de las piscinas, se encuentran en la lista de las acciones que pudieran evitar o atenuar este tipo de lesiones.

Los traumatismos dentoalveolares, si bien no ofrecen peligros para la vida, sí pueden traer afectaciones a la dentadura, tanto estéticas como funcionales. El dominio de cómo actuar ante ellos es el mejor modo de mantener una sonrisa que abra las puertas a la felicidad.

BIBLIOGRAFÍA

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