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Decisiones y vida cotidiana

¿Cómo ser asertivo en nuestras elecciones?

Lo que decidimos a lo largo de nuestra vida va delimitando el curso de nuestro destino, somos la suma de nuestras decisiones...
La asertividad es una habilidad social indispensable.

En la actualidad la referencia al vocablo asertividad y persona asertiva se utiliza con una frecuencia relativamente alta. Pero, ¿qué es la asertividad? ¿Qué es una persona asertiva y cómo se comporta?

La palabra asertivo, de aserto, tiene su origen del latín assertus y significa: afirmación de la certeza de un asunto. De ahí que podamos decir que una persona asertiva es aquella que es capaz de afirmarse con certeza, o sea, que puede expresar con entera libertad sus pensamientos y sentimientos, defender sus legítimos derechos y hacerlo reconociendo y respetando los legítimos derechos de los demás.

Podemos referirnos también a la asertividad como una filosofía de vida aplicada a las relaciones interpersonales, en la cual se reconoce que todas las personas tienen derechos asertivos básicos y pueden ejercerlos y defenderlos, siempre y cuando se respeten los derechos de los otros.

Algunos de los derechos asertivos se han declarado y expresado en las llamadas tablas de derechos asertivos:

  • Usted es el que debe juzgar su conducta, pensamientos y emociones y hacerse responsable de ello.
  • Usted no está obligado a ofrecer excusas o razones que justifiquen su comportamiento fuera de las situaciones en que está establecido que se haga.
  • Usted puede cometer errores como todo ser humano y debe responsabilizarse por ellos.
  • Usted tiene el derecho de ser independiente de la opinión, benevolencia o autoridad de otros y defender sus criterios.
  • Usted tiene derecho a variar una decisión o un criterio anterior.
  • Usted tiene el derecho de decir no y rechazar demandas que no le resulten apropiadas.
  • Usted tiene derecho a tener sus propios valores, opiniones y creencias.
  • Usted tiene derecho a tener sus propias necesidades y que estas sean tan importantes como las de los demás.

Estas tablas tienen por finalidad ayudar a los sujetos a familiarizarse con la filosofía de la asertividad y a responsabilizarse por la expresión de sus pensamientos, emociones y comportamientos, para disminuir la necesidad de búsqueda de apoyo y la dependencia de los demás y ganar confianza en sus propias decisiones y puntos de vista.

Varios autores y autoras han expresado que la asertividad puede verse como la expresión apropiada de cualquier emoción, diferente de la ansiedad, en las relaciones con otras personas. Más bien se trata de una habilidad social indispensable, que nos posibilita diversos objetivos para llevar a cabo una negociación sin necesidad de ofender, hacer sentir culpable o amenazar; lo que significa que no hay que lastimar a los demás o ser lastimado por otros, ya sean amigos o familiares.

La asertividad no es un rasgo personológico que se expresa en todas las ocasiones. Es contextual, por lo que un individuo puede manifestar su asertividad ante determinados contextos, como la familia, por ejemplo, o con personas conocidas y, por el contrario, mostrarse no asertivo en algunos contextos públicos, como en una cola de cine o ante personas extrañas o desconocidas.

El aprendizaje juega un importante papel en la adquisición y desarrollo de la conducta asertiva. Si durante nuestra infancia hemos contado con adecuados modelos de personas asertivas, nos será fácil desarrollar ese comportamiento; pero si no hemos tenido esa suerte, mediante entrenamiento podemos lograrlo, y de esta manera incrementar el número de situaciones en las que podemos expresar una respuesta asertiva y disminuir al máximo las respuestas que nos provoquen ansiedad, temor, agresividad o inhibición.

Redondeando el concepto, asertividad es la capacidad para expresar las opiniones propias, los sentimientos y las emociones sin inhibiciones innecesarias, de una manera tranquila, sin agresividad, temor o ansiedad; y, sobre todo, permite a una persona autoafirmar sus derechos como individuo, evitando ser manipulado y sin necesidad de manipular a los demás.

Cómo nos comportamos y comunicamos

La asertividad es una posición intermedia entre una actitud pasiva o inhibida y otra actitud agresiva frente a otras personas, que además de reflejarse en el comportamiento del sujeto, se expresa igualmente a través de su estilo de comunicación.

Quien tiene un estilo de comportamiento pasivo experimenta grandes dificultades para poder expresar y verbalizar lo que piensa y siente. Por lo general, opta por callar y evita enfrentar las situaciones que le pueden resultar conflictivas. No es capaz de defender sus derechos, lo cual permite que los demás lo violen impunemente. Sus componentes motores suelen estar en déficit. No mira a los ojos, expresión facial pobre, actitud corporal encogida, tono de voz inseguro y tembloroso, frecuentemente pide disculpas reiteradas y se le dificulta expresarse fluidamente.

Por su parte, la persona con un estilo de comportamiento agresivo, como se siente muy segura de sí misma, expresa, sin considerar ni tener en cuenta los derechos de la otra persona, lo que piensa y siente. Cree tener todos los derechos y toda la razón y suele ver a los demás como tontos, inferiores a él. Se siente por encima de las demás personas. Sus componentes motores verbales y no verbales por lo general están en exceso. Se expresa con un volumen de la voz excesivamente alto, el tono es irónico y la mirada desafiante. Utiliza frases humillantes y degradantes al dirigirse a los otros.

¿Y la persona asertiva cómo es? Se manifiesta sin inhibiciones innecesarias. No presenta dificultad para hablar de sí misma y a través de sus actos expresa lo que es, lo que piensa, lo que siente y lo que quiere. Tiene un estilo de comunicación directo, franco y adecuado con los demás. Esa persona es dinámica, se mueve activamente hacia lo que desea, haciendo que las cosas sucedan. Mantiene su dignidad y respeto propio, aun cuando las cosas no salgan como espera. Trabaja constantemente por ser mejor, reconoce y acepta sus limitaciones.

También expresa libremente sus sentimientos sin caer en el extremo agresivo o pasivo. Sus componentes motores verbales y no verbales, por lo general, resultan moderados. Su tono y volumen de voz son adecuados, pausados y se comunica con fluidez. Su postura es firme y relajada, establece contacto visual con la persona con la cual conversa y su expresión facial es coherente con lo que piensa y siente.

La hora de las decisiones

Lo que decidimos a lo largo de nuestra vida tiene una gran importancia, ya que ello va delimitando el curso de nuestro destino, y, como dice el dicho, “somos la suma de nuestras decisiones”. Por tal razón, resulta necesario, si queremos cultivar nuestro bienestar en general, adoptar decisiones eficaces que contribuyan al logro de nuestros legítimos objetivos.

Retomando la filosofía de la asertividad, podemos afirmar que cada persona tiene el derecho de tomar sus propias decisiones y el deber de hacerse responsable por las consecuencias de estas. La responsabilidad personal es algo que está íntimamente ligado a nuestra toma de decisiones. Nos corresponde a cada uno de nosotros concebir nuestro proyecto de vida y después actuar consecuentemente, asertivamente, para alcanzarlo.

Tomar una decisión implica realizar una elección y esta no debe estar influida por la impulsividad propia del comportamiento agresivo o la inhibición propia del comportamiento pasivo. Un comportamiento asertivo propicia la adecuada toma de decisiones oportunas, responsables y lo más efectivas posibles.

La persona asertiva toma sus propias decisiones teniendo en consideración las consecuencias para ella. Asume la responsabilidad por sus acciones y no culpa a otros por las consecuencias negativas de estas. No decide algo cuando no conoce todos los hechos o a la persona involucrada en la decisión. Pospone la toma de una decisión cuando no está seguro de las consecuencias. No toma una decisión hasta tener todos los puntos de vista que podrían afectar lo aceptable de la decisión. Pospone la decisión, para aclararse a sí misma, cuando siente que lo están presionando a tomarla.

Si trabajamos por mejorar nuestra habilidad para tomar decisiones de manera responsable y asertiva, para decidir y dar solución a problemas que se nos presentan en la vida cotidiana, de seguro viviremos una vida más feliz con menor estrés y un mayor bienestar.

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