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Emociones en la vida de las personas

¿Y qué son las emociones?

Aunque mucho mas preciso, no menos complejo que el concepto de estrés lo es el de emoción, un concepto al cual es posible que el arte haya prestado mucha mas atención que la ciencia,... ¿es posible concebir el teatro, la literatura, la pintura, el cine, hasta la televisión, sin apelar al impacto de las emociones sobre la calidad de vida de las personas?, ello es expresión de la propia complejidad de la existencia humana, en que resulta imposible pasar por la vida sin haber experimentado la más amplia gama de emociones,… ¡y qué aburrida sería la existencia si así fuese!

El propio Richard Lazarus, una de las mas emblemáticas figuras del estudio cognitivo del estrés y las emociones en las décadas finales del Siglo XX, en cierta ocasión declaró que «a menudo he pensado que los grandes escritores describen mejor a las personas, sus apuros y sus vidas interiores que la mayoría de los psicólogos en nuestro empeño por ser científicos»

Es muy difícil concebir una vida exenta de emociones, ellas están presentes en cada momento de la vida de las personas y son muchas y diversas sus funciones:

  • Las emociones dinamizan y brindan sabor a la existencia, no importa que se trate de momentos alegres o tristes, fáciles o difíciles, la emoción estará allí para darles un gusto especial a la vida,… aunque a veces sea amargo;
  • La expresión de las emociones transmite a los otros lo que estamos sintiendo y está pasando en lo mas íntimo de nuestros seres con mucha mas credibilidad que las mas elaboradas palabras.
  • Las emociones dirigen la atención y la acción hacia aquello que resulta motivante, prestamos atención a las cosas que producen alegría y orgullo, y nos apartamos de aquello que conduce a la tristeza o al miedo;
  • Las emociones guían en el momento de tomar decisiones, es cómo si el cuerpo fuera sabio y supiera cuál camino es el mas pertinente a seguir o aquel en que no resulta aconsejable embarcarnos, en el momento en que la vida nos presenta dilemas existenciales en que resulta difícil decidir.
  • Las emociones estimulan el aprendizaje y potencian comportamientos congruentes con nuestros más importantes propósitos y metas, al tiempo que nos informan de cómo nos sentimos en el progreso

Convencionalmente las emociones son complejas, dinámicas y sistémicas formaciones psicofisiológicas de determinación multicausal –desde su componente filogenético, innato y genéticamente transmitido hasta su componente ontogenético, adquirido y culturalmente aprendido.

A modo de rápida digresión y para no abusar de la terminología científica, cuando se moviliza una emoción ella no pasa inadvertida para la biología, para el cuerpo, la vergüenza va acompañada de un acusador enrojecimiento, el miedo de una sensación de enfriamiento de todo el cuerpo, en la cólera todo el cuerpo tiembla, ¡y a veces todo se combina! Pero también la cultura trata de “poner orden” en la expresión emocional, la misma persona que se avergonzaba esboza una mueca-sonrisa para tratar de hacer ver que no ha pasado nada, la persona con miedo trata de sobreponerse y “pone de su parte”, la persona encolerizada crispa los puños y trata de “aguantarse”,… y hasta se enrojece.

No obstante, la emoción es mucho más que la suma de sus partes, de aquí que su comprensión presupone distinguir a todos sus componentes en interacción e indisoluble unidad a lo largo del decurso del tiempo. Así, la emoción se expresa holísticamente, como un todo, a través de distintos sistemas –fisiológico, cognitivo, conductual, afectivo, social y cultural-, por lo que no resulte sorprendente que los especialistas, desde cada esfera concreta del conocimiento, hayan construido medidas, definiciones y teorías de la misma, en función de su proximidad a su dominio específico del conocimiento, y de aquí que no exista mucho acuerdo entre las diferentes disciplinas respecto a su definición. Como digresión para pensar, resulta clásica en la Psicología la interrogante de James acerca de si ¿lloro porque estoy triste, o estoy triste porque lloro,… qué usted cree?

Por otra parte, filogenéticamente las emociones jugaron un rol biológico decisivo en la adaptación del hombre en los albores de la Humanidad, dicen algunos clásicos como Cannon que sólo bastaba con luchar o escapar. Pero en la moderna vida civilizada, profundamente matizada por la socialización, las relaciones interpersonales juegan el papel decisivo en la aparición y en las formas específicas de expresión de la vida emocional. Porque si bien la emoción supone un proceso fenomenológicamente subjetivo, intraindividual, sus mas sólidas raíces tienen una connotación interindividual, derivada de la relación con otras personas y de las evaluaciones que se hacen de cómo estas personas satisfacen, o no, las mas importantes expectativas, necesidades y requerimientos individuales.

Así, en el momento actual de la Humanidad es casi imposible que cualquier emoción que emerja en la vida cotidiana pueda abstraerse de la relación interpersonal con otra persona significativa. Y, ¿hay algo mas complejo en la cotidianidad que las relaciones interpersonales con aquellos que nos rodean, particularmente aquellos que más apreciables nos resultan?, suponga el lector alguno de los siguientes ejemplos que encuentran sus raíces y explicaciones en la complejidad de las relaciones humanas:

  • ¿Cuánto orgullo no siente una madre que asiste a la graduación de su único hijo como el titulado mas destacado de su carrera,… y cuánto miedo no siente esta misma madre cuando su hijo participa en una competencia de kárate donde ya no es tan aventajado,… o cuanta rabia cuando su hijo se enamora perdidamente de una muchachita de dudosa calidad moral?
  • ¿Cuánta amargura no siente el envidioso al ver que otro logra lo que creía merecer y se quedó sin embargo con las manos vacías,… cuán celosa se pondrá esta misma persona al percatarse que el ser amado prefería a otro en sus afectos,… cuánta vergüenza no sentirá al decir un disparate en público que evidencie su ignorancia?

Como puede apreciar el lector el orgullo, el miedo y la rabia o la envidia, los celos y la vergüenza, son solo una pequeña muestra de la complejidad de la vida emocional, y cada una de ellas posee sus propias características y funciones en la vida. Añádase a ello que el mundo afectivo no se presenta como una suma mecánica de estados emocionales, sino más bien como una amalgama de los mismos. Porque rara vez -¡si alguna!- existen situaciones significativas para el ser humano en la cual éste experimente una sola emoción aislada claramente identificada, casi siempre tienden a contaminarse.

Intentar entonces conceptualizar las emociones dentro de una sola categoría, sería una empresa ingenua y seguramente estéril. Pero más allá de una eventual conceptualización, las emociones todas nos hablan del componente dinámico y movilizador de la vida intima de una persona, y de su estrecha relación con los elementos de significado en la existencia de la misma, tal vez por eso no se les puede separar de la razón, pero ya eso es contenido para otro tema.

Lo cierto es que una forma provechosa de vivir es prestar especial atención al mundo de nuestras emociones, identificar lo que nos están diciendo, porque al decir de Laslie S. Greenberg “las emociones nos movilizan y nos informan, y cuando se integran con la razón, nos hacen mas sabios de lo que somos cuando solo utilizamos nuestro intelecto”.

Porque a pesar de la complejidad que ello supone, conocer y aprender a manejar nuestras emociones nos sirve para identificar debilidades y fortalezas, para conocer cuándo nos acercamos y cuándo nos alejamos de nuestras metas y propósitos, y sobre todo para saber qué, cuánto y cómo tenemos que cambiar en nuestras vidas para vivir mas eficientemente y con mas prosperidad, de lo contrario podemos estar poniendo en riesgo nuestra propia salud y bienestar, un tema al cual le dedicaremos próximas consejerías.

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