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Estrés, emociones, afrontamiento

El afrontamiento al estrés psicológico

Alguien dijo en una ocasión que el estrés es “como la sal de la vida”, sin su presencia la existencia humana sería opaca e insípida, aunque con su presencia excesiva ¡es una salación!, lo cierto es que los humanos no podemos vivir sin el estrés ni eludirlo. Como los problemas, es parte consustancial de la existencia humana, no es posible soslayarlos, pero si es posible escoger y decidir cómo se les hace frente; a ello se le ha llamado proceso de afrontamiento.

¿QUÉ SE PUEDE HACER PARA HACERLE FRENTE AL ESTRÉS,… DE QUÉ DEPENDE?

Como sugiere la palabra, “afrontar” supone hacer frente, intentar “hacer algo” para dar respuesta a la situación que parece abrumar a la persona y poner en juego su salud y bienestar. Paradójicamente, hasta no hacer nada –algo que irónicamente ha sido definido por algunos como el “nohacernadismo”- supone una forma peculiar de afrontar a la que apelan mas personas que las que podríamos imaginar y que tienen una filosofía de preferir que los problemas se disuelvan antes de intentar lo deseable: ¡resolverlos!

El proceso de afrontamiento asume características peculiares en cada ser humano concreto en dependencia de una variedad de factores, tanto personales como contextuales, e incluso asume formas distintas en los distintos momentos de la existencia de cada cual. Ello está en gran parte en dependencia de eso que ha dado en definirse como recursos, expresión utilizada para referirse al arsenal de que dispone una persona para hacer frente a las demandas y desafíos, tanto internos como externos, a los que está expuesta a lo largo de su ciclo vital.

Muchos de los recursos que necesitamos los seres humanos para sobrevivir pueden tener un carácter congénito o hereditario, pero la mayor parte de ellos pueden aprenderse a través de la experiencia. En cualquier caso, mientras más rápida y eficientemente pueda un individuo aplicar sus recursos, más eficazmente podrá manejar sus relaciones con el entorno y mas óptima será su adaptación al mismo. En este sentido, afirmar que alguien tiene muchos recursos no sólo implica que dispone de un gran número de ellos, sino que también posee la habilidad para ponerlos en práctica ante los diferentes requerimientos del entorno.

Los recursos de afrontamiento pueden dirigirse hacia la solución de la situación demandante o problemática a la que está siendo sometida una persona, pero pueden también dirigirse hacia “adentro”, es decir hacia la búsqueda del propio control emocional o la modificación del significado de lo que está aconteciendo, en aras de hacerla mas coherente con el propio bienestar. Ninguna de estas estrategias será buena o mala por si misma, sino que ello estará en función de las características concretas tanto de la persona en cuestión, como de la situación particular en que esté inmersa.

En consecuencia con la propia concepción del hombre como unidad bio-psico-social con que trabajan las ciencias de la salud, los recursos de afrontamiento son de diversa índole, pudiendo ser tanto biológicos, como sociales y psicológicos. Todos son importantes, ninguno mas que el otro y su importancia relativa está en función de las demandas específicas del evento estresante.

Desde el punto de vista biológico, contar con buena salud, fortaleza física y energía vital se convierte en potente recurso para afrontar el estrés. Así por ejemplo, uno de los estreses mas importantes en el contexto de la salud humana es el del cuidador, es decir aquella persona que está dedicada una buena parte de su tiempo a cuidar a personas en situación de dependencia y poco auto validismo, proceso que en ocasiones se dilata durante años; una cuidadora de edad avanzada, físicamente débil y con una salud frágil, de un paciente con una inmovilidad motora permanente que implica su frecuente manipulación corporal, llegará mucho más rápidamente a un estado de agotamiento y desgaste emocional característico del estrés, que una persona joven, fuerte y sana.

Sin embargo, desde un punto de vista social, si esta cuidadora dispone de una familia numerosa y cohesionada y/o de un buen grupo de amigos o vecinos colaborativos, estos se convierten en eficaz red de apoyo social, un valioso concepto que ilustra con nitidez el papel facilitador del bienestar de las redes de relaciones interpersonales en el contexto del proceso salud enfermedad.

Por otra parte, la literatura especializada en estrés psicológico refiere que uno de los peores estreses a que puede estar sometida una persona en su vida cotidiana es el referente a la esfera económica, crudamente a no disponer como recurso material, del suficiente dinero. Es por ello no menos importante en el contexto social como potente recurso amortiguador, el que la persona disponga de una cierta estabilidad y seguridad material y financiera.

Dentro de los recursos psicológicos, particular atención amerita el tener una concepción positiva y optimista de la existencia humana. Relevantes autoridades científicas como Richard Lazarus refieren que se incluyen en esta categoría aquellas creencias que sirven de sustento a la esperanza, habitualmente acompañadas por dos elementos sustanciales como son el autocontrol y el buen humor, y que favorecen un afrontamiento efectivo en las circunstancias más hostiles. Particular atención amerita en este aspecto la cosmovisión y sentido de la vida que  tenga una persona, no importa que sea religiosa o atea.

Un importante recurso psicológico para hacer frente al estrés lo constituye el desarrollo cognitivo de la persona, aquello que habitualmente se conoce como “inteligencia” y que se expresa mediante la puesta en práctica de técnicas para la solución de problemas y que incluye la pericia para obtener la información adecuada, la capacidad de análisis de situaciones, el escrutinio de opciones alternativas, la predicción de las mejores opciones para agenciarse lo que se desea, así como la capacidad de confeccionar y poner en práctica determinados proyectos y planes acción apropiados.

Como recurso psicológico, no menos importante que lo anterior es lo que a finales del pasado Siglo dio en llamarse Inteligencia Emocional y que su principal autor, Daniel Goleman, definió como la capacidad de motivarnos a nosotros mismos, de perseverar en el empeño a pesar de las posibles frustraciones, de controlar los impulsos, de diferir las gratificaciones, de regular nuestros propios estados de ánimo, de evitar que la angustia interfiera con nuestras facultades racionales y, por último —pero no por ello menos importante— la capacidad de empatizar y confiar en los demás.

Finalmente, la tenencia de habilidades sociales, la capacidad para establecer eficaces relaciones interpersonales, constituye un sustancial recurso de afrontamiento al estrés, debido a la significación de la actividad social en la adaptación y el bienestar humano. Tales recursos facilitan la resolución de los problemas en coordinación con otras personas, al aumentar la capacidad de atraer su cooperación o movilizar las anteriormente referidas redes de apoyo y, en general, aportan al individuo un control más amplio sobre las interacciones sociales. ¡Cultive las relaciones humanas!

Como puede apreciar el lector, hablar de estrés y afrontamiento supone más que teorizar, el introducirnos en la verdadera esencia de ese maravilloso suceso que es el vivir, repleto de desafíos, pero en el que si somos capaces de desarrollar y acceder a disímiles recursos para hacerle frente a sus desafíos, disfrutaremos de crecientes niveles de bienestar y seremos cada vez mejores personas.

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