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Psicología y estrés

Estrés y ciclo vital

Entre las características que más distinguen al estrés se encuentra el hecho de su universalidad, tal vez puede variar en su intensidad, pero nunca en su presencia, ¡es omnipresente!; es decir su amplio alcance, no respeta razas, nacionalidades, estatus económico, edades, pùede hacerse presente en cualquier momento del Ciclo Vital, desde el nacimiento hasta la muerte, asumiendo características y formas de expresión específicas en cada estadio.

¿AFECTA POR IGUAL EL ESTRÉS EN CUALQUIER MOMENTO DE LA VIDA?, ¿PUEDE UN NIÑO PEQUEÑO SER VÍCTIMA DEL ESTRÉS?, ¿TIENEN ESTRÉS LOS ANCIANOS?

Entre las características que mas distinguen el estrés se encuentra el hecho de su universalidad, es decir su amplio alcance, no respeta razas, nacionalidades, estatus económico, edades, tal vez puede variar en su intensidad, pero nunca en su presencia, ¡es omnipresente!; tal vez por ello se insiste tanto en la expresión de que “no es posible escoger tener o no tener estrés, lo que si es posible es escoger qué se hace con el”, porque de todas maneras habrá de acompañarnos desde antes de nacer y hasta el mismo final de la existencia.

Es por ello que el único requisito para caer en su dominio es estar vivo, incluso no es arriesgado afirmar que desde muy temprano en el período de gestación, la ya en potencia personita puede ser víctima del estrés; un embarazo no deseado y que la madre no disfruta, la agudización de incompatibilidades entre los miembros de la pareja durante la gestación, presiones económicas o laborales, hábitos tóxicos como el alcohol o el cigarro, por solo citar unos pocos, hacen del embarazo un evento estresante. Entonces, si la mujer encinta no quiere estresar a su criatura en formación, debe empeñarse en un tranquilo y placentero embarazo y alejarse de estos y otros potenciales estresores.

Una vez que la criatura nace se incrementan las potenciales situaciones estresantes: un bebé de pocos años es absolutamente dependiente de los adultos que le rodean y que le garantizan su salud y bienestar –este último el principal antagonista del estrés- mediante la satisfacción de sus necesidades de alimentación e higiene y las no menos importantes de afecto y seguridad. La carencia o inadecuación en la gratificación de estas necesidades puede convertirse en un importante estresor de la temprana infancia, y crear bases frágiles para el establecimiento de una maduración y crecimiento plenos. Cuando un pequeño se siente seguro y querido empieza a conformar tempranamente un sólido arsenal de recursos para hacer frente al inevitable estrés de la vida cotidiana.

Ya en la niñez el ingreso a la escuela, que supone el inicio de un momento de formación de hábitos de responsabilidad individual en el contexto de la actividad escolar, de convivencia con coetáneos de las mas diversas características con los cuales se comparte en lo esencial en condiciones de equidad y no de privilegio y protección como era en el hogar, así como el liderazgo de los maestros en tanto adultos ajenos con altos niveles de autoridad, son factores que se convierten en potenciales estresores que no pueden ser pasados por alto por los padres. El rechazo escolar, ciertas dificultades con el sueño o la alimentación, o manifestaciones emocionales poco frecuentes como la tristeza y la irritabilidad, son indicadores de que el niño o niña está siendo sometido a ciertas demandas estresantes para las cuales no parece tener los suficientes recursos, pudiendo resultar dañado su bienestar y su autoestima. ¡Alerta con ellas!.

La adolescencia ha sido catalogada como una de las mas exigentes y decisivas crisis del desarrollo; aún en las mas favorables circunstancias el hecho de dejar de ser niño y empezar a ser adulto, bajo contradictorias exigencias de que se quiere ser respetado como ya crecido cuando aún se le trata como infante, o por el contrario cuando se le exige comportarse como adulto cuando necesita apoyo y ser atendido como niño, se convierte en un potente factor estresante.

Tal estrés “natural” puede agudizarse por la creciente significación personal que adquiere la imagen corporal y la valoración de su no adecuación de acuerdo a determinados estándares o por la incrementada influencia del grupo de coetáneos con los potenciales factores de riesgo social típicas de las actitudes rebeldes y desafiantes de lo establecido en esta etapa. ¡Mucha paciencia por parte de los adultos supone el lidiar cotidianamente con un adolescente que busca su lugar!, pero la paciencia y la serenidad son importantes medicamentos contra el estrés, no sólo en la adolescencia,… aunque no sea una sencilla tarea.

No menos estresante puede resultar el inicio de la vida adulta, un período en que se inician dos importantes y estrechamente relacionadas áreas de excepcional significación, demandantes de responsabilidad, en la vida de las personas: la conformación de una propia familia y el inicio de la vida profesional, ambas repletas de escollos y desafíos que exigen una creciente madurez de las personas para poder construir una satisfactoria existencia.

Y aunque la “lógica” nos podría decir que al llegar a la adultez media, un período de supuesta consolidación en la vida, se logra una mayor tranquilidad y consecuentemente menor estrés, lo cierto es que es un período en que aparecen múltiples situaciones estresantes conducentes con frecuencia a las enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares, así como a la emergencia de amenazantes problemáticas de salud como la hipertensión y la diabetes, características del inicio de la quinta década de vida.

Entre estas situaciones estresantes se encuentra el desprendimiento de los hijos ejemplificado con el “síndrome del nido vacío”, las crisis de sentido existencial al hacer un recuento de la propia vida y no quedar satisfecho con este balance conducente en ocasiones a dolorosas rupturas matrimoniales, o hasta el progresivo deterioro de la salud de los padres que conlleva a convertirse en cuidadores de los mismos con el desgaste físico y emocional que ello implica. Es la etapa de la adultez media un período de mucha vigilancia y sabiduría para manejar el estrés.

La adultez mayor es un período no menos estresante, tanto en sus momentos iniciales asociados a la jubilación y la pérdida progresiva de estatus familiar y social que crean favorables condiciones para la creciente emergencia de la dolorosa vivencia de soledad, como en los estadios mas avanzados de declive de la salud y las habilidades, particularmente cognitivas como la memoria, conducentes a una también creciente sensación de inutilidad asociada al lógico temor a la proximidad del final de la existencia. Tal vez los antídotos mas importantes en esta etapa supongan tanto el mantenerse tan activo como sea posible, como disponer de una eficaz red de apoyo que le refuerce constantemente al adulto mayor su valía como persona, a pesar de los años acumulados.

Lo cierto es que cada etapa de la vida presenta demandas y crisis “normativas” concretas, que si no somos capaces de resolver y salir crecidos de las mismas, pueden desbordarnos y conducirnos a las siempre tramposas redes del estrés. Por eso es tan importante cultivar desde el inicio una filosofía de estar vivos, de asumir que siempre estaremos a expensas de determinados retos y desafíos muchas veces desagradables, pero aún en esos casos es mucho mayor el milagro de vivir, ¡aprovechémoslo!

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