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Psicología y estrés

Emociones,... más preciso que estrés.

El estrés es un concepto que se ha impuesto con enorme fuerza tanto en el lenguaje científico como en el argot popular, su valor práctico ha hecho que resista la prueba del tiempo hace ya más de medio siglo; sin embargo su enorme diversidad ha aconsejado ser mucho mas preciso en su caracterización, en particular en lo que al mundo de las emociones se refiere.

Llevamos varias semanas hablando de estrés, tal vez por lo abarcador de un concepto que resulta sumamente útil en el discurso tanto científico como popular, pero lo cierto es que, como nos comentaba un lector, se trata de un término muy grande, una especie de “saco” en que caben muchas cosas y que amerita ser mejor esclarecido. Incluso una de las principales figuras líderes en el estudio del estrés, Richard Lazarus, hace ya varias décadas prefirió considerarlo como una compleja serie de emociones, asociadas a los mas diversos patrones de evaluar la realidad y a una específica tendencia a la acción, donde prima mas la diversidad que la homogeneidad..

Porque no todas las personas experimentan y expresan el estrés por igual, tal vez existan tantas formas de hacerlo como seres humanos existan. Y es que no solo el estrés tiene disímiles formas de expresión, sino que las mismas tienen que ver por una parte con las características de los eventos que lo condicionan, mantienen o precipitan, y por otras con las características y la historia individual de la persona que lo está experimentando. Muchas de estas características están referidas en lo esencial a lo que ha dado en llamarse vulnerabilidad psicológica, un término que se explica por si solo para indicar una especie de umbral ante el que la persona parece haber agotado todos sus recursos de equilibrio y bienestar

Pero alejémonos por un momento del teorizar, ¿qué quiere decir todo lo anterior?, quiere decir en particular que hay muchas formas de expresarse el estrés, tanto en el sentir, como en el pensar y en el hacer. Posiblemente, para ser leal con el autor de referencia, lo que resulta más evidente cuando las personas están estresadas es precisamente lo que acontece en su más íntima subjetividad, pero fuertemente expresado en su pensar y en su actuar: sus emociones.

Ante similares situaciones, un individuo estresado puede expresar su estado de una manera marcadamente ansiosa, con mucha inquietud e incertidumbre, permaneciendo en un constante estado de aprehensión matizado por la expectativa de que “algo malo” va a acontecer; otro individuo puede hacerlo de una manera marcadamente iracunda, siendo víctima de la cólera, una emoción matizada por un alto potencial de agresión y unos deseos enormes de “encontrar al villano,… ¡que ya verá!”; finalmente un tercero puede hacerlo de manera depresiva, un estado en el que la tristeza y la sensación de haber sido víctima de una gran pérdida o daño irreparable matizan su sentir imprimiéndole una alta dosis de parálisis y pesimismo. O peor aún, ¡puede tratarse de una compleja mezcla de todas estas emociones!”, que conducen al individuo a una desbordante situación de indescriptible malestar.

Son estas tres emociones, la ansiedad, la cólera y la depresión, acompañantes por excelencia de los problemas humanos, las que con mayor frecuencia se pueden apreciar en el consultorio de cualquier psicólogo clínico o psiquiatra; ellas se encuentran en la base de una buena parte de los trastornos y alteraciones psicológicas descritas en la literatura.

Pero quedarse aquí sería tener sólo una mirada patológica fraccionada del estrés, cuando lo cierto es que en la vida cotidiana aparece un número importante de otras emociones negativas que responden mucho mas a la “natural complejidad del existir” que a una visión enferma o trastornada del ser humano. Los especialistas en el tema suelen ubicar en este contexto a lo que han definido como las cuatro emociones negativas asociadas al hecho de vivir en sociedad, es decir aquellas emociones que se asocian con la inevitable relación con los otros.

Son estas emociones:

  • La culpa, aquel malestar derivado de la creencia de que se ha pecado o hecho algo muy mal, asumiendo acríticamente toda la responsabilidad personal por lo acontecido, liberando de responsabilidad a los demás;
  • La vergüenza, aquel malestar derivado de la creencia de que se ha fracasado en el empeño de haber vivido de acuerdo con determinados estándares morales y expectativas personales, conducente al miedo a la deshonra, el ridículo y la pérdida de credibilidad y respeto;
  • Los celos, aquel malestar derivado de la creencia de que existe una desoladora amenaza de ser privado de algo considerado como propio, particularmente de la relación con una persona significativa, en particular –aunque no únicamente- en el contexto de la pareja por la influencia de un “tercero”, y
  • La envidia, posiblemente la mas corrosiva de las emociones negativas asociadas a la vida en sociedad, en que se presenta una molesta y amarga vivencia de que otra persona posee y disfruta de “algo” deseable, que uno no tiene y que le debería pertenecer a uno, y no a la otra persona.

Como puede apreciarse, las referidas expresiones tratan de emociones negativas no sanas que tipifican a lo que ha dado en definirse como distrés, o “estrés malo”, aquel que se caracteriza por acompañarse de agobio, malestar, disgusto, agotamiento, así como muchos otros términos parientes o similares en que está comprometido el bienestar y la calidad de vida.

Sin embargo, en mas de una ocasión se ha esclarecido que el estrés es parte ineludible de la existencia y que posiblemente el peor de los estreses sería una vida sin estrés; porque además de los inevitables e inconvenientes imponderables de la existencia humana, también existe eso que ha dado en definirse como eutrés o estrés bueno, es decir aquel que activa enormemente a la persona, pero desde una sana perspectiva matizada por sentimientos nutrientes del amor propio, aunque estén implícitos el esfuerzo, el agotamiento y hasta un poco de disgusto e incertidumbre.

Piense por ejemplo el lector, en lo que acontece cuando se está consumando un trabajo que ha consumido enormes esfuerzos y sacrificios, pero el resultado está a punto de ser alcanzado y la persona atribuye los créditos a sus méritos o esfuerzo personal, apareciendo una marcada vivencia de orgullo que imprime fuerzas para seguir adelante en medio de tanto agotamiento. O en la enorme alegría derivada de que uno mismo, o un ser querido, ha logrado o está haciendo progresos razonables hacia la realización de un propósito o meta que en su momento parecía distante o inalcanzable.

Piense el lector inclusive en lo que ha dado en definirse como emociones complejas como la esperanza, caracterizada por el anhelo o expectativa sostenida de que algo bueno habrá de suceder y se insiste en creer en lo mejor, aún en el contexto de evidentes amenazas, tal y como acontece con algunas enfermedades. O el propio amor, ese poderoso sentir, que tantas y tan contradictorias vivencias afectivas genera, alegrando en unas ocasiones la existencia y en otras amargándola, e incluso conviviendo o pasando constantemente de uno a otro, metaforizado en aquella vieja canción que decía que “te odio y sin embargo te quiero”.

De una u otra manera, todas las emociones referidas, ya sean las negativas, las positivas o las complejas sazonan la vida cotidiana, deviniendo parte acompañante de la misma; todas son expresión de ese macro término que es el estrés, pero cada una asume su propia forma específica de manifestarse e influir sobre el bienestar y la salud de cada persona concreta, en función de las características e historia de la misma como referíamos al inicio. A cada una de estas emociones dedicaremos futuros espacios.

Comentarios

Profe!!! Que mediático!!! me

Imagen de Adriana

Profe!!! Que mediático!!! me encanta que tenga un blog.

Siempre dice que las publicaciones son un eslabón importantísimo en la carrera de un investigador-profesor. Lo busqué por algunos de los conceptos que usted trabaja y me encuentro con esto!!! que bueno. Me hace feliz, ojalá y lo siga actualizando. Muy bueno lo que escribe...  Es el área que realmente me interesa. Siempre se lo he dicho. Bueno, cualquier cosa que necesite aquí me tiene, de verdad. Muchos besos, Adriana.

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