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Emociones y Salud Humana

¿Cómo afectan las emociones a la salud humana?

Las emociones tienen muy fuertes vínculos con la salud humana, ellas guardan estrecha relación con el desempeño social y el bienestar subjetivo, pero no menos con la salud física, en la que las emociones pueden tanto llevar a enfermar como a recuperar la salud, a través de los más diversos mecanismos.

Las vidas de los humanos nacen, crecen, se desarrollan y concluyen en presencia de las emociones. Las emociones actúan como una importante interfaz entre las esferas biológicas, interpersonales y socioculturales del funcionamiento humano, proporcionando un puente casi perfecto entre persona y entorno. De aquí que su relación con los comportamientos y resultados de salud no resulte sorprendente, afectando los tres más importantes componentes de la mirada bio-psico-social de la salud: la salud física, el bienestar subjetivo y el desempeño social.

En esta mirada holista de la salud, refrendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), queda claro que ninguno de sus componentes queda indemne del impacto de la vida emocional, la depresión compromete sensiblemente el bienestar subjetivo, la envidia enrarece las relaciones interpersonales y el desempeño social, y casi todas las emociones negativas impactan el funcionamiento biológico de una u otra forma:

Así por ejemplo, una sola emoción, la cólera, parece estar estrechamente asociada con daños al sistema cardiovascular, la cólera inerte, esa que supone una buena irritación de la que el individuo no logra desprenderse y permanece horas y hasta días rumiando parece relacionarse estrechamente con los accidentes cerebro vasculares; y hasta la cólera que no se expresa sanamente, aquella que la persona se “traga” para si misma parece estar estrechamente relacionada con los problemas gastrointestinales, cuando no se logra un óptimo “drenaje emocional”..

Puede afirmarse sin lugar a dudas, y los especialistas no deben pasar esto por alto, que no hay un solo tema en el contexto de todo el proceso salud enfermedad en que no esté presente el factor humano, en particular a través de la esfera afectiva y del mundo emocional de las personas. Particular atención se ha brindado desde este punto de vista a las emociones negativas por su efecto corrosivo aparentemente evidente sobre la salud, pero crecientemente se presta atención a las emociones positivas por su efecto optimizador y restaurador, a ellas dedicaremos posteriores consejerías, pero ahora comentemos algo acerca del efecto de las emociones negativas sobre el bienestar y la salud física.

Aunque muchas veces el efecto de las emociones sobre la salud se da como una verdad establecida, es importante conocer algunos de los elementos que explican cómo y a través de qué mecanismos se producen estos efectos de la emoción negativa sobre la salud. Una de las miradas más elementales, pero no por ello menos ilustrativa, es aquella que se refiere a las vías, directas e indirectas, mediante las cuales incide la emoción negativa sobre la salud:

  • Vías directas: serían aquellas en que la presencia de emociones negativas, sobre todo aquellas que se han definido como “emociones negativas no sanas” (ansiedad, depresión, cólera, envidia, culpa), que al ser intensa y sostenidamente vivenciadas en el tiempo, impactan directamente sobre todo a los Sistemas Autónomo, Endocrino e Inmunológico. Apelando en aras de la comprensión a las metáforas, una depresión elevada también deprime al sistema inmunológico haciendo vulnerable al organismo a las mas elementales infecciones incluida la gripe común; una potente ansiedad golpea al sistema endocrino del organismo, en particular a las gónadas y lacera la potencia sexual masculina; una cólera explosiva afecta seriamente al sistema autónomo y puede hacer explotar también a las coronarias de una persona.
  • Vías indirectas: son aquellas en que para controlar la emoción negativa, la persona apela a comportamientos “tranquilizantes” pero con severos efectos directos virulentos sobre la salud: la persona que “controla sus nervios” mediante un “relajante cigarrito” está invadiendo de  toxinas su cuerpo y comprometiendo su salud en general y no sólo a nivel pulmonar; la persona deprimida que decide ahogar sus penas en alcohol, también está ahogando su salud en general, no sólo la de su hígado: la persona que para controlar su cólera come desaforadamente cualquier cantidad de comida chatarra repleta de grasas poli saturadas conducentes a la obesidad, también estará convirtiendo en chatarra la salud de su organismo; para no hablar de aquellos que tanto su ansiedad, como su depresión o su cólera la resuelven con medicamentos cuyos efectos químicos le pasan factura a la salud mas tarde o mas temprano.

Resulta legítimo también referirnos aquí a los efectos a corto o largo plazo de las emociones negativas sobre la salud, porque hay emociones de efecto inminente que una vez que transcurren los efectos que la produjeron “las aguas vuelven a su nivel” y todo retorna a la normalidad. Así, por ejemplo, una aparatosa infección respiratoria aguda de un niño, genera inquietud y miedo entre el resto de los miembros de la familia quienes empiezan a manifestar síntomas somáticos como insomnio, “saltos” en el estómago, pérdidas de peso, constipaciones y otros síntomas que nos están diciendo del estado de alarma del organismo; sin embargo, una vez que el niño recupera su salud, también sus familiares vuelven a la normalidad.

No ocurre lo mismo con los efectos a largo plazo, en que está implicada una situación crónica sostenida durante largos períodos de tiempo. Podemos aquí, por ejemplo, referirnos a aquella persona amarga por excelencia, pesimista hasta las últimas consecuencias, que de tanto vivir emocionalmente en contra del mundo, intoxica emocionalmente de manera crónica a su organismo de manera tal que la hipertensión o las úlceras se adueñan de su salud..

Hasta aquí hemos hablado de la emoción negativa como elemento conducente a la enfermedad física; son sin embargo muchas otras las formas en que la emoción y la salud física guardan estrecha relación. Un ejemplo de ello es su relación con la percepción de síntomas y la sensibilidad con los cambios físicos que se experimentan, así como con la adherencia a los tratamientos, pudiendo incluso aparecer efectos paradojales en su relación con la salud.

Porque una persona ansiosa, sumamente aprehensiva, en el caso extremo eso que la psicopatología definió como hipocondría, puede tener comportamientos particularmente híper vigilantes con su salud, ver síntomas de enfermedades ante las mas mínimas señales y acudir de inmediato a buscar ayuda médica, en unos pocos casos logrando identificar tempranamente serios problemas de salud, y en la mayoría volviendo loco al personal de salud ante sus constantes y cambiantes demandas. Paradójicamente una persona excesivamente optimista puede no prestar atención a determinadas alertas, minimizarlas y pensar que eso “no es nada”, y dejar sin darse cuenta que serios problemas de salud carcoman su salud.

Por ello, aunque se piensa que las emociones negativas causan una peor salud y las emociones positivas una mejor salud, en realidad se trata de asuntos infinitamente más complicados que el personal de salud no debe ignorar y debe tratar de entender para actuar en consecuencia.

Finalmente es válido recordar que en la vida todo tiene un carácter sistémico, y la relación emoción salud no es unidireccional, sino que se producen relaciones en ambas direcciones, si bien la emoción, muy en particular la emoción negativa afecta negativamente a la salud, también es legítima la relación inversa de que un favorable estado de salud tributa a positivos estados de bienestar emocional, que hacen legítima la ancestral frase de “mente sana en cuerpo sano”. Ello nos habla entonces de la importancia de comprender cómo en los momentos de enfermedad se genera un número importante de emociones, en algunos casos negativas como la desesperanza que pueden comprometer mas aún el estado de salud, y en otros casos positivas que mueven eso que hado en denominarse resiliencia y que se convierte en un poderoso factor restaurador de la salud.

Evidentemente el camino hacia una buena salud, pasa por la avenida del bienestar emocional, y para arribar al mismo se necesita de una buena dosis de inteligencia emocional, un tema que amerita dedicarle próximas consejerías.

Comentarios

Es muy bueno conocer todas

Imagen de Aimara

Es muy bueno conocer todas estas cuestiones relacionadas con la salud, pues muchas veces subestimamos el factor psicológico en la vida, y no percibimos que ellos son la base de nuestros malestares, acudimos rápidamente a un cuerpo de guardia ante cualquier dolencia, pero no pensamos cómo puede afectar una emoción negativa latente, y no acudimos a un psicólogo por prejuicios. Gracias al profesor por este artículo.

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