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¿Son solo las emociones negativas las que influyen en la salud de la persona?

Emociones positivas,… desde una psicología positiva.

Las emociones juegan un papel decisivo en la existencia humana, en tanto elemento dinámico que activa, motiva y tributa a la salud y bienestar de las personas, tanto en un sentido negativo, como en un sentido positivo; sin embargo a esta última mirada se le prestó mucho menos atención hasta la relativamente reciente emergencia de la Psicología Positiva que revierte sensiblemente esta situación.

Como hemos venido conversando en las últimas consejerías, pocos temas pertenecen con tanta legitimidad al campo de la Psicología como el tema de las emociones, es muy difícil hablar de asuntos humanos sin que estén presentes asuntos emocionales como los afectos, los sentimientos o las pasiones. Es, sin embargo, muy interesante la prevalencia que en el discurso tanto popular como científico tienen las emociones negativas; la ansiedad, la depresión y la cólera son emociones constantemente recurrentes cuando en Psicología de la Salud se habla del papel de los factores psicológicos y sociales en el proceso salud enfermedad,… culpa, celos, vergüenza y envidia son de frecuente presencia cuando en la Psicología Social se habla de esa tan importante vida cotidiana.

Ello resulta obvio debido al también evidente impacto de las emociones negativas tanto sobre la salud física como sobre el bienestar subjetivo; la sabiduría popular conoce que una persona constantemente amargada, cuya amargura tiene en constante ebullición a sus ácidos gástricos, tiene una enorme propensión a desarrollar una úlcera u otro trastorno gastrointestinal,… y también conoce que una persona constantemente deprimida estará tan desbordada por el pesimismo, que fracasa en cuanto empeño se propone, con lo que se agudiza e incrementa justificadamente su depresión llegando a contagiarla entre quienes le rodean.  Mucho menos conoce que una postura optimista ante la vida puede contribuir a remontar situaciones que parecerían catastróficas, como se expresa en el reciente concepto de resiliencia.

Sin embargo, hasta no hace mucho, poco se hablaba del papel y significado de las emociones positivas para la salud y el bienestar de las personas, y cuando así se hacía, se hacía desde una perspectiva simplificada y del sentido común, ¡el mas común de los sentidos!, pero poco desde una mirada científica. Esta situación parece revertirse ya hace varias décadas, cuando la emergencia de la llamada Psicología Positiva empezó a privilegiar conceptos que hablan del “buen vivir” emocional, como la esperanza y el optimismo

Desde una rápida mirada histórica, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial la Psicología devino una ciencia dedicada fundamentalmente a la curación, focalizada en la reparación del daño, empleando un modelo del funcionamiento humano a partir de la enfermedad, centrado esencialmente en las debilidades y vulnerabilidades de las personas. Obviamente esta atención casi exclusiva en la patología desatendió la idea de una persona individual o grupo humano realizado y feliz, así como la apuesta por un cuerpo social próspero, con lo que se pasaba por alto la posibilidad de que cimentar fortalezas es el arma más potente en el arsenal de la psicoterapia.

Al cambiar esta situación con la emergencia de la psicología positiva, un objetivo primordial de la ciencia es catalizar un cambio en la psicología desde una preocupación solamente con la reparación de las peores cosas en la vida de las personas hasta una intencionalidad de fomentar las mejores cualidades en la existencia. Hay una linda expresión de Michael Hoyt que se explica por si sola y así lo ilustra, cuando nos dice que “hasta ahora la Psicología se había centrado donde ya las personas habían estado y les había ido mal, es hora de centrarnos donde aún no han estado y les puede ir bien”.

A modo de información formal al lector, esta Psicología Positiva es una rama relativamente reciente de la psicología cuyo propósito fue resumido en 1998 por Martin Seligman y el psicólogo de origen croata y nombre de difícil pronunciación, Mihaly Csikszentmihalyi, quienes afirman que "creemos que una psicología del funcionamiento humano positivo germinará, y conseguirá un consenso entre la ciencia y las intervenciones eficaces para potenciar el florecimiento de personas individuales, familias, y comunidades.” En esta Psicología el componente emocional resulta decisivo.

¿Y qué implicaciones tiene esto para la vida cotidiana?, formalmente me atrevería a decir para empezar, que las emociones positivas son no sólo grandes catalizadores del crecimiento humano, sino que también nos proporcionan recursos mas potentes para hacer frente a las mas adversas situaciones de la vida cotidiana; podría parecer ingenuo pero el sabio refranero popular nos dice que “al mal tiempo, buena cara”,… cuando escribo esta última idea me viene a la mente una simpática, pero constructiva anécdota personal en mi vida familiar que quisiera compartir con el lector:

Hace mas de diez años, mi abuela que aún vivía se cayó en el baño y se golpeó en la frente sobre la ceja, haciéndose casi inmediatamente un enorme y aparatoso chichón, todos corrimos a auxiliarla, nos compungimos mucho y las caras de tragedia matizaron la situación, lo que asustó mas aún a la abuela. En ese momento entró Miguelito, mi hijo mas pequeño quien en aquel entonces tendría menos de diez años pero quien siempre ha sido particularmente agudo y objetivo en sus juicio, la miró y le dijo “¡coño abuela, ahora si te pareces a Quasimodo!”,… en ese mismo instante se distendió el ambiente, todos rompimos a reír sanamente y la primera que se aflojó emocionalmente fue abuela.

Y es que la Psicología Positiva se instituye sobre componentes emocionales que tratan de evidenciar lo mejor de las personas, y el humor es uno de ellos. Aquel humor sano, sin intencionalidades de hiriente ironía o burla, suele humanizar extraordinariamente las relaciones humanas, facilitar la solución de conflictivas situaciones interpersonales, al tiempo que constituye un ejercicio físico formidable: al reírse se moviliza una impresionante cantidad de músculos faciales que en las personas desbordadas por las emociones negativas apenas se utilizan llegando casi a atrofiarse, ¿no conoce el lector a personas que cuando se ríen lo que transmiten es una deformante mueca?, tal vez porque de hecho no responden a un legítimo humor o por tratarse de personas que hace mucho tiempo no se permitían disfrutar a plenitud de la vida.

Las emociones positivas no se agotan con el humor, son muchas y más diversas sus formas de expresión:

  • La alegría derivada de un buen resultado personal, propio o de alguien querido, nutre al organismo de una vivificante sensación de satisfacción y orgullo. Más aún, una filosofía de vida alegre permite alejar cualquier derrotismo y tomar decisiones ante las situaciones críticas y de cambio en que se privilegie la expectativa de logro de oportunidades, mas que los paralizantes temores ante los peligros.
  • La constructiva excitación derivada de estar implicado en un proyecto o empresa de interés, en el que se depositan muchas esperanzas y expectativas, hace que la persona se implique y dedique enormes esfuerzos a su consecución, podrá cansarse y hasta sentirse extenuado pero no descansará hasta lograr lo que se propone, aún cuando para muchos, y a veces hasta para él mismo parecía imposible.

Sobrarían espacios para comentar aristas y áreas en que se evidencia la significación de una mirada positiva de la vida pero baste señalar una típica expresión de esta perspectiva, que se explica por si sola: las personas felices aprecian lo qué tienen, sin pensar demasiado en lo que no tienen,… sin que ello signifique que no aspiren a tener.

Valga aclarar que lo anterior no significa que la persona que se apropia de la filosofía de una psicología positiva no estará expuesta a negativas emociones como la tristeza, la ansiedad o la ira, pero aún en estos casos la tendencia será a que sean “emociones negativas sanas”, que la persona será capaz de manejar y no dejarse abatir por las mismas,… en alguna consejería hablaremos de emociones positivas y negativas, sanas y no sanas.

Por último, quisiera hacer una consideración necesaria, porque no nos equivoquemos, ¡somos humanos!, y no faltan las ocasiones en que la dura y cáustica cotidianidad nos conduce implacablemente a las nocivas incertidumbres y, peor aún, desesperanzas. Pero tener una filosofía de vida optimista, en que no se tema a hacerse cargo de la propia vida, asumiendo que la existencia humana está repleta de alternativas, cada una de ellas con sus costos y beneficios, y que somos las propias personas quienes estamos convocados a trabajar por una u otra es una manera digna de pasar por la existencia personal, y una expresión de eso que llaman inteligencia emocional, a la cual dedicaremos la próxima consejería.

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