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¿Pueden las emociones negativas jugar un papel constructivo en el bienestar de las personas

Emociones negativas,… ¿sanas y no sanas?

En la vida las emociones cumplen una importante función dinamizadora, que nos hacen sentir bien o mal. Sin embargo una mirada del asunto desde una posición en “blanco y negro” nos puede conducir a pensar de manera polarizada que son absolutamente buenas o absolutamente malas, cuando lo cierto es que emociones negativas pueden resultar muy sanas o constructivas en función de determinadas condiciones y viceversa.

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Desde una óptica estrictamente científica, Charles Darwin resultó ser de los primeros ilustrados en abordar la significación de las emociones para la adaptación de las especies, identificando que las emociones negativas de miedo aconsejaban huir ante situaciones amenazantes y luchar ante situaciones de desafío, así como aproximarse hacia aquello que era identificado como placentero.

Pero en realidad desde siempre las emociones han ocupado un lugar central y una función en la vida del ser humano, baste revisar la Biblia, uno de los mas antiguos textos conocidos por la Humanidad y podrán apreciarse constantes referencias a pasiones, amores, odios, miedos, envidias, vergüenzas, culpas y muchos otros términos que sirven para indicar estados afectivos de las personas y que, de una u otra manera, juegan un importante papel en el curso que habrán de seguir sus existencias. El arte en cualquiera de sus manifestaciones ha sido también expresión de ello, no es buen arte aquel que a pesar de su “perfección”, es incapaz de evocar intensas emociones.

Es por ello que no resulta ocioso afirmar que las emociones no sólo han constituido interés del mundo científico, sino también –posiblemente mucho mas en determinados momentos- han sido fuente de inspiración para artistas con especial sensibilidad por la calidad de la existencia humana, como escritores, pintores, compositores, etc. quienes no han dejado de apreciar en su justa medida su contenido y significación en la vida de las personas. El horror del Inferno descrito por Dante, la especial ternura descrita por Shakespeare en Romeo y Julieta o su angustiosa descripción de los celos descrita en Hamlet, la inquietante mirada de la Gioconda pintada por Miguel Angel, sin ignorar la pasión que evoca la Novena Sinfonía de Beethoven compuesta cuando ya había perdido la audición, son obvios indicadores de cuanto la emoción dinamiza y brinda sentido a nuestras existencias.

Y es que la existencia humana no puede concebirse al margen de las emociones, ¡funcionaríamos como zombis o robots!, afortunadamente las emociones brindan pistas no sólo de las cosas, sino sobre todo de cómo las cosas, para bien o para mal, afectan nuestra existencia:

  • ¿Cómo puede saberse si se ama a alguien si el cuerpo todo no se moviliza anhelando la presencia de la persona amada, si apenas se concibe un minuto de la vida sin la cercanía de aquella, si todos los sistemas del organismo no se aceleran ante su contacto o simple recuerdo?
  • ¿Cómo puede saberse que se odia a alguien si su presencia no evoca sensaciones de hostilidad, deseos de agredir, tensiones musculares disparadas por olas de adrenalina liberada?
  • ¿Cómo puede saberse si se teme a algo o a alguien si su mera evocación no evoca sensaciones corporales de displacer que convocan a huir o evadir el objeto del miedo?
  • ¿No son todas estas manifestaciones y otras pertenecientes a otras categorías emocionales acompañantes cotidianos de nuestra existencia,… puede concebirse la vida al margen de las mismas?, ¡definitivamente no!

Y es que de igual manera que los seres humanos somos (o tal vez nos lo creemos) las criaturas mas inteligentes de la Tierra, somos también, por excelencia, las criaturas más emocionales. En la intencionalidad de dar respuesta y manejar las complejas demandas que nos impone el medio con relación a nuestra inserción en un tan complejo mundo, en cada momento estamos “sintiendo” lo que pasa, pudiendo experimentar no sólo todo tipo de emociones, sino la contaminación entre ellas.

Y en este sentir, discriminamos lo que para nosotros es bueno de lo que es malo, o en otras palabras lo que tiene que ver con emociones positivas y emociones negativas. Ahora bien, la valoración de la positividad o negatividad de una emoción, sólo referida al hedónico bienestar o malestar personal, podría ofrecernos sólo una visión unilateral de tan significativo proceso en la vida de las personas; Una emoción sentida como negativa puede ser muy sana y constructiva en función de las circunstancias que la rodean y, viceversa, una emoción sentida como positiva puede ser muy enferma y poco constructiva. En otras palabras ya circunscritas a las llamadas emociones negativas, estas pueden ser no sanas y destructivas, pero pueden también ser muy sanas y constructivas cuando tributan a restablecer el equilibrio y buen funcionamiento de una persona, en relación congruente con sus metas y propósitos y su concepción de la existencia humana.

Porque para poder entender la magia y el misterio de las emociones es imprescindible conocer su relación con el curso real de los acontecimientos: ¿hay algo mas sano y constructivo que irritarse intensamente ante el fracaso de un proyecto cuya consecución parecía inminente y una torpeza propia o la negligencia y hasta maledicencia de otro lo echó a perder?, ¿hay algo mas enfermizo y destructivo que desear el mal y alegrarse de la desdicha de otro ser humano que nunca nos ha hecho daño por simple envidia?

Por ello, los seres humanos no tienen porqué asustarse ante una intensa emoción negativa cuando esta resulta constructiva; sin embargo, ¿cuándo puede cualquier emoción no ser constructiva, más allá de que se evalúe y sienta como negativa?;  se dice que una emoción deviene esencialmente no constructiva cuando conspira contra el sano bienestar y las metas y propósitos de la persona, al tiempo que una emoción deviene menos constructiva siempre que concurran determinadas circunstancias que compliquen la óptima interacción de la persona con su entorno; entre ellas podemos citar:

  • Aquellas situaciones en que se sobreestima o magnifica un componente negativo de la situación; una depresión por la pérdida de un ser querido puede ser muy legítima y hasta reparadora del equilibrio personal, pero cuando no sólo se extiende mucho mas allá de períodos sensatos de tiempo, sino que asume manifestaciones exageradas y desproporcionadas de autocompasión, puede perder legitimidad y convertirse mas en autocompasión que en dolor real por la pérdida. Puede incluso implicar una marcada insensibilidad por quienes le rodean y cuyo dolor puede resultar similar e inclusive mayor:

Conocí una persona que muchos años después de una realmente importante pérdida se mantenía en una situación depresiva, en que renunciaba a vivir “como antes” y a ocuparse de sus restantes familiares,… las cosas sólo cambiaron después que una hija le dijo; “hace mucho rato que ya tú no lloras a mi hermano, lloras porque te has tomado lástima a ti misma”.

  • Aquellas situaciones en que personas con una autoestima muy baja, subestiman en exceso sus habilidades y competencias para hacer frente a la situación generadora de la molesta emoción, con lo que se produce una creciente pérdida de confianza en si misma y la consecuente devaluación de la autoimagen, lo que agudiza mas aún las cosas, tanto en lo referente a la percepción del malestar que lógicamente tiende a sobredimensionarse, como a la parálisis para hacer frente al problema real. Es posiblemente el caso de la vergüenza excesiva y no justificada por el curso real de los acontecimientos.
  • Aquellas situaciones en que la reverberación constante del problema conduce a actos desorganizados y caóticos que tienden a crear una situación más caótica aún. Piense el lector solamente en la persona particularmente celosa, a quien no le basta atormentarse con sus celos, sino que espía, pone trampas para verificar la autenticidad de su desconfianza, y lo que logra es solo agudizar la relación emocional con la persona amada, lo que incrementa sus negativas emociones de celo y angustia ante una cada vez mas posible pérdida de la relación.
  • Aquellas situaciones en que a partir de la constante rumiación en torno a la desagradable o indeseada emoción, proliferan nuevos pensamientos que nada tienen que ver con el problema real, que además de desgastar a la persona y generarle preocupaciones adicionales, le alejan de las soluciones reales.

Otro elemento que puede comprometer mas aún, desde una perspectiva no constructiva, la presencia de emociones negativas es la tendencia de la persona a tratar de “tranquilizarlas” por vías no idóneas que lo que hacen es agudizar mas la situación: el fumar “para relajarse”, el alcohol “para aliviar las penas” o los tranquilizantes “para olvidarse de todo” son vías que  comprometen muy seriamente la salud y alejan a la persona de la solución real de los problemas, a la par que potencialmente crean otros nuevos problemas.

Es por eso tan importante asumir que la vida tiene múltiples encantos, pero también inevitables contrariedades conducentes al malestar emocional. Al decir de Ricardo Arjona “si le temes a las espinas, no aceptes rosas”,… lo importante no es negar o evadir las contrariedades conducentes a emociones negativas, sino afrontarlas de manera sana y constructiva, para –y ahora lo digo yo- poder disfrutar del olor y la textura de la rosa, a pesar de unos cuantos pinchazos.

 

Dr. Miguel A Roca

Comentarios

Las emociones considero son

Imagen de María Antonia

Las emociones considero son como el punto de sal en alguna comida, pues cuando la persona se emociona es porque causó un efecto, alguna situación y por tanto nos sentimos vivos.

Las emociones dinamizan

Imagen de Aymara

Las emociones dinamizan nuestras vidas, en otras palabras colorean la vida de diferentes matices, sin embargo es importante aprender a controlarlas, para expresarlas de manera sana y oportuna, para ello el primer paso es a mi criterio, conocernos a nosotros mismos, reconocer nuestras emociones, desarrollar nuestra inteligencia emocional.

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