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Estrés, Familia, Bienestar

Psicología, estrés y familia

La familia es el grupo humano donde las personas pasamos la mayor parte de nuestras existencias, tanto la familia de origen en que se nació, se creció, y se aprendieron las primeras herramientas para vivir, como la familia de creación, aquella construida a partir de un proyecto deseablemente conjunto de amor, voluntad, complementación y continuidad. Puede ser tanto fuente de bienestar y antídoto contra el estrés perturbador, como fuente potencial de malestar y estrés cuando se caracteriza por patrones disfuncionales.

¿AFECTA EL ESTRÉS DE UN INDIVIDUO A TODA SU FAMILIA?, ¿PUEDE LA PROPIA FAMILIA CONVERTIRSE EN FUENTE DE ESTRÉS?, ¿ES LA FAMILIA EL IDEAL REFUGIO CONTRA EL ESTRÉS?

La familia es el grupo humano donde las personas pasamos la mayor parte de nuestras existencias, tanto la familia de origen en que se nació, se creció, y se aprendieron las primeras herramientas para vivir, como la familia de creación, aquella construida a partir de un proyecto deseablemente conjunto de amor, voluntad, complementación y continuidad. También es, desde lo deseable, refugio y remanso de paz frente a los avatares y disgustos de la vida cotidiana, en otras palabras es un potente amortiguador del estrés, al resultar la mas importante red de apoyo en que está inmerso un individuo desde que nace hasta que muere.

Sin embargo, la vida en familia puede ser tanto la más enriquecedora de las experiencias existenciales, como la más caótica y desorganizadora de las experiencias cuando es devenida en estresante contexto que sólo malestar provoca a sus miembros, llevando a afirmar algunos especialistas que el estrés familiar se encuentra entre las primeras causas de los trastornos de origen psicógenos de la infancia y la adultez, cuando este importante grupo humano resulta particularmente disfuncional.

Aunque algunos de los miembros de la familia están expuestos a mayores niveles de estrés, dada su mayor vulnerabilidad psicológica, como los niños, los ancianos, las mujeres y los portadores de determinada discapacidad o enfermedad, lo cierto es que ninguno de sus miembros, ni siquiera aquellos que no conviven bajo el mismo techo, escapan de estar expuestos a los corrosivos efectos del estrés.

En sentido general, son múltiples los factores presentes en el estrés familiar. Así, la literatura especializada refiere que pocos eventos son tan des-estructuradores  como los problemas financieros, en que las carencias y dificultades económicas parecen ahogar a los miembros responsabilizados con el sostén y gratificación de las necesidades básicas de supervivencia, sumiéndoles en la depresión y la desesperanza, no menos que en la cólera y la violencia, que enturbian sensiblemente el clima familiar, al aflorar miserias humanas que parecían inconcebibles y quebrantarse lazos humanos que parecían inconmovibles.

Son las crisis financieras, los eventos que mas convocan a la familia a la cohesión, al “trabajo en equipo” promotor de un sentido de unidad, a esforzarse en alejar al fantasma de la desesperanza y apelar para ello a todas sus fortalezas espirituales con voluntad resiliencia.

Otros factores que pueden resultar estresantes y quebrantar la cohesión familiar lo constituyen la infidelidad de alguno de sus miembros generando fracturas hogareñas que se expresan en un clima de suspicacia y pérdida de credibilidad en lo que algún momento se rodeó de un sano halo de confianza, la corrosiva invasión de otros parientes significativos (suegros, hermanos) en la intimidad del nicho familiar creando serias grietas en la unidad familiar, así como los conflictos laborales de alguno de los miembros que son extrapolados con creciente intensidad a lo interno de la familia. Mucha vigilancia han de tener los miembros de la familia para no permitir que tales factores provenientes de amenazas externas carcoman la paz y seguridad del entorno familiar.

Pero no confundamos las cosas, si bien estresores factores externos como los referidos pueden hacer “explotar” a una familia, también puede la misma hacer implosión, cuando las pifias de su estructura y funcionamiento pueden dañar a sus miembros desde su propio interior. Así, la ausencia de un miembro importante de la familia, literalmente uno o ambos padres, ya sea de manera definitiva o demasiado prolongada en el tiempo puede quebrar reglas y rutinas que hasta entonces funcionaban bien, promoviendo el estrés.

Y sin que esté necesariamente ausente uno u otro miembro, la propia dinámica familiar habitual puede ser muy disfuncional y conducir al estrés de todos sus miembros; cuando hay anomalías en la jerarquía de la autoridad, cuando existen conflictos de roles, cuando los límites no están claramente establecidos, cuando la rutina y la monotonía desgastan a lo que fue un lindo proyecto y distancian a los miembros de la pareja original, legitimando aquella irónica frase de que “la causa del divorcio es el matrimonio”, cuando faltan habilidades de comunicación y está presente la incapacidad para negociar discrepancias con una evidente intolerancia ante las opiniones de otros miembros, estamos en presencia de las mas diversas formas de estrés familiar.

Y todo lo anterior puede estar aderezado por la presencia del consumo de alcohol, el predominio de la violencia y el abuso en cualquiera de sus manifestaciones (físico, económico, emocional), la presencia de características no deseables en alguno(s) de sus miembros como la agresividad y códigos arcaicos de relaciones interpersonales, e incluso la existencia de desagradables historias familiares en alguno(s) de sus miembros, quien(es) tiende(n) a repetir la historia vivida a pesar de ser conscientes en muchos de los casos de sus nocivas consecuencias.

Pero si me quedase en lo escrito hasta aquí, todo parecería apuntar a que la familia es el “mejor” de los contextos para que germine y florezca el estrés, cuando lo cierto es todo lo contrario, no hay espacio con mayor potencial para generar bienestar y desarrollar el amor propio y el auto respeto de las personas que el entorno familiar, convirtiéndose efectivamente en ideal refugio para amortiguar y afrontar el estrés, incluso aquel estrés que surge dentro de los inevitables conflictos de la propia familia, tanto ante crisis normativas como no normativas. Porque de estos conflictos una familia funcional sale crecida y desempeñándose mejor que lo hacía con anterioridad, haciendo justicia a esa deseable actitud ante la vida que es la resiliencia.

Una buena familia fomenta desde los primeros años de vida las fortalezas de sus miembros para lidiar con los inevitables avatares y estreses de la vida cotidiana, se convierte en poderosa fuente de apoyo cuando un miembro se encuentra en difíciles y estresantes situaciones existenciales, deviene útil y eficiente espacio de negociación de las dificultades que puedan presentar sus miembros, pero sobre todo ofrece un excepcional sentido de pertenencia derivado de la convicción de que se tiene acceso a una importante red de personas a quienes ama y le aman, y que sobre todo siempre están ahí, en las buenas y en las malas,… ¿es posible concebir mejor refugio que la familia para hacer frente al estrés?

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