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Hola María Esther, hola a

Imagen de Miguel Ángel Roca Perara

Hola María Esther, hola a todos, mis saludos y votos de buenas cosas en el año que ya empieza,… y mis excusas por no haber respondido antes,… tal vez en el entusiasmo de echar adelante la Consejería me dediqué a escribir los primeros contenidos y dejé para después lo más importante que es el diálogo con sus beneficiarios. Y me voy entonces a aprovechar de eso mismo para comentar algunas de sus peticiones,

¿con qué instrumentos hacer frente al estrés?,… obviamente ello lleva una Consejería completa con la que desde ya me comprometo, pero hay cosas importante que puedo adelantar, y la primera es asumir que aunque quisiéramos no se puede con todo lo que nos proponemos, no alcanza el tiempo, y empeñarse en hacerlo nos metería en una “urgencia y angustia temporal” deseando que los días tuvieran 36 horas cuando su diseño real es de 24 horas, ¡la deuda de tiempo sería creciente, y proporcional con el crecimiento del estrés!,… en consecuencia, hay que saber qué es lo mas importante a realizar y privilegiarlo, aplicarle el imprescindible criterio costo-beneficio y actuar responsablemente, el resto pasa a un segundo plano o ¡no se hace!

Claro que aquí me pueden decir que hay demandas y complejidades de la dura vida cotidiana de las que no se puede escapar ni ignorar, y tienen toda la razón,… como decía en una consejería anterior, uno no puede escapar del estrés pero si puede escoger cómo le hace frente, no es lo mismo hacerlo desde una mirada amarga y derrotista altamente costosa desde el bienestar personal y la salud, que hacerlo desde una filosofía inteligente y con una buena dosis de humor, mucho menos costosa y más beneficiosa.

Aquí también me pueden decir que no es tan fácil porque en la mayoría de los eventos estresantes está presente de una manera u otra la interacción con los otros, que a veces supone lidiar con la “imbecilidad humana”; y aquí hago una digresión para recordarles la clásica expresión de que “cuando un inteligente y un imbécil discuten, ¡la culpa es del inteligente!,… ninguna persona inteligente discute con un imbécil”, y apelo entonces a una simpática expresión del General Resoples en los animados de Elpidio Valdés, cuando convoca a que “¡no os dejéis provocar!”, y nuevamente ser inteligentes.

Y si se han dado cuenta, en más de una ocasión he usado el término inteligencia, déjenme aclarar que no me estoy refiriendo a esa inteligencia que permite sacar buenas notas en los estudios aunque después se viva muy torpemente, me estoy refiriendo a eso que la literatura llamó inteligencia emocional, a la que en algún momento también ameritaría dedicar un espacio, y que no es más que en última instancia la inteligencia para vivir tan a plenitud como se pueda.

Como se dan cuenta es de hecho imposible la fórmula para disponer de un completo arsenal para hacer frente al estrés, pero tal vez sería valioso que los lectores se refirieran a situaciones estresantes concretas en que podríamos ir mas allá de la teorización y hablar desde realidades concretas, los convoco a ello y la propia sesión lo agradecería.

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