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Familia y sociedad

Familias cubanas en la sociedad actual

Familia cubana transitando por La Rampa. Foto de: Oscar Figueredo Reinaldo

Entender las familias cubanas en su diversidad y complejidad es el primer asidero para poder comprender hoy la sociedad en que vivimos. El Coloquio “Familias cubanas en la sociedad actual”, que les presenta la Revista Salud Vida, busca precisamente disertar, analizar y polemizar sobre las implicaciones de la situación demográfica, psicológica, sociológica, económica, de salud y sociocultural de las familias cubanas en los nuevos escenarios que se tejen en el entramado social. No puede ser mejor la ocasión, pues el 15 de mayo se celebra otro Día Mundial de la Familia.

Partiendo entonces de que no existe un modelo único de familia cubana, y de que asistimos a la emergencia de otros modelos, presentamos las siguientes preguntas:

  1. ¿Cómo se consolidan o desdibujan las funciones que tradicionalmente ha tenido la familia cubana?

Isabel Louro Bernal: Desde mi experiencia en la actividad científica, docente y asistencial con la familia cubana, en el ámbito de la salud, sostengo el criterio de que, en sentido general, la familia cubana continúa cumpliendo las funciones que este grupo social universalmente posee, y comparte tendencias con familias de otras latitudes, particularmente con aquellas de semejantes raíces culturales.

Cuba se coloca en una posición sui géneris al combinarse en la sociedad indicadores y rasgos de países desarrollados y en vías de desarrollo. La Revolución de 1959 impactó en todos las esferas de la sociedad, no solo con un nuevo modelo social y económico, sino al cambiar modos de establecer las relaciones de poder en la pareja, contribuyó a que la mujer saliera del mundo doméstico privado, que tuviera un mayor protagonismo social, amplió las opciones de superación para todas las edades y se incrementó la ascendencia en la estructura social, así como desdibujó estereotipos de  género y generación, al tiempo que modificó tradiciones y creencias culturales familiares.

Las  funciones de la familia pueden verse a nivel macro y microsocial, funciones que la institución familiar cumple para la sociedad en su conjunto, como a nivel de sus integrantes, según necesidades de cada etapa de la vida, condición de salud y requerimientos especiales, de acuerdo al contexto específico de su desarrollo. En la familia cubana se cumplen funciones relativas a la reproducción biológica y material, a la satisfacción de necesidades materiales, afectivas, de socialización, de creación de identidad y pertenencia social, de transmisión de valores y patrones culturales, ella se erige en fuente básica de apoyo y solidaridad, particularmente en situaciones de carencias materiales y financieras.

Sin embargo, creo que estas funciones se diferencian en contenido y efectividad según el tipo de familia, su historia psicosocial y cultural, la situación económica, la calidad de las relaciones intrafamiliares y por el modo de afrontar la vida cotidiana y las crisis. La diferenciación de funciones entre familias, en cuanto a contenido y efectividad, se aprecia por la manera en que se ejerce la formación de principios éticos morales, valores, afectos, conocimientos y prácticas culturales, por las formas que opta para solucionar problemas y por los resultados que logra en contextos de adversidad o de influencias educativas, no siempre acordes con aquellos valores y comportamientos que se desea desarrollar. La función de formación ocurre mediante la comunicación afectiva, instructiva–educativa e instrumental, tomando vías de expresión verbales y no verbales, así como mediante los modelos de actuación que se ofrecen en los diferentes espacios de interacción en la vida cotidiana.

Se desdibujan paulatinamente contenidos en la función educativa relativa a diferencias ideológicas, de afiliación religiosa, de prejuicios raciales en la formación de pareja, en la aceptación de las preferencias sexuales, en la distribución de tareas domésticas, del encargo de mantención económica, en la no discriminación por género, vejez o discapacidad, así como en las diversas atribuciones respecto a los familiares emigrados. Se consolidan las funciones de la familia en cuanto a la atención, educación, cuidado y mantención de sus integrantes. Las diversas estrategias familiares de sobrevivencia a la crisis ponen de manifiesto la resiliencia familiar (capacidad para afrontar la adversidad), la motivación por el progreso en y para la sociedad, el interés por el desarrollo intelectual e instruccional de los hijos, el afrontamiento constructivo a los eventos que acentúan los problemas familiares, incluidos los de salud, enfermedad, la capacidad de actuación en redes vecinales y de amigos, así como la protección de niños y ancianos.

Ciertas anomías sociales (falta de formas o reglas sociales) y distorsiones familiares como elevados niveles de disfunción y desintegración se ven en el país, en situaciones de desventaja social que se aprecian en segmentos de población y que requieren atención especializada. En estas familias se agrupan y acumulan problemas de gran envergadura que traen consecuencias funestas para la formación y desarrollo de la personalidad.

Ramón Rivero Pino: A pesar de la positiva evolución que ha tenido en los últimos años en nuestro país el reconocimiento de la familia y su papel en la formación de la niñez y la juventud, la carencia de una política pública específica para la atención a las necesidades de las familias en toda su diversidad, se ha reflejado en la insuficiente concientización por parte de los padres y madres de sus funciones y el alcance social de las mismas. El tratamiento de las políticas sociales en relación con las familias es de forma indirecta, pues aunque las familias sean beneficiadas por estas en la educación, la cultura, la salud, etc. no existen políticas sociales en Cuba dirigidas particularmente a las familias.

Investigaciones científicas realizadas por el autor (2004, 2008) demuestran la existencia de contradicciones en el ejercicio de las funciones familiares asociadas con frecuencia a desajustes entre el contenido de los diferentes roles que se asignan-asumen en su interior y la adecuada proyección de la actividad familiar en relación con las necesidades de sus miembros, lo que trae como consecuencia la reproducción de inadecuadas pautas de crianza familiar con los consiguientes costos emocionales, cognitivos, volitivos (referentes a la voluntad) y conductuales. ¿Cuál es entonces el contenido de la contradicción principal en las relaciones filiares?

La función de padres y madres, entendida como las características objetivas observables que favorecen el ajuste en la relación padre, madre–hijo (a), consiste esencialmente en la proyección del comportamiento paterno-materno sobre las necesidades básicas de los hijos (as), lo cual implica el conocimiento por parte de los padres y madres de las características fundamentales de las diferentes etapas del proceso de crecimiento de estos(as).

Esta función se despliega con dificultades en las familias actuales, los padres y madres la desconocen, no está claramente definida en la literatura científica ni expresada en políticas sociales, por lo que no está tampoco contenida en los derechos y obligaciones asumidos y desempeñados hoy y que devienen de las normas y expectativas aplicadas a las posiciones de padre y madre (rol paterno y materno). Estos derechos y obligaciones, aun cuando evidencian cambios en relación con etapas precedentes, siguen permeados por asignaciones socio-culturales que ejercen una influencia negativa sobre la práctica paterno-materna, lo que se expresa en dificultades en áreas como la comunicación, la afectividad, la autoridad, la transmisión de valores, la participación de los hombres en las tareas domésticas, el ofrecer seguridad, entre otras, no respondiendo de esta manera con exactitud a las necesidades de los hijos, lo que constituye una limitación para su adecuado proceso del crecer, tanto en la dimensión personal como social.

Rosa Campoalegre Septien: Ciertamente el punto de partida para cualquier análisis del tema familiar es considerar que estamos ante “familias cubanas”, muy diversas y complejas, por lo que no hay patrones únicos, ni rígidos, para caracterizar cómo cumplen sus importantes funciones en la sociedad. Atrás han quedado los términos de disfuncionalidad.

Los ejes de diferenciación familiar: económico, territorio, color de la piel, género, generacional, migración, composición,  estructura, jurídico y el curso de vida de las familias dejan su impronta en el desempeño de cada una de sus funciones, las matizan y reconstruyen de manera muy peculiar.

Cómo captar este intenso dinamismo. Desde 1984, el Grupo de Estudios de Familia del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas del CITMA desarrolló un modelo de análisis del funcionamiento familiar, entendido como el conjunto de actividades que cotidianamente desarrolla la familia, las relaciones y los efectos que se derivan de ellas. Este modelo comprende tres funciones básicas y una resultante de las anteriores: la función formadora que nos devuelve a la familia como eslabón primario de socialización. Tales funciones siguen en pie, con ajustes a su interior, nuevos conceptos, redimensionamiento de los tradicionales y deslindes múltiples. Se mantiene, también, la correlación asimétrica entre estas funciones, a partir de la hiperbolización de la función económica en detrimento de las restantes, especialmente de la educativa.

Una trasformación de primer orden, es el deslinde del trabajo de cuidado que se independiza de la función económica, bajo la influencia al menos de tres procesos básicos: el envejecimiento poblacional, las relaciones de género en calidad de enfoque y eje de cambio, unido a la emergencia de nuevas configuraciones familiares.

El cuidado es uno de los dilemas centrales de las familias cubanas en la región y en muchos países del mundo, expresado en la interrogante de quién cuida a quién y cómo lo hace. Así se coloca el problema de la economía y la ética del cuidado, visto hoy con una concepción integradora que abarca la atención material y afectiva de las personas dependientes: niñas, niños, adolescentes, adultas y adultos mayores y personas con discapacidad. Asistimos a la feminización del trabajo de cuidado focalizado en cuidadoras de la tercera edad o próximas a ella.

Mientras, la función biosocial se halla ante el reto de la emergencia de nuevos modelos de maternidad y paternidad, los que se relacionan directamente con el crecimiento de familias monoparentales femeninas y masculinas, jefatura de hogar femenina, las familias conformadas por parejas del mismo sexo y la homoparentalidad.

Mientras, la función educativa de las familias se ve retada desde dentro del propio hogar, por la influencia de las tecnologías de la información y las comunicaciones, que tienden a imponer un modelo global de bienestar social y familiar, basado en lo individual, que privilegia mensajes en códigos de violencia, distanciamiento y cierta enajenación, sin que los niveles de respuesta desde la familia sean suficientes, ya sea por inhibición, desconocimiento o “falta de tiempo”. El consumo cultural y tecnológico de las nuevas generaciones no es tierra vedada, de lo que se trata es de compartir  con una comunicación dialógica e intergeneracional, lograr el acompañamiento en familia y construir argumentos en común que no sean invisibles o intolerables desde la perspectiva generacional, nuevos mensajes desarrolladores desde una visión moderna, crítica y proactiva. Ello exige un proceso en marcha: la renovada mirada al vínculo hogar-escuela desde la perspectiva de un proyecto educativo común más participativo y movilizador.

Se eleva la interacción entre las funciones y su impacto en la función formadora resultante, la tendencia es a la democratización de las relaciones familiares. Nuevas temas aún tabú para algunas familias se incorporan al debate; cabe destacar entre ellos la educación sexual en todas las etapas del curso de vida de los individuos y de las familias.

2. ¿Cuánto de progreso o retroceso vienen de la mano con la inserción de estos nuevos modelos, en un escenario intergeneracional, en medio de un contexto demográfico cambiante, y donde se desdibujan roles tradicionales entre los miembros de una misma familia?

Isabel Louro Bernal: El contexto demográfico actual señala un 18% de población mayor de 60 años que se refleja en la familia, y que es a su vez reflejo de los determinantes sociales en ella, vistos como afectaciones al proyecto de formación de familia, hogar y descendencia, dada las limitaciones de mantención económica y de independencia. La acumulación de problemas relacionados con la autonomía financiera para el sostenimiento personal y familiar, la vivienda, la alimentación y la mantención de los hijos, actúa como freno para la constitución de familia, aun cuando los servicios de salud y educación estén garantizados y se goce de tranquilidad ciudadana.

La familia cubana vive un proceso de contracción a tenor de varios factores: la baja natalidad, el aumento de la esperanza de vida y las sucesivas oleadas migratorias que han ocurrido por décadas en el país. Se configuran tipologías familiares diversas, diferentes al modelo tradicional de familia de matrimonio con hijos, pues puede verse en el hogar la presencia de varias generaciones, la mujer sola al frente de los hijos, parejas reconstituidas con hijos de uniones anteriores, uno o varios adultos mayores, anciano solo, familiar o cuidador acompañante del anciano, parejas del mismo sexo, etc. En ninguna de estas tipologías encaja el análisis de progreso ni retroceso, sería simplista el enfoque, ha emergido una diversidad de composición del hogar que refleja los nuevos modos de interpretar las relaciones y el contexto social.

A pesar de la contradicción que entraña la convivencia intergeneracional, a menudo en espacios reducidos, y en condiciones de restricción económica, donde prevalece el bajo poder adquisitivo de los ingresos, ya sea por salarios, jubilaciones, pensiones y ayudas familiares, es de destacar el componente de colaboración grupal en las familias, desde abuelos que se quedan al frente de los hijos, que ocupan cargos de responsabilidad, de padres y madres que se marchan a misiones, o que laboran largas jornadas etc.

Con frecuencia los adultos mayores cuidan las casas, los menores de la familia, o son cuidadores formales, o se cuidan entre sí, colaboran en las tareas cotidianas o en trabajos de diferentes fuentes de remuneración para generar ingresos. Otro fenómeno que últimamente comienza a generalizarse es el negocio familiar en la casa o en parte de ella, lo cual cambia la estructura y organización familiar. Si se interpretan ciertas interacciones y prácticas como estrategias de sobrevivencia familiar a la crisis económica, podemos comprenderlas, por decirlo de algún modo en “el camino del progreso”.

Pero constituye un alerta el retroceso que puede significar que los hijos menores laboren a muy temprana edad, abandonen el interés por el estudio y participen en tareas de dudosa formación moral, como también que nuestros adultos mayores de tercera y cuarta edad no puedan satisfacer las necesidades básicas para vivir con calidad, en recompensa a la contribución pasada y a los años que les queda por vivir, sobre todo porque nuestro pueblo ha logrado elevados niveles de instrucción y las expectativas de calidad se corresponden cada vez más con un ideal de vida sostenible, saludable, armónico, de bienestar, de participación y de equidad social.

Ramón Rivero Pino: Los cambios multidimensionales ocurridos en las familias cubanas constituyen respuestas a las contradicciones sociales, y a su vez son portadores de contradicciones de este subsistema. Algunas de ellas son: desconocimiento e inhabilitación práctica de los sujetos acerca de la contradicción meta-medios en el funcionamiento familiar, las expropiaciones de la masculinidad y la feminidad, incomprensión de la frustración y legalización de conflictos como instrumentos de la práctica de la comunicación, el irrespeto a los espacios de cada miembro de la familia, inadecuado proceso de imposición de límites, deficientes tácticas y estrategias educativas para con los adolescentes y el inadecuado tratamiento a las diferencias de género, entre otras.

En relación con el modelo tradicional de hombres y mujeres y su presencia e impacto en las familias, con el tiempo se ha ido perfilando un cambio. En la aparición y desarrollo de este nuevo prototipo de familia se han unido, además de las satisfacciones y malestares acumulados por la práctica materno-paterno-filial tradicional, el papel de nuevas condiciones económicas, sociales y políticas. De todo esto ha resultado un intento por cambiar el orden establecido en las relaciones familiares. Mujer y hombre, en su afán de reivindicarse, pero sin la necesaria conciencia de causa, han tomado caminos no siempre con los resultados esperados. Los hijos que vemos derivados de esta situación están muchas veces descontenidos, sin adecuados espacios y límites fijados, inseguros, unas veces sobreprotegidos, otras, desprendidos fuera de tiempo, ansiosos y carentes de comunicación, lo que les impide un adecuado proceso del crecer.

El modelo de cambio, a pesar de su atrofia, tiene elementos de significación positiva. Sobre todo porque marca una tendencia al encuentro de hombres y mujeres, no obstante no haber tomado suficientemente conciencia de lo expropiado a cada uno (a), de lo que deben recuperar. Desde nuestro punto de vista, esta toma de conciencia de lo asignado-expropiado y de la necesidad de encuentro entre los seres humanos tiene que pasar por la concientización de la concepción tradicional de géneros y sus implicaciones.

Estos factores que expresan la asimetría de funciones de hombres y mujeres, padres y madres, están en correspondencia con el estado del proceso de la división social del trabajo, con la dirección que este toma, e influir sobre el mismo de manera voluntarista es propiciar transformaciones superficiales, externas, que no modifican esencialmente el estado de las cosas y sí pudieran generar profundos conflictos en las relaciones sociales.

Los cambios no han traído solo deterioro e involución para la familia. Algunas situaciones actuales han beneficiado a muchas familias en cuanto a aumentar su capacidad de autogestión y despliegue de creatividad y dinamismo en la solución de problemas cotidianos. Muchas personas, coincidiendo con la Dra. Patricia Arés Muzio, pasan mucho más tiempo en sus hogares que décadas atrás, por diferentes razones (subempleo, trabajo por cuenta propia, incremento de ancianos jubilados dentro de la familia, dificultades de transporte, etc.), lo cual hace que actualmente se viva más dentro de la familia.

La preparación para la vida en familia y relaciones de género, constituye un asunto de vital importancia, porque estos procesos se insertan de manera esencial en lo que constituye una necesidad básica: la construcción de los proyectos de vida. Sin embargo, en nuestra sociedad, no son suficientes los espacios que propicien esta adecuada preparación, y los existentes adolecen de la efectividad requerida.

Rosa Campoalegre Septien: La palabra cuánto precisa cautela y sugiere múltiples detenimientos, si tenemos en cuenta el presupuesto cardinal de partida de este coloquio que es la diversidad y la complejidad de las familias cubanas; más que una medición de cuánto, se trata de ver los contextos explicativos y de transformación social.

La articulación de estas transformaciones revolucionarias desarrolladas a partir de 1959 en todos las esferas de la sociedad propiciaron la plataforma social indispensable para el inicio de la formación progresiva de un nuevo modelo de familia, frente al modelo patriarcal, aún predominante, basado en las desigualdades de género en la asunción de los roles familiares y la socialización sexista que se reproduce. Ambos modelos coexisten en lucha que refuerza la complejidad familiar y da lugar a contradicciones, desajustes, dificultades, avances y nuevas potencialidades. Este conflicto trascurre como telón de fondo y catalizador para variados problemas y crecientes desafíos en las relaciones familiares. Tal situación define la hibridez genérica como complejo proceso transicional de un modelo a otro, matizado por las representaciones que cada individuo y grupo social específico construyen acerca de la familia.

El nuevo modelo, en su lucha, tiende a favorecer la democratización de las relaciones familiares y de género en Cuba, más allá de patrones aún hegemónicos, fundamentados con estilos de comunicación sumamente regulativos, estandarizados y correctivos; esta contradicción la apreciamos como progreso. Los estudios desarrollados por el CIPS y otras importantes instituciones cubanas demuestran que en las relaciones familiares y de género predominan patrones tradicionales patriarcales sexistas, cuya repercusión es negativa para ambos sexos. Pero, identifican tendencias de avance que expresan el debilitamiento de ese viejo modelo, entre las que se destacan las siguientes:

  • La transformación sustancial de la situación de la mujer y su papel en la sociedad: su mayor inserción escolar, laboral y social en general. Su elevado nivel educacional y peso en la fuerza técnica profesional del país.
  • La ruptura del patrón del hombre proveedor y sustento del hogar, hacia la corresponsabilidad en la función económica de las familias.
  • Ascenso de la tasa de jefatura de hogar femenina.
  • Familias monoparentales femeninas y masculinas.
  • Modelos de maternidad y paternidad que rebasan roles tradicionales  hacia un ejercicio diferente más compartido y con estilos democratizadores entre la pareja y sus hijas e hijos.
  • La naturalización de la consensualidad como vía para la formación de pareja y familia, e incluso en ocasiones como etapa previa de preparación para el matrimonio. La elevación del aporte de las uniones consensuales a la maternidad.
  • Modelos de roles genéricos no tradicionales y transicionales.
  • Emergencia del enfoque de género y de derechos en el abordaje de la sexualidad, mayor visibilidad y atención del tema a escala social y familiar.
  • Ejercicio de derechos sexuales y reproductivos en la mujer, asociado a la decisión personal.
  • Deconstrucción de prejuicios en torno a las relaciones sexuales y la virginidad.
  • Aumento de las rupturas conyugales, basadas en la decisión personal de las mujeres.

3. ¿Qué implicaciones psicológicas y sociológicas vienen aparejadas al redimensionamiento del concepto de familia y hogar?

Isabel Louro Bernal: Las implicaciones psicológicas y sociológicas a nivel social e individual son inherentes a la familia como institución social y como grupo que convive en un hogar, que de hecho es parte o subconjunto de la familia. Las redes familiares trascienden el hogar, por eso al hablarse de hogar se hace referencia a la familia que se constituye como unidad residencial, de convivencia habitual, que dependen de los mismos ingresos, aunque pueden participar otras personas que por determinados vínculos ya sean de afinidad, afecto, cuidados, etc., comparten la convivencia.

Si se logra un redimensionamiento del concepto de familia y hogar, que espero signifique darle realmente la importancia y lugar que le corresponde en la sociedad, pienso que sea un tratamiento de atención a las necesidades y a las diferencias, generar o adecuar políticas encaminadas a la equidad, a acortar las brechas de la reestratificación social, que permitan la capacidad de autonomía, la posibilidad de sostenibilidad económica incluso con ingresos por concepto del salario producto del trabajo estatal, y el fortalecimiento de la formación en valores de las nuevas generaciones en el marco de la familia. Resulta preocupante que la única opción plausible para el sostenimiento económico familiar, sea el trabajo por cuenta propia.

Las políticas sociales deben considerar a la unidad familiar, darle un tratamiento a la familia acorde con las funciones que cumple, creo que las implicaciones psicológicas y sociológicas serán muy positivas, redundarán en la mejor contribución de la familia a la actualización del modelo económico cubano y a que en este proceso el individuo sea más pleno, productivo, saludable, que los niños y jóvenes estén mejor formados y los ancianos mejor atendidos, con seguridad y asistencia social en correspondencia con su retribución anterior y sus limitaciones actuales.

Ramón Rivero Pino: Las funciones que deben desempeñar las familias, y padres y madres en particular, revisten una enorme importancia en todo el proceso socializador de la personalidad. Cuando estas funciones no se cumplen aparecen distorsiones en las pautas de crianza familiar con sus correspondientes implicaciones psicológicas y sociopolíticas.

Las formas prevalecientes de pensar la paternidad, maternidad y los procesos familiares, evidencian en esencia la existencia en muchas ocasiones de padres y madres que no saben serlo correctamente, lo que puede no estar contribuyendo al desarrollo de sujetos psicológicos saludables, pues estas formas se expresan en pautas de crianza que no potencian la autonomía, la coherencia, la autenticidad y la conciencia crítica de los hijos, lo que a su vez pudiera condicionar el surgimiento de personalidades con rasgos como la inseguridad, la dependencia, la falta de confianza en sí, la incapacidad para evaluar y enfrentar situaciones reales, la simulación, la violencia, entre otros.

Sería interesante analizar la relación entre los efectos que podrían derivarse de las inadecuadas pautas de crianza que se reproducen a nivel de familias y un conjunto de fenómenos negativos presentes hoy en la sociedad , como por ejemplo, el incremento de la violencia social, la desorientación axiológica, la falta de iniciativa, aporte y disposición a afrontar determinadas tareas de corte sociopolítico, la simulación, el individualismo, el incremento del divorcio y otros conflictos familiares con repercusión en la sociedad, en los cuales, además de otras causas, pudiera estar incidiendo una deficiente socialización en el ámbito familiar, en tanto la familia representa a la vez el lugar por excelencia de génesis y transformación de la personalidad y de concreción de los sujetos ideológicamente deseados.

Rosa Campoalegre Septien: Esta tendencia se expresa en dos direcciones claves, muy interrelacionadas, que trascurren al unísono: En un primer plano el redimensionamiento de ambos conceptos se manifiesta en que la mirada tradicional de familia anclada en los criterios consanguíneos, afectivos y cohabitacionales, cede paso ante un enfoque más multilateral, que la define como subsistema social especial con la articulación de los componentes conyugal, relacional , residencial y de parentesco; se enfatiza en este último como elemento clave estructurador. A partir de la significación del parentesco y el debilitamiento del criterio cohabitacional, se advierten las nuevas configuraciones familiares, entre las que se destacan las uniones no convivientes, donde los vínculos, relaciones y procesos familiares se desarrollan sin que exista un hogar en común; resultan ilustrativas la formación de pareja y de familias bajo la concepción de techo abierto y las denominadas uniones visitantes.

Otra de las nuevas configuraciones que desfiguran los conceptos de familia y hogar, lo constituyen las familias en situación de trasnacionalidad, por la migración de uno o varios de sus miembros, pero que mantienen los vínculos, proyectos y estrategias familiares en común, ellas construyen un espacio virtual de relación familiar: el hogar glocal, en el que las funciones familiares también muestran cambios.

En un segundo plano, realmente en paralelo, se transforma el patrón clásico de familia nuclear (padres y su descendencia) ante la impronta de las familias monoparentales, importante tendencia en la nuclearización familiar y las familias reensambladas  o reconstituidas por nuevas nupcias u otros arreglos familiares. A esta situación se añaden el replanteo y ampliación de las formas tradicionales como las uniones consensuales hoy naturalizadas tras el desmontaje de los prejuicios y estereotipos acerca de ellas, unido a los avances en la situación de la mujer y su papel en la sociedad. También se reporta la elevación creciente de los hogares unipersonales en correspondencia con el proceso de envejecimiento poblacional y las debilidades en la cultura del cuidado familiar. Todo tiene lugar en el contexto de una reducción progresiva del tamaño medio de los hogares cubanos, según constatan los resultados censales durante el período revolucionario y en comparación con la etapa precedente.

En resumen, va cambiando en la práctica, en el imaginario social y también en las subjetividades concretas de las cubanas y cubanos qué entender por “familia” y cómo afrontar  la vida familiar.

4. ¿Cuál es la perspectiva de la relación familia-sociedad, desde el punto de vista de la función socializadora, formadora del ciudadano que se aspira, en contradicción con un contexto de marcado envejecimiento poblacional, disminución de fuerzas productivas y un escenario económico que demanda mayor productividad para la mejora de condiciones de vida?

Isabel Louro Bernal: Este punto se vincula a lo expresado anteriormente, las políticas sociales deben atender mejor la relación familia‐sociedad en su justa expresión y en sus diferentes ámbitos. En Cuba se están desarrollando acciones a nivel de la dirección del Estado y el Gobierno y en particular en los organismos implicados con la educación y atención a la familia.

No se puede pretender que solamente la familia, como institución social, pueda revertir procesos de envergadura a escala social como el envejecimiento poblacional, la disminución de fuerzas  productivas, los problemas de educación, migración, etc. Estos procesos demográficos, económicos, educativos son expresiones de complejas interacciones sociales. La familia no está aislada de las influencias de los determinantes sociales de los diversos contextos en los que se desarrollan sus integrantes y se enfrenta a la vida cotidiana con las más  crudas expresiones de las crisis sociales, ya que en tanto instancia de intermediación social, en ella impactan los cambios muy rápidamente y con gran intensidad.

No se trata de ver la familia como víctima, tampoco de justificar deformaciones en la formación individual, ilegalidades, ni doble moral. En la familia se cumplen importantes funciones y a ella le toca una buena parte de la construcción social, de la identidad de nación, de la transmisión de valores culturales e históricos, de la formación de un buen ser humano, lo cual no se da en un ideal hipotético, como si la familia no la integraran personas partícipes de la trayectoria de esta sociedad, que refleja los momentos históricos del desarrollo de nuestro modelo social, lo que determina contenidos y formas diversas de cumplir esas funciones, en correspondencia con el estrato social y el modo de vida familiar.

El fomento paulatino de la producción en el país, la capacidad de sostenimiento y desarrollo de la familia, con sus propios esfuerzos y en el territorio nacional, recuperará la posibilidad de establecer proyectos de vida personales y de unidad familiar para un futuro compartido, lo que potenciará la relación familia–sociedad en una dirección muy favorable que impactará otras esferas de la sociedad.

La mejora de las condiciones de vida y trabajo, de educación, salud, seguridad y asistencia social, la estimulación laboral y salarial, la apertura a la inversión y al retorno del emigrado cubano, con políticas inclusivas, de equidad, que atiendan las diferencias, debe estimular la fecundidad, mejorar la calidad de vida familiar, la fragilidad propia de los adultos mayores, revertir procesos de desmotivación por el trabajo y de desarraigo.

Ramón Rivero Pino: Es de suma importancia develar contradicciones latentes contenidas en la relación familia-sociedad, cuya superación favorecería la viabilidad del Proyecto Revolucionario Cubano (proyecto humanístico por excelencia y cuyo fin mediato más importante consiste en formar un ser humano de nuevo tipo), pues este proceso no solo está condicionado genéticamente, sino también funcionalmente, y la familia es un elemento clave que por sus particularidades como grupo primario e institución, tiene potencialidades que la sitúan en una posición ventajosa respecto a los restantes institutos socializadores para influir en los procesos sociales de nuestro país, máxime en los momentos actuales de crisis, donde ella por naturaleza emerge en calidad de amortiguador.

Existe un conjunto de factores sociales que se apartan de lo ideológicamente deseado en relación a las funciones de las familias, y de padres y madres en particular. Ello indica la necesidad de revisar algunos mecanismos que actúan en tal sentido, como por ejemplo, la legislación y el proceder de abogados y jueces, la labor de los medios de difusión masiva, el reconocimiento social a los padres, así como la posible puesta en práctica de políticas encaminadas a la potenciación de las familias cubanas para la proyección colectiva de sus fines.

La sociedad cubana debe prestar atención especialmente a:

  • Necesidad de promover la conciencia crítica de la ciudadanía en torno a la contradicción familiar (meta–medios) y la elaboración de estrategias superadoras de la misma. Esta contradicción consiste esencialmente en que no siempre las familias, a pesar de reconocer lo familiarmente deseado, cuentan con los recursos necesarios que les permitan alcanzarlo.
  • Potenciar la conciencia crítica sobre el rol de hombre y mujer, identificando las expropiaciones que estos han sufrido a través de la historia. El contenido de los roles masculino y femenino ha sido permeado por un conjunto de normas y expectativas socialmente establecidas que han limitado el desarrollo de estos como personalidades autónomas y coherentes.
  • Desarrollar conciencia crítica en relación con la contradicción entre lo asignado culturalmente a la constitución de los roles familiares y lo que de ello favorece o no al desarrollo humano. En este sentido, el contenido de los roles familiares y de género se distancia de las características objetivas observables que favorecen su relación. Es importante lograr que las personas identifiquen los puntos de ruptura entre estos elementos para que estén en capacidad de encontrar las soluciones correspondientes. 
  • Generar espacios de reflexión grupal sobre la influencia de la problemática de género en las pautas de crianza familiar (comunicación, límites-autoridad, espacios, entre otras) que permitan cuestionarse algunas distorsiones frecuentes y elaborar posibles vías de solución. Las pautas tradicionales de crianza familiar no influyen siempre positivamente en la relación entre los diferentes miembros de las familias, y específicamente esta dificultad se puede encontrar asociada a los estereotipos de género ya que las formas y estilos educativos respecto al sexo y género varían, lo que genera malestares y hasta sufrimientos que derivan en conductas no deseadas con las consiguientes afectaciones psicológicas y sociales en general.
  • Identificar la contradicción entre el adecuado proceso del crecer y las pautas de socialización de género orientadas por padres y madres. Lo anteriormente expresado se evidencia además en las orientaciones que emanan de la actividad de madres y padres en las diferentes etapas del crecer. Las orientaciones que emanan de los padres deben estar en correspondencia con las necesidades, las características y los conflictos de cada etapa del crecer. Estas a su vez deben estar atravesadas por un adecuado enfoque de género. Estos procesos adquieren significación en cada una de las etapas del ciclo vital.
  • La conciencia crítica grupal en relación con la contradicción entre las potencialidades del poder en nuestro sistema social como vía para promover la equidad de género y el insuficiente despliegue de estas potencialidades en las relaciones entre hombres y mujeres a nivel de vida cotidiana. A nivel de vida cotidiana las diferentes formas del poder: económica, política, ideológica, reproducen los estereotipos y tabúes sexistas, y a pesar de lo jurídicamente proclamado y de lo políticamente llevado a la práctica de nuestro proyecto social, muchas personas no reconocen el contenido de esta contradicción y promueven formas discriminatorias.
  • La conciencia crítica de los directivos y especialistas vinculados a la orientación familiar y de género acerca de las contradicciones entre lo asignado a su rol y las funciones que deben cumplir.

Rosa Campoalegre Septien: Ante la relación familia-sociedad se plantean desafíos múltiples, asumidos por nuestro Grupo en tres escenarios fundamentales: sociales, familiares y de investigación, que influyen directamente en la función formadora de la familia. Esta función implica la formación de valores desde el seno familiar. En tal sentido, mucho depende del modelo de familia y de bienestar familiar a que se aspire.

No obstante, fijaré el punto central de esta reflexión en que una de las transformaciones de especial significación radica en las relaciones familia-estado que refleja la elevación del protagonismo familiar. Ahora bien, un elemento de seguimiento prioritario es el equilibrio entre los supuestos mundos “privado y público”, especialmente la necesidad del reforzamiento de los servicios de apoyo al hogar, la formulación de políticas públicas que permitan conjugar mejor los tiempos de trabajo y familiar, más allá de la impronta de la cultura patriarcal en los escenarios económico y familiar.

En el escenario económico, el patrón patriarcal se pone de manifiesto en el diseño de los puestos de trabajo, las condiciones, modalidades y extensión de la jornada laboral, las exigencias profesionales y el acceso a puestos de dirección, entre otros aspectos que inciden en el dilema de armonizar los tiempos unido a la violencia de género en forma sutil o manifiesta. Al tiempo que en el ámbito familiar, aparece la sobrecarga de las tareas domésticas y de cuidado en las mujeres, en particular las de la tercera edad, que implica alto costo individual y familiar. El reto es avanzar a la transformación de las relaciones de género y propiciar una cobertura más abarcadora, eficiente, personalizada a las necesidades de los grupos familiares y de los  territorios; unido al acceso local inmediato en cuanto a servicios de cuidado, atendiendo a las demandas del proceso de envejecimiento poblacional, con hogares más pequeños y familias intergeneracionales.

En el contexto de la actualización del modelo económico social cubano, se amplía y diversifica la participación de las familias en el sector no estatal de la economía como unidad productiva directa y sus fuentes de ingreso. El negocio familiar en ocasiones invade el espacio del hogar e implica reajustes en las funciones familiares, desempeño de roles, tiempos y relaciones, esta nueva situación provoca estrategias de afrontamiento y tensiones. Un aspecto clave es la situación de las mujeres en el sector, la protección de sus conquistas sociales y derechos fundamentales, reforzando el enfoque de género, generacional y derechos en este sector.

Sigue latente el peligro de que determinadas estrategias familiares, por su contenido, inciden negativamente en la formación de las nuevas generaciones, especialmente aquellas que movilizan resortes no lícitos y que emplean contrasentidos educativos, donde no queda claro o se refuta y legitima en las prácticas cotidianas de las familias el significado de valor, en correspondencia con el modelo de sociedad que construimos y en ocasiones de la propia historia de vida e identidad de esas familias. 

En Cuba el proceso de envejecimiento y la cobertura de salud en el país propician el crecimiento sostenido de las personas dependientes, especialmente de la tercera edad. Sin embargo, la función formadora de la familia de cara al envejecimiento poblacional, no debe ser enfocarlo como problema, sino como una importante oportunidad de aprendizaje y comunicación familiar basada en el diálogo intergeneracional, que tribute al fortalecimiento de la identidad y la cultura de las familias desde sí mismas y en articulación en la sociedad. Ello puede propiciar el fortalecimiento de la preparación y las capacidades de las familias para estructurar respuestas ante disímiles situaciones conjugando en sus estrategias y proyectos de vida un abanico de experiencias enriquecedoras. Hoy en el mundo tiende a hablarse de la función de solidaridad intergeneracional de las familias, lo que en modo resulta casual.

De igual modo, entre los desafíos sociales se halla el tema del diseño y ejecución y evaluación de impacto de las políticas de familia u orientadas a ella, que la coloquen como grupo y no a sus miembros aislados, con criterios de equidad y complementación

Confieso que soy optimista ante estos desafíos, por la capacidad de las familias cubanas y su creatividad para enfrentar situaciones difíciles, por el fortalecimiento del valor refugio de la familia durante estos duros años.

Se entiende por crecer el proceso que se caracteriza por sucesivas adquisiciones y desprendimientos del ser humano durante su vida, que tiene como fin la independencia y la autonomía.

Comentarios

muy aguda su reflexión, será

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muy aguda su reflexión, será asumida para análisis en las reuniones de la sociedad de psicología de la salud en santiago de cuba, gracias.

Al ser la familia la celula

Imagen de idalmys

Al ser la familia la célula fundamental de la sociedad adquiere una importancia vital en nuestra sociedad, y en estos tiempos debe elevarse su rol fundamental que es crear valores en los menores, formar, educar, cuidar, hay familias que han dejado ese papel a la escuela, no siendo este la responsabilidad de nuestro sistema educativo, a esto le sumamos que la familia va en contracción al tener una población camino al envejecimiento por la esperanza de vida que se ha elevado, la baja natalidad provocada por la desición de las parejas de tener 1 hijo y en algunos casos ninguno, justificándolo por la crisis económica y las carencias de cosas materiales para sustentar la crianza de un hijo, y porque no muchas parejas evitan procrear para salirse de la responsabilidad que esto genera, sin darse cuenta que la juventud acaba, que es necesario incrementar la familia para cuando lleguemos a una edad avanzada tener quien vele, cuide, nos brinde afecto a nosotros, multiplicarnos se hace necesario, formarnos y conseguir ser una familia con la identidad nuestra caribeña, cubana, no imitemos otros estilos de vida.

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