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Salud reproductiva

Aprender a conocernos

Por una maternidad feliz. Foto de: Rodolfo Gutiérrez

Cada uno de los órganos del aparato reproductor femenino requiere de una atención especial. La vagina, por ejemplo, es el órgano que une a los genitales externos con los internos, y tiene una función autodepuradora. Aprender a identificar cuándo las secreciones de la vagina son normales, y cómo realizar su aseo, son cuestiones vitales para la mujer. Esos temas se abordan en el Capítulo: Salud reproductiva de la Colección Ponle Vida.

La vagina se limpia a sí misma liberando a diario sus propias secreciones. El nivel de acidez de ellas mantiene el equilibrio de la flora microbiana propia de esta zona, la cual es la responsable de impedir el establecimiento de microorganismos dañinos.

Las secreciones vaginales son claras e inodoras; sin embargo, su consistencia varía de acuerdo con la fase del ciclo menstrual, haciéndose más espesas en el periodo de la ovulación, en la lactancia o con la excitación sexual. Cualquier cambio en las características habituales de las secreciones vaginales, implica afectaciones en la salud ginecológica de la mujer.

Los genitales se mantienen limpios y saludables con una ducha diaria, preferiblemente con jabón neutro. El aseo excesivo puede resultar perjudicial, pues altera la estabilidad de los guardianes del aparato reproductor femenino: la flora vaginal normal.

Las duchas vaginales no son necesarias para mantener la higiene de la mujer. Su utilización con sustancias químicas o desodorantes íntimos puede irritar o modificar las condiciones naturales de la vagina y poner en riesgo a su flora. También pueden expandir infecciones hacia el útero e incrementar la posibilidad de adquirir una enfermedad inflamatoria pélvica. Las prendas íntimas no deben usarse muy ajustadas para permitir la transpiración, y las mismas deben ser preferiblemente de algodón u otro tejido fresco, pues los tejidos sintéticos retienen la humedad y favorecen la proliferación de microorganismos.

Con respecto a las mamas, existen diferentes formas de cuidarlas, entre ellas se encuentra el autoexamen. Este se realiza en los días posteriores a la menstruación y consiste en la palpación de sus glándulas, preferentemente frente a un espejo. Busca cambios de color y tamaño, la aparición de deformidades en las mamas, en el pezón o en la aureola.

Toda mujer, a partir de sus 35 años, debe acudir a realizarse un examen de sus senos por un especialista al menos una vez al año. Un método excelente e ideal para la detección del cáncer de mama es la mamografía: es indoloro, su realización solo exige entre 15 y 20 minutos, se realiza en cada seno en diferentes posiciones, y el propio especialista será el encargado de realizar otras pruebas más específicas, focalizadas o ampliadas según se requiera.

La ecografía mamaria es otro examen que consiste en la utilización del sonido como método de diagnóstico. Es inocuo, y en el caso de la mujer adulta, se realiza como elemento complementario de la mamografía. En las adolescentes o jóvenes, se emplea como primer elemento de diagnóstico.

La mujer joven de entre 20 y 35 años, debe realizarse un autoexamen de sus mamas una vez al mes y, por encontrarse en una edad de bajo riesgo, debe ser examinada por el médico cada vez que concurra a una consulta.  

Entre los 35 y 40 años, la mujer debe realizarse por lo menos un estudio mediante mamografías para conocer el estado de sus mamas. La frecuencia de sus controles en esta etapa dependerá de los factores de riesgo particulares de cada mujer. Sin embargo, a partir de los 40, el control debe ser anual, tanto médico como mamográfico.

El cáncer del cuello del útero es una de las enfermedades crónicas de mayor incidencia en la población femenina. Su prevención es posible, basta conocer cuáles son las infecciones que nos exponen a él y evitarlas, así como realizar un diagnóstico temprano.

Al albergar otra vida, el útero es un pequeño universo dentro de la mujer. Está conformado por dos partes principales: el cuerpo y el cuello. Este último, por su relación con la vagina, se encuentra expuesto a infecciones, razón por la cual el cáncer se asienta en él con mayor frecuencia. En la actualidad se considera que infecciones virales como la causada por el Papiloma viral humano, es un factor relacionado con el cáncer en las diferentes partes del útero.

La conocida prueba citológica o de Papanicolau, llamada a sí por su creador el doctor George Papanicolaou, es un método importante para el tamizaje del cáncer cérvico-uterino. Es una prueba concebida para detectar células anormales. Su procedimiento consiste en tomar células del cuello uterino con un aplicador especial que se fija en láminas de vidrio, y luego son observadas por los especialistas encargados de realizar su evaluación.

Esta prueba es una poderosa herramienta en las manos  de la mujer que permite detectar a tiempo cualquier alteración del cuello del útero. Con ella se han logrado notables resultados en el diagnóstico precoz del cáncer cérvico-uterino. En mujeres con anomalías de bajo grado o detectadas de forma temprana, se logra su eliminación. No es una prueba dolorosa, es inocua y ofrece ventajas incuestionables para preservar la salud de la mujer. 

A partir de los 25 años de edad, se recomienda realizar el estudio citológico cada tres años siempre que los resultados no tengan alteraciones. No es imprescindible realizarlo después de los 60 años de edad siempre que existan repetidas pruebas anteriores normales. Según el Doctor Evelio Cabezas, especialista en Ginecobstetricia, “esta sencilla prueba proporciona tranquilidad no solo a la mujer, sino también a todo su entorno“.

En la actualidad, se conoce que la incidencia de algunos tipos de cáncer como el cérvico-uterino se encuentra asociado a infecciones virales, pues algunos virus, al igual que los agentes cancerígenos, provocan un daño en el material genético de las células, lo que produce un crecimiento descontrolado de las mismas. El virus más relacionado con el cáncer cérvico-uterino es el Papiloma Virus Humano, de ahí que el uso del condón pueda ayudar a evitar el cáncer, además de otras infecciones de transmisión sexual. 

Mantener un peso acorde a la talla es importante para la salud reproductiva femenina. Se considera que la obesidad incide en el desarrollo del cáncer de mama. La asociación entre la dieta rica en grasas saturadas y el cáncer, se argumenta por el hecho de que pueden aumentar las hormonas femeninas como los estrógenos, ambiente propicio para el desarrollo de procesos cancerosos.

Teniendo en cuenta que el consumo excesivo de grasas se ha relacionado con el cáncer de mama, ovario y útero, la alimentación no debe excederse en grasas de origen animal ni en azúcares refinados, así como debe evitarse el consumo excesivo de los alimentos chatarras, ya que estos incrementan el peso corporal y conducen a la obesidad.

Por su parte, una dieta que garantice la salud reproductiva de la mujer, debe estar compuesta por frutas y verduras, alimentos ricos en antioxidantes, los cuales son capaces de neutralizar los radicales libres, máximos responsables de la degeneración de las células del organismo.  

La función reproductiva de la sexualidad humana es la más antigua y tiene como función biológica perpetuar la especie. La opción de procrear satisface la necesidad de traer al mundo a una nueva vida, por tal motivo, cuando se habla de planificación familiar, se hace referencia al proceso de toma de decisiones en el que una pareja decide cuál es el tipo de familia que desea conformar, y cuál es el proyecto de vida que quiere construir.

Ser padre y madre es una experiencia maravillosa y fuente de realización personal, siempre y cuando se tenga la preparación adecuada para ello. Así, aprender a escoger el método para regular la fecundidad, es de vital importancia para la estabilidad emocional de la pareja y la salud reproductiva de la mujer.

El uso responsable de los anticonceptivos permite disipar los temores en torno a un embarazo no deseado, también puede mejorar la vida sexual, las relaciones de la pareja y el bienestar de toda la familia. El fundamento de los métodos de anticoncepción naturales está basado en la suspensión de las relaciones sexuales durante el periodo ovulatorio de la mujer, momento en que pudiera quedar embarazada. Por la inocuidad de estos métodos, su vigencia ha llegado hasta nuestros días.

El método del calendario se basa en no tener relaciones sexuales con penetración durante le periodo de ovulación de la mujer. Para ello debe llevarse al menos durante seis meses un registro de las fechas de inicio de la menstruación, con el fin de conocer los días en que tiene lugar la ovulación; la misma se produce entre 12 y 15 días previos a la aparición del sangramiento menstrual, lo que permite determinar los días fértiles.

Por su parte, el método de la temperatura basal se fundamenta en el hecho de que el día de la ovulación la mujer registra el punto más bajo de temperatura dentro de su ciclo, de ahí que para aplicar este método sea necesario medir y registrar en un gráfico la temperatura bucal y rectal en un periodo no inferior a seis meses. El aumento de la temperatura en las 24 horas posteriores a la ovulación se debe al incremento del nivel de progesterona. Para evitar el embarazo, es preciso no mantener relaciones sexuales durante al menos siete días anteriores al día en que se espera que aumente la temperatura y los tres días posteriores a dicho aumento.

Durante la lactancia materna, existe un aumento de la hormona prolactina, la cual impide la ovulación. Ello facilita las relaciones sexuales sin peligro de embarazo; pero cuando la lactancia deja de ser la forma exclusiva de alimentar al bebé, el método deja de ser confiable, ya que puede ocurrir la ovulación aunque no se haya restablecido la menstruación, y por tanto, producirse el embarazo.

Existen disímiles métodos anticonceptivos disponibles, unos actúan a corto y largo plazo, otros pueden ser de naturaleza hormonal, de plásticos, de metales, y pueden ser compartidos por hombres y mujeres. Cuando son usados de manera adecuada, estos métodos suelen ser seguros y eficaces para la gran mayoría.

El aborto no debe ser el método para impedir la descendencia no deseada, pues implica una intervención quirúrgica que entre sus riesgos más frecuentes se encuentran las infecciones, la esterilidad permanente y también alteraciones psíquicas en la mujer.

En este sentido, el Doctor Miguel Sosa, Especialista en Ginecobstetricia, considera que “la población debe saber que la interrupción voluntaria del embarazo implica un riesgo para la mujer, porque pueden presentarse complicaciones inmediatas como sangramientos, perforaciones, las cuales van acompañadas casi siempre de una corrección quirúrgica que puede llegar a la mutilación o la histerectomía, en personas que en la mayoría de los casos estaban aplazando el embarazo.

“Las infecciones son otras de las complicaciones que pueden aparecer luego de un aborto, así como modificaciones en el cuello del útero, que pudieran con posterioridad provocar otros abortos o partos antes del término. En resumen, el aborto, al tiempo que es un derecho (al menos en la sociedad cubana) y una decisión de la pareja, es también un riesgo, debe practicarse solo en casos necesarios y no debe sustituir la anticoncepción consciente”, concluyó.

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