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Adicciones y salud

Marihuana: lejos de mi cerebro

Marihuana. Foto tomada de: aztecanoticias.com.mx

Taquicardia, desorientación, falta de coordinación física, a menudo seguidos por depresión o somnolencia son algunos efectos inmediatos al fumar marihuana. Pero el problema no acaba aquí. De acuerdo a estudios científicos recientes fumar esta droga de forma crónica podría alterar el cerebro de una persona.

Según la indagación ello hace que una región asociada con la adicción se encoja y obligando al resto del cerebro a trabajar en sobretiempo para compensarlo. Las personas que usan marihuana tienen la región del cerebro asociada con la toma de decisiones y con la evaluación de las recompensas o castigos anticipados por una acción (corteza orbitofrontal), más pequeña de lo usual.

La autora del estudio, Francesca Filbey, del Centro de Salud del Cerebro de la Universidad de Texas, en Dallas destaca que esos usuarios regulares y a largo plazo de la droga también experimentaban una mayor conectividad entre regiones del cerebro en comparación con los no usuarios, ya que el cerebro renueva sus conexiones para compensar por el encogimiento de los lóbulos frontales.

Manifestó que los cambios en la conectividad podrían considerarse como una forma de compensar la reducción en el volumen. "Esto podría explicar por qué parece que a los usuarios crónicos les va bien, aunque una región importante de su cerebro es más pequeña en términos de volumen".

Aunque los defensores de la marihuana cuestionaron la utilidad del estudio, el equipo de Texas estudió a 48 usuarios adultos de marihuana, comparando sus escáneres cerebrales con los de 62 no usuarios en los cuales se observaron los resultados mencionados. Además en promedio, los usuarios de marihuana del estudio consumían la droga tres veces al día, y la habían utilizado durante más o menos una década.

Filbey dijo que los cambios en la corteza orbitofrontal en los usuarios de marihuana quizá sucedan como resultado de que el cerebro reduzca sus receptores de THC, el agente psicoactivo de la planta de marihuana. "Cuanto más THC entra en el sistema, el cerebro responde reduciendo el número de receptores", comentó.

Es meritorio destacar que los investigadores también encontraron que los cerebros de los usuarios de marihuana, en comparación con los no usuarios, parecían tener una mayor integridad estructural y que las distintas áreas del cerebro parecían activarse y responder con una mayor sincronización.

Dicen que esa mayor conectividad no pareció durar a largo plazo. "Los aumentos en la conectividad tras el inicio del uso comienza a reducirse tras seis a ocho años", apuntó Filbey, quien señaló que no se trata de que el aumento en la conectividad cerebral exista y persista así durante sus vidas o durante el periodo de uso.

Lo más perturbador de la indagación fue el hecho de que esos cambios fueran más pronunciados en las personas que comenzaron a usar marihuana a una edad más temprana. "Nuestra edad más temprana de inicio fue de 14 años, y la diferencia entre los 14 y las personas que comenzaron a usarla más tarde, en la veintena, fue realmente llamativa en términos del grado", dijo Filbey.

También apuntó que "esos cambios parecen ser mucho más significativos cuanto antes se comience a usar marihuana, y el uso en la adolescencia temprana conduce a unos cambios mayores".

Aunque los investigadores no pudieron obtener una correlación entre algún déficit en el coeficiente intelectual y las regiones encogidas del cerebro, el hurgar tanto para encontrar cualquier cosa deficitaria que haya pasado en los cerebros de los usuarios, es lo más revelador de todo el estudio.

Quizas por ello el Doctor Scott Krakower, jefe asistente de la unidad de psiquiatría del Hospital Zucker Hillside en Glen Oaks, Nueva York, dijo que el estudio amplía las "evidencias que respaldan la idea de que la marihuana podría ser nociva para los humanos, sobre todo el consumo a largo plazo".

Como se adelantó, la marihuana puede afectar al coeficiente intelectual, la motivación y la capacidad de planificar o tomar decisiones, aspectos que evidenció Krakower, quien añadió que es probable que esos efectos se hagan más pronunciados a medida que unas formas más nuevas de marihuana con unos niveles más altos de THC lleguen al mercado. "Nuestros cuerpos son muy resistentes, pero no podrán aguantar la exposición acumulada a largo plazo".

Fuente: MedlinePlus.

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